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Deterioro ambiental

Antropos

Olmedo España

El filósofo y teólogo brasileño Leonard Boff ha dicho muy sabiamente que no podemos seguir profundizando la contradicción hombre naturaleza a costa del hombre mismo, de ahí que sea necesaria “la integración del ser humano con la naturaleza que supone armonización con ella, capaz de compasión, porque la tierra no está fuera de nosotros, sino dentro de cada uno, como la Gran Madre. Al agredir a la naturaleza estamos agrediendo arquetipos de nosotros mismos”. Porque es un hecho que si el suelo, el agua, el aire o las especies (bancos genéticos) son dañados irreversiblemente, nadie los podrá aprovechar; ni los países desarrollados ni los subdesarrollados; ni ahora ni en el futuro. “Frente a esta situación se trata de que los daños sobre el medio ambiente puedan atenuarse sin interrumpir el desarrollo, aplicando, por lo tanto, el conocimiento ecológico al proceso de desarrollo a través de una inteligente gestión ambiental y modificando los sistemas económico-sociales de explotación de la naturaleza, o sea, poniendo en práctica estilos de desarrollo, diferentes a los estilos prevalecientes. Lo que significa un cambio de modalidad de relación naturaleza-sociedad. O una mayor armonía con la naturaleza, basada en un mejor conocimiento de la realidad” (Boff).

Frente al deterioro ambiental cuya incidencia es indiscutiblemente global y planetaria, los seres humanos tenemos que hacer acopio de decisiones sabias que nos permitan emprender una práctica ética a favor a la vida. Somos testigos, por ejemplo, del agotamiento progresivo de los recursos no renovables ­–principalmente minerales metálicos y fuentes de energía de origen fósil– y disminución de los recursos renovables –principalmente las masas forestales, los suelos aptos para el aprovechamiento agrícola, los bancos de pesca y las reservas de agua potable–. Por otro lado, encontramos la ruptura de ciclos bioquímicos y ecológicos afectados por el impacto contaminante qué sobre el suelo, el aire y las masas de agua –dulce y salada– provocan los desechos asociados a la actividad industrial, la producción agrícola, la concentración de la población en grandes núcleos urbanos y los usos energéticos dominantes.

Asimismo, las graves perturbaciones climáticas y atmosféricas, tales como el efecto invernadero, la degradación de la capa de ozono o la lluvia ácida.

El ejemplo más dramático de todo esto se evidencia a fines de 1980 cuando los primeros estudios importantes de muestras de hielo antártico reforzaron las presunciones sobre el recalentamiento del planeta, en estrecha relación con las emisiones de gas carbónico producidas por las sociedades humanas: desechos industriales, consumo doméstico de los países ricos, deforestación de los países pobres. Estas presunciones se han confirmado y agravado, pero el trabajo de los lobbies industriales impide encarar soluciones. Y todo esto, producido por la actividad agropecuaria intensiva y el consumo masivo de combustibles fósiles, lo que obviamente tiene incidencias en la temperatura media del planeta. Efectivamente como señalan los estudiosos de estos temas, indican que el recalentamiento climático tiene mayores incidencias en la periferia del mundo industrializado en donde se encuentran las regiones más vulnerables a los cambios climáticos. Sus pueblos demandan acelerar el desbloqueo de fondos para protegerse de sus efectos y denuncian a los países del norte porque se rehúsan a asumir una posición más profunda de respeto a la vida y a la limitación de la opulencia. Asimismo, se sienten traicionados por los grandes países del norte, que se niegan a recortar sus posibilidades de desarrollo. Por lo tanto, es necesario establecer mecanismos de cooperación para crear modelos de ecodesarrollo adaptado a los contextos locales.

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