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Inflación Importada Vs. Inflación Doméstica con las Políticas Monetaria y Fiscal presentes

Pulso Económico

El surgimiento inflacionario, a nivel internacional, que se ha venido anunciando en los Estados Unidos de América 5.6%y en Europa 5.2% de inflación para la última semana de noviembre 2021, está generando, aunque innecesariamente, un sentimiento de riesgo inflacionario y de desestabilización en los países de la región latinoamericana. 

¿Por qué, innecesariamente? porque la economía más grande del mundo con el apoyo de los países europeos; ambos bloques, podrán suavizar el fenómeno inflacionario con la aplicación contracíclica contractiva de sus políticas monetaria y fiscal. Unido a la administración interna de la oferta y demanda de hidrocarburos como el petróleo y gas natural; pero también, del carbón. Abandonando de manera temporal, el concepto acomodaticio y pro-cíclico de sus políticas fiscales implementadas durante la pandemia que sirvió para contener, en lo posible, la crisis financieras.

¿Del por qué de lo anterior? Debido a que los grandes bloques comerciales; incluso, las economías emergentes han aprendido de los colapsos financieros heredados de las crisis mundiales. Por ejemplo: la depresión económica-financiera de finales de los años veinte y de impacto profundo en la subsiguiente década de los años treinta del pasado Siglo XX. Igualmente, por la experiencia de los altibajos en los precios de la gasolina de 1973 y 1979 ocasionado por la crisis del petróleo, debido a una reducción del crudo por parte de los principales países exportadores; asimismo, la década pérdida de los años 80’s, dejó en la región experiencias de bajo crecimiento económico y repuntes inflacionarios por la implementación de inadecuados manejos de las políticas monetaria y fiscal. Y para nada menos, la crisis del Tequila en 1992-1993; y más recientemente, en 2007-2008, la crisis inmobiliaria.

En virtud de esa experiencia acumulada en el manejo de crisis financieras como las referidas anteriormente, se dictaminó por parte de los gobiernos que para sobrellevar la actual crisis sanitaria y financiera ocasionada por Covid-19, se debía implementar políticas fiscales y monetarias procíclicas simultáneamente; esto es, expansivas y acomodaticias de forma coordinada para estimular el gasto público y privado; y con ello, contener o suavizar la crisis, estimulando la economía.  Ahora bien, se tiene que para toda acción, hay una reacción; y por el otro lado, “Una crisis .., siempre será una crisis”. Por tales motivos, el efecto trasladado en el tiempo de estas políticas acomodaticias y expansivas ha resultado en el repunte inflacionario a nivel internacional. 

Debido a que esta inflación, en gran medida, es provocada por la emisión de dinero inorgánico puesto en el mercado como consecuencia de la venta y compra de Bonos y otros Certificados de Valor desde el Estado hacia la Banca Central y Comercial. Recíprocamente, de esa misma manera, controlar la inflación, estaría en manos de la Banca Central en los respectivos países ¿Cómo? articulando la política monetaria; con el apoyo de la política fiscal, los instrumentos de política Monetaria, Cambiaría y Crediticia para regular y volver a la meta multianual de inflación proyectada, respectivamente.

En este caso, para la mayoría de los países latinoamericanos que son exportadores de materias primas, receptores de volúmenes importantes de remesas familiares y tenedoras de reservas de divisas internacionales (US$) la problemática inflacionista internacional se traduciría en un asunto de Inflación Importada; por tanto, los ajustes para subsanar localmente esta tendencia inflacionaria requiere un tratamiento de política distinta; de si la problemática se tratara de una inflación doméstica e interna de cada país en particular.

Esto sería felizmente lineal y alcanzable si no fuera por la interferencia al alza de los precios del petróleo que introduce una variable exógena más allá del alcance de la política monetaria y fiscal incidiendo en el encarecimiento de los fletes de transporte terrestre, marítimo y aéreo; a la vez, empujando hacia arriba los precios de los insumos (fertilizantes y otros productos agropecuarios) requeridos para la agro-exportación, encareciendo los costos de producción; y por tanto, experimentando alzas en los precios de las materias primas, configurándose a la postre en inflación doméstica o interna; y en este punto de la historia, las cosas se ponen más complejas. La problemática se agrava si a esto se le suma los precios al alza de bienes (maquinaria y equipo) y otros servicios adquiridos  del extranjero en el marco de la inflación importada. 

