COP26: Como un alma en pena

Sueños…

Cuenta la leyenda que La Llorona es un alma en pena, que busca en vano, por toda la eternidad a sus hijos y alcanzar la felicidad.

Los humanos han encontrado en sus reuniones periódicas, del encuentro para “proteger” el medio ambiente, una salida para proclamar su pena por la destrucción de la naturaleza y al mismo tiempo, un momento de penitencia para proclamar discursos de arrepentimiento por la necesidad de continuar la explotación acelerada de los recursos naturales y la extinción de todas las especies.

Es una maniobra …, se reúnen los que buscan proclamar la protección de la naturaleza, con promesas sin fundamento, y marchas de protesta y jolgorio, y se encuentran con los lobbies del carbón, el petróleo y los minerales, quienes aceptan los acuerdos verbales para fechas de un futuro sin final.

Veamos dos discursos que nos dejan sin respiro. El de la incansable Kristalina Georgieva, Directora del FMI[1] y el de Thierry Meyssan, implacable crítico de occidente[2].  

La directora del FMI, indica que cualquier acuerdo que se tome, en el momento actual, quedará lejos de la meta indispensable para detener el cambio climático. En forma acuciosa indica que la amenaza climática exige tomar medidas de alcance internacional. Lo cual podemos interpretar como el diseño de un gobierno mundial. Solamente con una institucionalidad internacional obligatoria, productores y consumidores del mundo podrían tomar decisiones obligatorias. 

Un gobierno mundial, que homogenice a todos los países, agentes económicos y decisores políticos es el instrumento que daría viabilidad a proteger el ambiente y el resto de especies. Es un asunto imposible entre seres humanos.

El analista Meyssan, no es condescendiente, para él la Cop26 no es más que un show montado para desviar la atención del público de lo que realmente se prepara para el mundo. Es un evento distractor, mientras las 8 potencias del planeta rediseñan y consolidan sus estrategias de control de segmentos de poder mundial. Según Meyssan, el GIEC –el comité de expertos de la ‎COP que parece estar alertando a gobiernos sordos sobre la catástrofe que se aproxima– ‎está siendo utilizado para dotar a esos gobiernos de un discurso que justifica sus ‎ambiciones geopolíticas, dotándolos de un aparente interés por proteger a la naturaleza y las condiciones de vida, pero que en el fondo son un marco reverdecido para la lucha de poder mundial.

Georgieva, menciona a un intelectual escocés antiguo, que en 1785, Robert Burns reflexionó sobre cómo la humanidad ha llegado a dominar nuestro planeta: “Lamento, en verdad, que el dominio del hombre haya roto la unión social de la naturaleza”. En efecto, es claro que los elementos esenciales de la destrucción del planeta son: el aumento exagerado e irracional de la población humana, su voracidad de consumo fuera de control, y el cambio tecnológico y de maquinarias poderosas que son capaces de arrasar bosques, montañas, ríos y mares, provocando el agotamiento de la naturaleza.

Como contrapunto, Meyssan afirma que estas conferencias de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tienen la característica de preparar durante varios meses previos, discursos apocalípticos sobre el cambio climático, y luego movilizan centenares de turistas ecológicos que arman marchas, zafarranchos y fiestas, y nunca arrojan “compromisos cuantificables ni verificables”. Como se ha mencionado en esta columna, solo son palabras, promesas, compromisos de no seguir talando hasta el 2030, 2050, 3000, es decir, para cuando no queden ni árboles, ni nidos de aves, ni ardillas, ni nada. Solo los multimillonarios, que vivirán en pequeñas naves orbitando alrededor del planeta muerto.

Georgieva, continúa su análisis en términos patéticos. “Desde la perspectiva del FMI, el cambio climático representa una grave amenaza para la estabilidad macroeconómica y financiera.” Es decir, sí el planeta es completamente deforestado, sí todos los animales y plantas desaparecen, eso no importa. Lo importante es que los libros empresariales muestren utilidades. Aunque reconoce que “…la oportunidad de limitar el calentamiento global entre 1,5 y 2 grados centígrados se está desvaneciendo rápidamente.”

Según la prensa internacional, el acuerdo de mantener la reducción del calentamiento global a un 1,5º Celcius, se diluyó, el mundo tiene que congratularse, el acuerdo ilusorio deja el objetivo entre 1,8º y 2,4º. Se afirma desde el FMI, que las emisiones de carbono son el principal enemigo del ambiente, y que se necesitan reducción del 55% por debajo de las promesas para el 2030 y del 30% para cumplir un objetivo de 2º. El último día de la fantasiosa reunión China anunció un nuevo récord de producción de carbón, 12 millones de toneladas en un día, y anuncia que producirá 220 millones de toneladas al año[3], todo un cargamento de destrucción sobre los discursos falaces de la Cop26.

Las promesas se quedan en el aire. Sí no se toman decisiones ya, hoy, la destrucción ambiental es irreversible. Las promesas son que se alcanzarán los resultados en el 30, 50, o 3000. Es una parodia, una comedia trágica-cómica.

Con la mayor seriedad la directora del Fondo afirma que los países de todo el mundo están dispuestos a lograr compromisos de largo plazo. Lo ideal sería que los países desarrollados redujeran el uso de carbón, derivados del petróleo y metales en 80%, los países emergentes 50% y los de bajos ingresos en un 30% por debajo de los niveles de base de 2030. Los dirigentes políticos, empresariales y financieros le lanzan una sonrisa al intento de ingenuidad del FMI.

Ojalá que la leyenda de la Llorona no nos convierta en almas en pena reales muy pronto.


[1] https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=16537

[2] https://www.voltairenet.org/article214627.html

[3] http://spanish.news.cn/2021-10/21/c_1310260363.htm

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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