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Migración y remesas, la paradoja de la crisis

Sueños…

La migración masiva de mesoamericanos hacia el norte es una grave maldición para Estados Unidos y Mesoamérica.

Cuando Estados Unidos vivía sus mejores momentos de crecimiento y desarrollo la llegada de migrantes era una bendición. Eran recibidos con una sonrisa condescendiente y de lástima. Venían a realizar el trabajo, sucio y manual, que no querían realizar los gringos. Hoy, Estados Unidos se encuentra en una situación de alto riesgo, por primera vez su liderazgo es cuestionado. En lo económico las potencias asiáticas, con China al frente, imponen un ritmo de competencia que le cuesta seguir a la antigua potencia juvenil. En lo militar, la lucha es compleja y pasa por la complejidad de la clandestinidad. Estados Unidos no sabe quién es enemigo ni quién es amigo.

En estas condiciones la migración se convierte de fuente de mano de obra barata y servil, en una fuente de presión social sobre el empleo de los gringos, tráfico de drogas, lavado de dinero, tráfico de personas y corrupción de los funcionarios estatales, en general. Es decir, la migración se ha convertido en un problema de seguridad nacional y de conflictos con sus vecinos regionales. Por supuesto hay compensaciones. El lavado de $800 mil millones anuales, que se sospecha son parte de la liquidez que enriquece a bancos multinacionales, industria de armas, lobbies políticos y medios de comunicación gringos. Por supuesto, tanto dinero no se guarda debajo del colchón de gente como Heisenberg, el de Breaking bad, se saldrían los billetes por las ventanas.

La ruta de la migración es espantosa. Las noticias mencionan el hallazgo de trailers y contenedores abandonados con no menos de 600 personas que se ahogan, tienen hambre y frío o calor extremos. En la frontera de México y Estados Unidos se acumulan millares de nacionalidades, que empiezan a construir villas de haitianos, salvadoreños, hondureños, nigerianos, guineanos, en fin, de todo país con capitalismo-feudal. Se publicitan con tristeza y remordimiento las muertes en el paso Calais, en el paso de la Mancha, en el Mediterráneo. Menos atención reciben los que mueren y sufren en las rutas del tren de la muerte, el paso por sonora y los desiertos fronterizos de México y USA.

Según CNN el negocio del tráfico de personas deja enormes ganancias a los traficantes desde Nicaragua hasta la frontera gringa. Aproximadamente $3,000 millones de dólares se gastan los migrantes de Nicaragua a Guatemala, en el pago por el traslado a la tierra prometida. Con total impunidad los traficantes de personas dejan abandonadas sus cargas en cualquier lugar. Biden le vende a López Obrador el programa “Permanezca en México”, pero el mexicano no quiere que eso signifique del lado de la frontera del agave y las tunas. De dónde sacan tanta plata los migrantes, que viven y tratan de escapar de la miseria. Se comprometen a transportar droga, se endeudan con el riesgo de ser perseguidos a muerte, el migrante y su familia en el país de origen, por parte de sicarios entrenados en México y Colombia.

Las vías para el tráfico de personas son variadas. Uno, fuera de los canales legales con traficantes; dos, fuera de los canales legales a la libre, a quienes solamente la muerte los espera; tres, fuera de los canales legales en caravanas; cuatro, aquellos que migran por vías legales; cinco, en rutas de trasiego de drogas; seis, ¡vaya usted a saber!

El gobierno de Estados Unidos, Trump, Biden, o el que sea, presionan a los gobiernos del Cuarteto del Norte (México, Guatemala, El Salvador, Honduras), para que hagan una reforma del Estado que le dé condiciones de mejor vida a sus ciudadanos. Los gobiernos de estos cuatro países no saben qué es el Estado, menos que es un Estado democrático, ni que son ciudadanos, ni derechos de los ciudadanos. Así que el problema no tiene solución. Es más fácil resolver la conjetura de Hodge, la hipótesis de Riemann, el salto de masa de Yang-Mills, o la conjetura de Poincaré, que convertir a los países del Cuarteto en naciones democrático-capitalistas. Por lo que el gobierno gringo y los mesoamericanos se encuentran eternamente en una confrontación que solo lleva a confrontaciones ideológicas y violentas, absurdas.

Y, allí viene la paradoja, los gobiernos del cuarteto logran mantenerse en el poder, y enriquecer a las élites de consultores de países amigos (europeos, gringos y asiáticos de plata), militares, universitarios, burócratas del gobierno y deportistas, en parte gracias a las remesas de los familiares migrantes.

El banco mundial se frota las manos, al informar que los flujos de remesas registran un sólido crecimiento del 7,3 % en 2021, en todo el mundo. Alcanzando la frondosa suma de $589 000 millones. Algunos inocentes afirman lo que se podría hacer en inversión social con este dinero. Una cosa es lo que se podría hacer y otra cosa lo que se hace. El dinero, lo usan las familias que lo reciben, en su mayor parte, no para invertir en pequeños negocios, estudios o mejoras en el hogar. Lo usan para despilfarrar o para vivir sin estudiar ni trabajar.

Es que las remesas no son una fuente de bienestar. Son una fuente de viva gratis, no se esfuerce y permita que los bancos y financieras que lo trasladan se embolsen una jugosa parte, y que el gobierno venda bonos a los bancos en contra de ese dinero y despilfarre por medio del déficit fiscal. Cuando en un país el flujo de remesas y la asistencia externa para “el desarrollo” supera la suma de la inversión extranjera directa (IED), ese país está condenado al atraso, la desnutrición, la vagancia, y los que no tienen remesas a vender su mano de obra barata en grandes plantaciones de banano, piña, algodón y azúcar.

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