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Los muertos que nunca mueren

Sueños…

Termina el año viejo, empieza un año nuevo lleno de espanto, incertidumbre y designios atroces. Emulando al gran poeta de América, escuchamos que ¡Ya viene el cortejo!, ¡Ya viene el año 2022! Ya se oyen los claros clarines que anuncian inflación, escasez de alimentos, desempleo, caída del poder adquisitivo de la moneda y devaluación acelerada. No sabemos si tendremos paz o que “la espada anuncia con vivo reflejo” la confrontación del oro y el hierro, el cortejo de los males de la Tierra.

Ya pasan debajo los arcos ornados de fieros designios y malos augurios los virus, las pestes, las monedas virtuales y se erigen las largas trompetas que anuncian la confrontación de una América dividida en donde se decide la suerte del mundo. Podrán los humanos convertir la gloria de los estandartes, en políticas de protección del medio ambiente y la solidaridad social, o solamente se escuchará los ruidos que forman las armas, que retumban sobre los cadáveres de los defensores de un mundo menos desigual y destructivo del medio ambiente.

El capitalismo, ese enérgico, audaz y espectacular sistema productivo, que es capaz de arrastrar a los humanos hacia el consumo insaciable, la producción voraz y la confrontación militar incansable. Ese sistema que bajo su único lema: aumentar la productividad y las ganancias, es capaz de manipular a los humanos como títeres. Que se sienten poderosos en sus pocos años de opulencia y despilfarro, y no se dan cuenta que son simples muñecos manejados por un supremo poder del Estado y su hermano gemelo, el mercado.

Ambos hermanos, son jóvenes e insaciables. Solamente tienen 3 siglos de dominar el mundo. Pero su lógica es monumental. Basados en la matemática de tasas de crecimiento de interés compuesto, son capaces de arroyar a los humanos y todas las especies vivas. Todos pueden sobrevivir únicamente sí tienen un precio. Un precio que cubra su existencia, es decir, su valor de producción y generen una plusvalía, que supere el crecimiento del valor del dinero, permitiendo la existencia de los inversionistas, los funcionarios del Estado y los intelectuales. Es decir, empresarios, funcionarios del gobierno y la pléyade de rentistas.

Veamos algunas predicciones para el 2022. El mundo se enfrenta a presiones inflacionarias que junto a luchas de tipos de cambio entre las principales monedas del mundo harán que el dinero se enfrente a un vaivén en sus valores que generen incertidumbre y pobreza entre los pobres de la Tierra. La caída del valor del dinero anuncia una recesión económica que afectará el poder adquisitivo de los grupos vulnerables, va a generar una disminución en las inversiones y procesos productivos, lo cual provocaría una baja en el empleo y la creación de pequeñas y medianas empresas. Los gobiernos enfrentarán un auge de protestas sociales.

No se puede vaticinar la etapa final del capitalismo de nuevo. Tantas veces lo mataron, tantas veces resucitó que tenemos que esperar unos meses para saber que dirección tomará. Podremos encontrar de nuevo una salida a la crisis o por fin se dará paso a una nueva lógica de producción y consumo. Lo que si podemos afirmar es que los meses que vienen serán fundamentales. Muchos riesgos se van a enfrentar y grandes problemas estarán en la mesa. Por ejemplo, cómo enfrentar las nuevas variantes del virus. A ómicron le seguirán otras mutaciones. En el caso de que por fin sea derrotado el Covid, ¿qué haremos, cómo vamos a reiniciar nuestras vidas, en forma igual o diferente a cómo era la rutina previa?. Los gobiernos continuarán su tendencia de generar privilegios para sus funcionarios frente a una sociedad civil desorganizada y sin protección. O será posible recuperar una visión de Estados unitarios y de equidad, que permitan el bienestar equiparable entre todos los humanos, así como la protección del resto de especies. El capitalismo financiero no es la etapa final de capitalismo, pero, tampoco es su mejor versión. El poder hegemónico del FMI, los bancos centrales y los bancos comerciales está agotándose como eje central del sistema económico mundial. Es indispensable una nueva lógica que valore la naturaleza, no como poder monetario, sino como su esencia, por su valor natural, por su necesidad de existir sin amenazas del ser humano.

Ahora bien, es evidente que el vigor de la recuperación económica y la magnitud de las presiones inflacionarias subyacentes varían significativamente entre los países. En consecuencia, las políticas de respuesta al alza de los precios deben calibrarse en función de las circunstancias particulares de cada economía.

¿Cuáles políticas económicas tendrán mayor influencia?, ¿las políticas monetarias desde los bancos centrales, estarán presionadas por la reacción de los mercados y la inflación?, ¿tendrán los bancos centrales respuestas, dejarán de comprar activos de bancos comerciales y gobiernos, generando una trayectoria acelerada de tasas de interés e inflación?, ¿quién pagará la resaca, el desempleo y la caída del ingreso de los trabajadores o el déficit de los gobiernos centrales?

Se anuncia el fin del capitalismo. Qué hacer frente a la salida de la crisis y sus nuevas amenazas. Se realizará una reforma del Estado para hacerlo más eficiente, equitativo, inclusivo y protector de la naturaleza, o seguiremos el camino de la destrucción de las condiciones de vida en el planeta. O, como en los últimos 350 años el capitalismo esbozará su sonrisa triunfante. ¡Los muertos que vosotros matáis gozan de buena salud!

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