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El circo romano y su vigencia

Soliloquios de José Franco

Han pasado casi tres mil años y nada ha cambiado. ¿Cuántas generaciones son? ¿Cuándo realmente se producirán los anhelados cambios más allá de mera figuración?

¿Porque habló ahora del circo romano y su sangrienta tradición, aunque no por ello menos atractiva?

El circo y la arena no sería más que una representación de la vida, una metáfora de la realidad que va desde el nacimiento hasta la muerte.

Los gladiadores que se enfrentaban siempre salían a la arena por la puerta Triunfalis, puerta Triunfal, representa el nacimiento al triunfalismo al enfrentamiento con las diferentes adversidades que vayan surgiendo a el desarrollo del combate que es la vida en si misma.

El miedo ha de ser la herramienta que nos sea útil para el crecimiento personal y no temerlo pues en ese caso es la perdición para quien obra de esa manera y es consumido por la inacción y el propio temor.

Después del enfrentamiento, de las heridas y errores cometidos en el desarrollo del mismo termina con el adversario que no representa más que al infortunio que muerto y vencido es retirado de la arena por la puerta Libinitenensis y el victorioso gladiador o gladiadora salía de la escena por la puerta Triunfalis hasta el nuevo reto, nuevo desafió y eso es la metáfora del renacimiento de la persona.

Por eso ante los problemas no son más que una posibilidad de un nuevo renacer que nos fortalece que nos hace mejores.

Está visto que el mundo romano lejos de ser parte de la Historia, que ahora tanto se manipula y nos intentan hacer olvidar aún está presente en nuestro día a día.

Tanto nos han adoctrinado que en ocasiones perdemos la capacidad de discernimiento basada en la coherencia y el razonamiento.

El conocimiento parece ser que ahora quieren que sea patrimonio que atesoran unos pocos y que en gestos manipulados para sus intereses ofrecen en gestos de falsa caridad.

Desde aquí sigo con mi reivindicación, no aceptemos que se apoderen de lo que nos pertenece como ciudadanos de pleno derecho y enarbolemos esa bandera para volver a renacer a la coherencia de la libertad, la fraternidad desde la verdadera igualdad de toda persona, solo por ser persona y ciudadano.

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