Morir de hambre o ser parte del desarrollo

Tanmi Tnam

La migración se ha vuelto tema presente en distintos sectores, instituciones y pueblos de Guatemala tratando de encontrar explicaciones desde la visión y la vivencia personal, familiar y comunitaria. La migración, especialmente en regiones con población empobrecida y particularmente de pueblos originarios del país, se viene dando desde hace muchos años a nivel interno y fuera del país. Las razones son suficientes.

Observar las expresiones de vida en su conjunto en las regiones con extrema pobreza, los indicadores que saltan a la vista de manera integrada es que hay una realidad deprimente donde los ríos se están secando, los bosques se están acabando, escasea el agua para consumo familiar, impera el desorden en muchas cabeceras municipales, los conflictos de todo tipo están a la orden del día y la contaminación del ambiente está en todas partes. Una gran parte de la población guatemalteca no es vista por los servicios esenciales que debería proporcionar el Estado de Guatemala.

La niñez y la juventud que no tiene oportunidades de asistir a la escuela tampoco tiene posibilidades de trabajar por la sobrevivencia familiar puesto que mamá y papá no tienen tierras donde trabajar y cultivar, no hay fuentes de trabajo en la localidad, el desempleo es permanente, no existen empresas que ofrezcan trabajo en las comunidades, la producción anual de muchas familias apenas alcanza para algunos meses del año, hay aumento constante del precio de los productos de consumo familiar, negocios que no extienden factura y el precio del pasaje en transporte colectivo se duplicó desde que inició la pandemia.

La educación escolar es escaza o nula para la adolescencia y la juventud. Es increíble que hay municipios, que, en 150 años de funcionamiento del Ministerio de Educación, a este momento, según datos oficiales disponibles, cuentan con 8 o 10 institutos del ciclo básico y uno o dos del ciclo diversificado. Ahora que están de moda los bachilleratos, existen municipios donde hay cientos de jóvenes que han culminado su bachillerato, pero sin posibilidades de encontrar algún trabajo en la comunidad local, ni en las cabeceras departamentales y tampoco en las grandes ciudades del país.  Muchos de estos jóvenes no pueden continuar estudios gratuitos del nivel superior porque este servicio también está ausente en la mayoría de municipios del país. La realidad es cruda, obscura, deprimente y constituye un espacio que no se presta para vivir dignamente.

El futuro de la juventud se imagina obscuro, sin esperanzas y sin oportunidades. Tratar de vivir en condiciones que condenan al empobrecimiento permanente, sumergido en el olvido por parte de las autoridades de todo nivel, donde el uso del dinero público no está destinado para propiciar salud, educación y competencias para la productividad invita y obliga a emigrar. Con dolor en el corazón, con el espíritu atormentado y con la mente puesta en olvidar las condiciones de desigualdad y de dolor, parte de la juventud ha preferido dejar su comunidad, olvidar su gente y su pueblo. Por el momento, no hay esfuerzos que busquen disminuir la pobreza. Pero hay que tener presente que algún día el país contará con verdaderos políticos y una ciudadanía crítica y constructiva.

Es tiempo de que autoridades y trabajadores del Estado de todos los niveles, planifiquen y ejecuten verdaderos programas permanentes en el tiempo con respuestas a los problemas que viven los guatemaltecos empobrecidos que les posibiliten generar comida, educación, salud y otros servicios gratuitos en todas las comunidades.

Area de Opinión
Libre expresión de pensamiento.

Lea más del autor:

One thought on “Morir de hambre o ser parte del desarrollo

Comentarios cerrados.