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Teoría y práctica, lecciones de Kant

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A continuación, transcribo y parafraseo en una traducción libre algunas ideas expuestas por Immanuel Kant en su ensayo “Teoría y Práctica” (1791). Entre todos los contratos por medio de los cuales un grupo grande de personas se une para formar una sociedad, el contrato que establece una constitución civil es de naturaleza excepcional. Difiere de todos los demás en cuanto a los principios de su constitución. En todos los contratos sociales encontramos una unión de muchos individuos para algún fin común que todos comparten. Pero una unión como un fin en sí misma que todos deberían compartir y que es, por tanto, un deber absoluto y primario en todas las relaciones externas entre seres humanos, solo se encuentra en una sociedad en cuanto constituye un Estado Civil. Y el fin que es un deber en sí mismo en esas relaciones externas, y el cual es, por supuesto, la condición formal superior de todas las demás obligaciones externas es el Derecho de los individuos frente a leyes públicas coercitivas por medio de las cuales se le puede dar a cada quien lo que le corresponde y mediante las cuales se le protege de los embates de cualquier otro. Pero el concepto pleno de un Derecho externo se deriva por completo del concepto de Libertad en las mutuas relaciones externas entre individuos, y no tiene que ver con el fin que cada individuo tiene por naturaleza, es decir la búsqueda de su felicidad, ni con los medios para lograr dicho fin. Por tanto, éste último fin no debe interferir como un determinante en cuanto a las leyes que gobiernan el Derecho externo. Derecho es una restricción de la libertad de cada individuo de manera que armoniza con la libertad de todos los demás individuos, en cuanto esto es posible dentro de los términos de una ley general. Dado que cada restricción a la libertad de un individuo por medio de la voluntad arbitraria de otro constituye coerción, se deduce que una constitución civil es la relación entre seres libres quienes están sujetos a leyes coercitivas, a la vez que retienen su libertad dentro de la unión general con sus pares. Tal es el requerimiento de la razón pura, que legisla a priori, independientemente de todos los fines empíricos, que se resumen en la noción general de felicidad. El Estado Civil, considerado puramente como un Estado de Derecho, se basa en los siguientes principios a priori: 1. La Libertad de cada miembro de la sociedad como un ser humano. 2. La Igualdad de cada uno respecto de los otros, como sujeto. 3. La independencia de cada miembro de la comunidad como ciudadano. Estos principios no son tanto leyes dadas por un Estado ya establecido, como las únicas leyes por las cuales se puede establecer un Estado de acuerdo con los principios racionales puros del derecho humano externo. Por lo tanto, la libertad de un individuo, como ser humano, como principio para la constitución de una sociedad, se puede expresar con la siguiente fórmula. Nadie puede obligar a otro a seguir un fin acorde a su concepción del bienestar de otros, puesto que cada quien puede buscar su propia felicidad como mejor le parezca, en cuanto no transgreda la libertad de otros de perseguir su propia felicidad, debiendo reconocer a otros el mismo derecho que él ejerce.

Esta semana se conmemoró el 25 aniversario de la firma de la paz en Guatemala, la violencia cesó, pero la división sigue. Por un lado, la izquierda en todas sus versiones, desde las más light hasta las  más recalcitrantes, pero todas igualmente destructivas, jamás abandona la premisa fundamental de su nefasta ideología que se basa en la idea que un ser humano puede ser utilizado como instrumento para satisfacer los fines de otros, lo cual, en la práctica, invariablemente se traduce a los fines específicos de quienes ostentan el poder, quienes, toda vez lo arrebatan, ahora por medios democráticos, se tornan déspotas totalitarios. Por otro lado, la derecha que, si bien en ocasiones recita alguna idea que parece sensata o al menos relacionada al desarrollo o crecimiento, por ejemplo, generalmente resulta siendo igual de corrupta que su contraparte, y se sirve del poder para mantener sus privilegios, su proteccionismo, siendo el único desarrollo y crecimiento que le interesa el propio y a su conveniencia. En pocas palabras, el conflicto entre socialismo y mercantilismo, ambas variantes del estatismo, persiste. Para unos y para otros, según el sesgo ideológico de su ignorancia, los planteamientos suenan bonito en teoría. A la vez, la práctica nos ha dado una tras otra dosis de realidad que deberían ser más que suficientes para entender de una vez por todas que el único camino para alcanzar el progreso y desarrollo humano es el liberalismo. Vivimos una guerra sangrienta durante 36 años, y luego dejamos pasar 25 años más, y aún no hemos aprendido. Si queremos que las cosas funcionen en la práctica, empecemos por aprehender la teoría y, sobre todo, el valor de la libertad individual. ¡Feliz año!

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.

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