Un tercer componente de fluctuación de precios en la cadena de suministros es debido a que tras el relajamiento a la crisis sanitaria por la masificación de vacunas anti-covid se ha venido incrementando la demanda de bienes y servicios; ante lo cual, los oferentes de esos mismos productos no han tenido la capacidad de reaccionar y responder al mismo ritmo de la demanda. Generando con ello, Igualmente, fluctuaciones en los precios del mercado.

Para citar un estudio, veamos el caso de Guatemala. Se analiza desde la perspectiva macroeconómica como microeconómica. Por el lado macro económico, el país cuenta con variables  robustas; así: reservas internacionales (US$) que alcanzan soportar entre nueve a diez meses de importaciones; el estándar es, tres meses de importaciones. La imagen a continuación, ilustra y refrenda lo expresado. Fuente: Banco de Guatemala. 

El Banco de Guatemala reconoce que esta solidez en las reservas internacionales es gracias, en gran parte, al volumen alto de remesas familiares que ingresan al país; que a su vez, incide positivamente en una segunda variable macroeconómica ‘La Balanza de Pagos por Cuenta Corriente’. El cuadro a continuación, confirma el continuo incremento de las remesas familiares y el aspecto positivo de la Cuenta Corriente.

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Del mismo modo, para identificar una tercera variable macroeconómica que explique el manejo prudente de la Política Fiscal, se presenta un tercer cuadro relacionado con el déficit fiscal en una serie de tiempo y una comparación con países de Latinoamérica, en el año 2020.

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En la gráfica se observa que Guatemala se sitúa arriba de la media entre los países seleccionados para el año 2020 con un déficit de 4.9 como porcentaje del PIB para ese mismo año fiscal. Para el cierre del año 2021 (barra azul), se proyecta mejorar este indicador; como se muestra en la gráfica. 

Desde la perspectiva macroeconómica, Guatemala puede amortiguar y sobrellevar moderadamente la inflación importada y otros cambios de política monetaria internacional que pudieran repercutir en el país, como el tipo de cambio en la tasa de interés líder de la Reserva Federal (subida del precio del dólar) de los Estados Unidos de América. 

Sin embargo, desde la parte microeconómica local, Guatemala presenta serios desafíos estructurales en la ejecución de la política fiscal (en artículos anteriores se ha indicado que la política fiscal es más amplia que la política tributaria). La Política Fiscal, incluye la elaboración del Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado, más la ejecución del mismo a cargo del Organismo Ejecutivo, por la vía de la administración y ejecución de políticas públicas.

El desafío mayúsculo a superar es el riesgo de caer a fondo en la inseguridad alimentaria que se ha profundizado en tiempos de la pandemia. Testimonios de productores del área rural-rural avizoran desde ya que de persistir el incremento de los precios de los fertilizantes y el alza del valor del transporte, la producción agrícola se reducirá en las próximas cosechas ya que el alto costo de producción difícilmente lo podrían trasladar al consumidor final, por el temor de no venderlo; lo cual, sería un doble fracaso. Un segundo factor, radica en la disponibilidad de los insumos ya que en la escasez de fertilizantes bajaría el área global de cultivo y de producción, afectando la seguridad Alimentaria. 

El tercer elemento, lo constituye, el reto de la industria de agroquímicos en tener disponibilidad de sus productos, porque la prioridad de entrega la tienen países grandes como Estados Unidos, Brasil, México y Argentina dejando al margen a países pequeños como es el caso del país bajo estudio en este escrito: Guatemala.

No obstante, a esta redacción llegó la grata noticia que el ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación -MAGA-, se encuentra gestionando búsqueda de financiamiento (sería una pena que desde el presupuesto 2022 no se contemple recursos para cubrir estas contingencias) de apoyo a productores de agricultura de subsistencia familiar y pequeños excedentarios con la finalidad de dinamizar la economía local; vía ventas de los productos para la alimentación escolar, ventas en mercados cantonales, municipales, departamentales y a nivel nacional.  La idea es identificar estrategias de apoyo que lleguen directamente al agricultor (productor) de las áreas más rurales del país. 

En las falencias o debilidades a nivel de Presupuesto General, se evidencia las fallas estructurales del Estado de Guatemala que repercute a nivel microeconómico; esto se podría interpretar, en que el desborde de la economía más grande de Centro América, no llega a niveles micro del país. 

La Banca Central, por un lado, cumple satisfactoriamente sus funciones; la política tributaria, tiene un repunte de innovación al presentar el Plan Estratégico quinquenal 2021-2025 en materia de recaudación y modernización del sistema; pero es, en la integración de la Política Fiscal en su conjunto, donde persiste la falla estructural que habría que corregir para heredar un Estado en mejores condiciones de abordaje social incluyente, democrático e interculturalizado. Continuará.

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