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No mires hacia arriba; y no pienses por ti mismo

Evolución

La película “No Mires Hacia Arriba” se ha convertido en la más vista en estos días en la plataforma en la que se exhibe. El film es una crítica satírica de muchos aspectos de nuestra vida actual, tales como la polarización, la superficialidad y la intolerancia, y sus manifestaciones en redes sociales. La principal idea que promueve es que existe una despreocupación, que el autor presenta como peligrosa e inaceptable, respecto de la amenaza para la humanidad y el planeta que para él significa el cambio climático, principalmente antropogénico; que existe un desinterés y “negación de La Ciencia” de parte de los políticos y una parte de la población, cuyos argumentos se presentan como baladros de denuncia a lo Thunberg. El film desnuda la realidad, pero más bien en el sentido que evidencia el fanatismo, intolerancia e intransigencia de todos quienes se sitúan en polos opuestos de una sociedad dividida, atrincherados en posicionamientos motivados política e ideológicamente. A la larga, la cinta resulta siendo propaganda de una de estas corrientes, convirtiéndose en todo aquello que critica.

Por ciencia se entiende un método sistemático mediante el cual se construye y organiza conocimiento en la forma de explicaciones y predicciones comprobables sobre los fenómenos que se estudian. En ese sentido, afirmar que la “ciencia” sobre el cambio climático, un fenómeno que es cambiante y sujeto a tantos factores, es definitiva, es un absurdo y una contradicción en los términos, puesto que siempre existe la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y de revisar y perfeccionar las hipótesis, aún sean las predominantes o con mayor poder explicativo. Basta con ver las predicciones apocalípticas que los adeptos de esta corriente alarmista hacían para el año 2015, y muchas otras, que nunca se cumplieron. ¿Cómo explicarán sus desaciertos en términos científicos?

Por lo general, quienes se adscriben a esta corriente, en lo político e ideológico tienden también a defender la ideología de género y a ser pro aborto, por ejemplo. En cuanto al primer tema, el conocimiento científico con el cual se cuenta a la fecha sostiene que en el sentido biológico una mujer tiene dos cromosomas X, mientras que un hombre tiene una cromosoma X y uno Y. Ellos sostienen que una persona debe ser considerada hombre o mujer en función del género con el cual se identifique. Bajo ese argumento, la lógica conduce a que: a) se debe negar la ciencia para identificar a una persona como hombre o mujer; o b) la ciencia no es conclusiva y tal determinación no se debe hacer con base en la ciencia. En cualquier caso, estos adeptos caen en el error de: a) creer en la ciencia únicamente cuando conviene a su agenda y rechazarla en caso contrario; o b) sostener que la ciencia es absoluta únicamente cuando conviene a su agenda y cuestionarla en caso contrario.  En el caso del aborto, los promotores de esta idea lo hacen sobre la base que una mujer puede llevar a cabo esta práctica porque es “su cuerpo y, por lo tanto, su decisión”, negando que sea otra vida humana la que será terminada por dicha decisión. Nuevamente, sobre la base de la ciencia, habría que determinar entonces en qué momento a partir de la fecundación empieza una vida humana, porque hay quienes sostienen incluso que se pueda practicar el aborto hasta un estado bastante avanzado de gestación. En Estados Unidos, por ejemplo, el criterio había sido sobre la base viabilidad. Habría que determinar si esto coincide con bases científicas. Habría también que considerar la naturaleza de un cigoto humano y su composición genética sobre bases científicas, es decir, el proceso biológico al que está sujeto ese cigoto, en el sentido que es desarrollarse hasta llegar a ser un ser humano con vida propia. Y si no fuese eso, ¿entonces cuál sería? Por otro lado, dentro de esa misma corriente ideológica, en las actuales circunstancias, se tiende también a defender la idea de que la vacunación contra el Covid debe ser obligatoria, es decir, incluso en contra de la voluntad de quienes, por la razón que fuere, no quieren vacunarse. Otra vez, por un lado dicen “tu cuerpo, tu decisión” y por otro dicen “tu cuerpo, pero no es tu decisión”, evidenciando nuevamente sus inconsistencias y desprecio por la lógica, y que sostienen sus creencias en la medida que conviene a su agenda.

Y no es que defienda alguna de estas posiciones opuestas con la pertinacia que se hace hoy día en la política, en los medios, en las redes o en las artes. Diré que debemos ser sensatos en cuanto a evitar la contaminación del ambiente y que la actividad humana ha tenido algún impacto, cuyos efectos se deben considerar. Diferiré con el alarmismo fatalista y sobre todo con las soluciones irracionales e ineficientes que se proponen, muchas ideológicamente motivadas y que obedecen a agendas encubiertas y de búsqueda de rentas para ciertos intereses. Y lo hago porque hay mejores y más eficientes, y porque creo en la capacidad inventiva del conocimiento disperso en la sociedad para encontrar soluciones. Agregaré que toda persona tiene derecho a vivir su vida libremente, en cuanto no lesione los igualmente legítimos derechos de otros; y que ninguna persona debe ser discriminada por razón alguna. Pero, sobre todo, seguiré defendiendo el pensamiento crítico, de cada quien y por sí mismo, y más aún frente a quienes se arrogan la gran pretensión y arrogancia de decirnos cómo debemos pensar y de querer impedir que pensemos de forma diferente.

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