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A propósito de la formación docente

Tanmi Tnam

Hay que aprovechar la pausa anunciada por la Universidad de San Carlos de Guatemala para reflexionar, debatir y tomar acuerdos para la transformación de la educación escolar en nuestro país.  Toca revisar la formación inicial y continua del docente para que responda a los desafíos sociales, culturales, económicos, políticos y tecnológicos de nuestro tiempo.  Es un proceso que debe ser el resultado del esfuerzo de especialistas en educación, salud, cultura, lingüística, economía, política y tecnología. Deben opinar los integrantes de la comunidad educativa. Necesitamos transformar la actual formación docente en sus profundidades, el enfoque, el perfil de egreso, su duración y sus responsabilidades en la formación del ciudadano intercultural y el modelo económico y político que el país requiere. Necesitamos docentes que con el apoyo de las ciencias y la investigación hagan vivir la educación para la democracia, la justicia, la transparencia y la plenitud de vida. Visto desde cualquier ángulo, la formación docente siempre tiene componentes que mejorar. El país necesita de una verdadera reforma educativa.

Varios guatemaltecos aprecian el marco conceptual que generó la Reforma Educativa como consecuencia de los Acuerdos de Paz, sin embargo, al observar las aulas luce la falta de regionalización para atender características socioculturales del estudiantado y el desarrollo del currículo en las aulas sigue fortaleciendo la injusticia y la desigualdad. La pandemia ha contribuido a develar las precariedades de la educación. El desarrollo curricular en las aulas no cuenta con el acompañamiento para el fortalecimiento de la competencia docente. El intento de Reforma Educativa no logró fomentar las habilidades comunicativas de los idiomas catalogados como lengua materna, quedó en el olvido el fortalecimiento del uso de los idiomas indígenas y no se logra identificar el procedimiento adecuado de aprendizaje de una segunda lengua. En el área de las matemáticas no se logran los resultados deseados. Estos logros, califican la educación guatemalteca de ser impuesta, racista, discriminadora y de baja calidad. Antes de la Reforma Educativa se hablaba de educación bilingüe intercultural, años después no asomó por ningún lado y el aula sigue siendo monolingüe y monocultural.

La educación guatemalteca actual tiene solamente una visión que capta una realidad, es la que corresponde a la cultura dominante y al conocimiento occidental en su versión colonialista.  Es una educación que no permite reflexionar ni organizar los conocimientos con apertura al de los pueblos de Guatemala y del mundo. Limita comprender la realidad desde distintas miradas.

Los politiqueros disfrutan su tranquilidad y sus intereses con una educación que mantiene a la mayoría de los guatemaltecos en la ignorancia y sin posibilidades de hacer crítica constructiva. Para los empobrecidos de Guatemala, la educación escolar no existe, muchos sobreviven sin ser alfabetos, tampoco pueden cuestionar porque desconocen la utilidad de la educación escolar. Hay que reconocer que muchos emprendedores no conocieron la escuela. Las instituciones y los pueblos deben evaluar qué avances y estancamientos hay en las aulas.

Necesitamos tomar el tiempo necesario y la concurrencia de los sectores preocupados por la transformación de la educación escolar y sus verdaderos aportes a la construcción del país incluyente que deseamos donde se viva la confraternidad, la justicia, la democracia, la paz y el desarrollo pleno. La educación escolar es altamente política y es para el bien común.

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