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El vacío que ha dejado la Escuela Normal

Antropos

¿Qué puede hacer el maestro, encadenado a un medio en donde la preparación es un estigma y en donde se suprime como entidad peligrosa la Escuela Normal? Sin maestros, pero maestros auténticos, la redención del país por la escuela no puede ser”. Mardoqueo García Asturias.

A raíz de lo que sucedió con la reciente comunicación de la Universidad de San Carlos, de dejar en “pausa” el Programa de Formación Inicial Docente, es necesario hacer algunas reflexiones. Los argumentos que presenta la USAC, son totalmente válidos, porque dan a conocer algunos problemas tales como que el Ministerio de Educación no ha contratado a ninguno de los graduados de este programa.

Y digo alguno de los problemas, porque existen otros, tales como la poca importancia que le da el gobierno a este programa educativo. Desde el aparato gubernamental existe una forma de proceder rígido, que genera dificultades financieras, de formación en áreas como matemáticas y lenguaje, así como de graduación. Esta pausa en un programa de formación de docentes demuestra que la supresión de las Escuelas Normales en el período de Otto Pérez Molina, incidió negativamente, más temprano que tarde, en la promoción de los nuevos maestros, que “supuestamente” iban a formar para mejorar la calidad de los aprendizajes en la educación primaria. De ahí, que hago las siguientes consideraciones, para que nuestros lectores lo tomen en cuenta y se formen un criterio acerca de este hecho pedagógico.

Recordemos que los antecedentes de la formación de maestros en Guatemala, se ubica en el período del Doctor Mariano Gálvez de pensamiento liberal, quien inauguró la Escuela Normal de Primeras Letras. Proyecto pedagógico que fue abortado por el dictador Rafael Carrera de claro pensamiento conservador antiliberal.

Fue a partir del año de 1875, que se reinician los estudios conducentes a formar maestros, bajo la Presidencia de la República de Justo Rufino Barrios y su Ministro de Instrucción Pública el positivista Marco Aurelio Soto. Se contó por ejemplo para  la conducción de la nueva Escuela Normal Central de Varones, con el pedagogo cubano José María Izaguirre, que a su vez invitó como docente a José Martí quien nos legó el hermoso texto: “Y me hice maestro que es hacerme creador”, colocado en la puerta de entrada de este centro educativo.

Es interesante destacar ahora que la historia de la Escuela Normal, como paradigma del normalismo en educación, después de este período liberal, ha tenido altibajos, como la incidencia negativa de Reyna Barrios quien la suprime y la articula con el Instituto que formaba bachilleres, similar de lo que sucede hoy día. Sin embargo, con la revolución del cuarenta y cuatro, esta institución centenaria, cobra de nuevo vigencia bajo la orientación del educador Doctor Juan José Arévalo desde la Presidencia de la República. Se modifica el currículum y se inaugura el internado para estudiantes de provincia, lo cual fue suprimido por el dictador Coronel Enrique Peralta Azurdia en la década del sesenta cuando militarizó los centros de educación secundaria para reprimir las protestas estudiantiles.  

Años después de esos caóticos acontecimientos, desde el convenio firmado en el 2013 y puesta en práctica el 2015, decidieron suprimir de nuevo, las Escuelas Normales que por antonomasia han sido las formadoras de maestros, por un bachillerato en educación, lo cual se tradujo en la pérdida del espíritu normalista.  

Esta nueva experiencia pedagógica tiene sus repercusiones. En aquel momento se les pidió que analizaran con detenimiento lo que proponían, a partir de recorrer la historia de la educación guatemalteca y la impronta de las Escuelas Normales en la sociedad.

Se debe tomar en cuenta que en educación una acción educativa alcanza mínimamente consecuencias negativas o positivas en un período de al menos veinte años. Una carretera destruida, contrariamente, es fácil reconstruirla. En el ámbito de la educación no es así. Por ello, el cuidado que se debe tener.

El legado del normalismo en Guatemala es profundo, de ahí que desterrarlo a partir de políticas educativas ligeramente asumidas, no es fácil. Recordemos que en las Escuelas Normales se forjaron las conciencias lúcidas que le dieron sentido a la educación en Guatemala, así como la presencia de grandes intelectuales. Este legado cultural, no se puede archivar, sino hacerlo crecer.

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