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La fe es un valor espiritual, mientras más la compartes más tienes

Desde La Ventana De Mi Alma

Cada día es un milagro en la vida de cada persona, pero pasa tan desapercibido y quizás muchos no logran comprenderlo. Y este discernimiento tiene lugar y es posible cuando logramos crear en el alma silencio para escuchar.

Pero. ¿Qué es lo que debemos escuchar? Por un momento cerremos nuestros ojos y dejemos de ver el mundo y de percibir sus ruidos, estoy segura de que muchos lograremos escuchar una voz interna llamada conciencia, y si nos damos tiempo, esta voz nos va a guiar a lugares más profundos hasta lograr sentir más que solamente escuchar aquella voz interna.

Es absolutamente necesario anclar nuestro pensamiento y el destino de este en nuestro sistema mental de navegación interior. Porque si no sabes adónde intentas llegar, nunca podrás llegar allí.

Y esto es posible hacerlo siempre y cuando dejemos de depender de situaciones externas y reconozcamos el poder que hay dentro nuestro, porque es ahí donde está el origen de aquello infinito llamado Dios.

Es posible que muchos cuestionen la fe y el poder que sobreabunda, cuando nos aduéñamos de la palabra y la promesa.

Una noche mientras leía el Salmo: 137 lloré abundantemente, y me pregunté, si Dios sabía que todo eso le iba a pasar a su amado pueblo cautivo y humillado en Babilonia. Y aprendí en ese pasaje que la fe hace esperar lo imposible, y, que Él nos ha colocado aquí a cada uno para un propósito y se supone que nosotros debemos discernir cuál es ese propósito y dirigirnos al mismo.

Otro momento crítico que definió mi fe, tuvo lugar cuando estudié la porción de la Torá de Jaiei Sara. Esta comienza con la muerte de Sara. Allí está Abraham, tras perder a su compañera de vida a los 137 años. En ese punto, había recibido de Dios tres promesas. La primera: Te daré la tierra. Dios se lo prometió siete veces. La segunda: Te daré descendientes. Dios se lo prometió a Abraham cuatro veces. Te convertiré en una gran nación, serán tantos como las estrellas en el cielo y como la arena en la costa del mar. Y, finalmente, Yo te convertiré no en una sino en muchas naciones.

Pero Abraham sólo tenía un hijo.

¿Adónde estaba el padre de muchas naciones? ¿Dónde estaban sus infinitos descendientes? ¿Qué fue lo que hizo Abraham en ese momento, cuando debería haber tenido una crisis de fe?

Él entendió que Dios le dijo: “Camina delante de Mí”. Por eso fue y compró el primer terreno en la tierra. Se aseguro de que su hijo se casara. Luego, en un extraño episodio, tomó otra esposa llamada Ketura y tuvo otros seis hijos, que se convirtieron en los padres de muchas naciones.

En otras palabras, en vez de esperar que Dios haga algo para él, Abraham comprendió que Dios esperaba que él mismo hiciera el trabajo difícil. Y esto es precisamente lo que debemos hacer, despertar nuestro potencial aferrados a la fe en Dios y en nosotros mismos.

Libre expresión de pensamiento.

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