Elecciones en Costa Rica: Centroamérica pierde el paso

Sueños…

Los pueblos de Centroamérica intentan recuperar el tiempo perdido. El bicentenario pasó desapercibido, como una muestra palpable del fracaso de la región en la construcción de Estados nacionales, es decir, economías de mercado con democracia electoral. Con la notoria excepción de Costa Rica, que viene diluyéndose hasta transformarse en otra nación bananera centroamericana, el resto de países de Mesoamérica no acaban de comprender la tarea de la actualidad: construir repúblicas democráticas, con equidad social y protección del ambiente.

Ya en El Salvador los ciudadanos provocaron un terremoto político, al darle un poder indiscutible a Nayib Bukele; en Honduras, dieron un giro al votar por una mujer, con la etiqueta perversa de izquierda; en Nicaragua, la modernización se hunde en lo más bajo, Ortega se convierte en un retardado dictador precapitalista. Panamá, es una multicolonia que posee uno de los activos promotores de riqueza sin fin, el canal.

Las ciencias sociales se paralizan. ¿Por qué estos cambios tan estruendosos que no provocan fisuras en el entorno?, ¿dónde terminará el poder y la estrategia modernizadora de Bukele?, ¿Cuánto tiempo tendrá Xiomara Castro para emprender algunas reformas que le den viabilidad a ese país?, ¿en qué terminará el experimento electoral en Costa Rica?

Los cambios son el resultado de profundas transformaciones económicas y sociales en la región y en el mundo. Algunos analistas se limitan a indicar con amargura que el pueblo está cansado de regímenes que han generado enormes riquezas concentradas en una pequeña parte de la población, con la abundancia de una población empobrecida y el debilitamiento económico y político de las emergentes clases medias que eran la esperanza.

A estos analistas no les importan los cambios en la realidad no parecen importarles. Consideran que la salvación estará en la fuerza de una sola persona. De un liderazgo, que clame por el cambio o la renovación de los mismos, pero sin atender a los cambios reales de la sociedad actual. Los pueblos presienten la necesidad del cambio, intuyen que algo no está funcionando, pero no existe vanguardia, ni visionarios que interpreten cuál debiera de ser el nuevo rumbo. Y, los pueblos no esperan, comienzan a ensayar con liderazgos nuevos. Liderazgos que podrían encontrar empujados por la realidad, la nueva estrategia que permita que estos países por fin lleguen a la tierra prometida, la construcción de repúblicas democráticas, o podría terminarse en un nuevo fracaso que nos mantenga en la oscuridad del subdesarrollo.

Pero, ¿cuáles son los cambios que están transformando el mundo, y que nos ponen ante una nueva toma decisiones?

Primero: El sistema económico basado en la maximización de ganancias, reinversión de utilidades, agotamiento de los recursos naturales y aumento irracional de la población humana se agotó.

Segundo: No existe ninguna racionalidad alternativa con qué sustituir el eficiente de destructivo sistema de mercados competitivos extraordinariamente eficientes.

Tercero: El poder omnímodo del capital, que con su lógica de extraer ganancias y generar utilidades alrededor de la explotación de la naturaleza, generar déficit fiscales y atropellar a la mayoría de la población encuentra una resistencia inconsciente de las mayorías cada vez mayor.

Cuarto: La lógica de los imperios, ocho en la actualidad, los lleva a la confrontación y a la guerra final, con el fin de repartirse las zonas de influencia fundamentales.

Quinto: Las condiciones materiales de la naturaleza no le permiten sostener el peso de las actividades humanas, que con su poderío tecnológico son capaces de arrasar con siglos de evolución de especies animales y vegetales. Deteriorando las condiciones de vida en la Tierra.

En el momento actual, el sistema económico, sufrió un impacto destructivo con la crisis del 2008. El sistema financiero colapsó, y para salvarlo las naciones iniciaron un proceso de endeudamiento volcado a satisfacer la voracidad de bancos y gobiernos. Al no invertirse en productividad, salud y educación, esas masas de dinero provocan una búsqueda de riquezas fáciles, mercados de drogas y corrupción hambrientos y manipulación de la información.

Cuando el modelo de emisión de dinero y endeudamiento público se agotaba, cayó como un rayo, la peste del Covid-19. Terminó de hundir el sistema económico, de generar avidez por las ganancias que genera el déficit fiscal, pero le dio una razón de ser. Enfrentar la pandemia. Al seguir endeudando al gobierno, la economía está a punto de colapsar totalmente.

Los mismos organismos internacionales claman que la recuperación del sistema económico mundial es lenta y, como siempre se ha sabido, los ritmos de mejora son diferentes de acuerdo al status de la economía de cada país. Con un crecimiento debilitado, con una presencia indomable del virus, con un deterioro ambiental evidente, con un porcentaje cada vez mayor en la pobreza, el desempleo y el desamparo, la necesidad de reformas se hace evidente.

¿Podrán los centroamericanos realizar una profunda reforma de sus sociedades?, ¿podrán poner en marcha el progreso anhelado?, solamente Guatemala y Nicaragua parecen no tener opciones.

Un primer agente en riesgo es el Estado, los gobiernos. Las crisis generan necesidad de cambios. Los cambios pueden poner en marcha a las sociedades, mantenerlas estancadas fuera de la historia o, incluso, hacerlas retroceder. Cuando la crisis se enfrenta por medio del gasto público orientado a generar ingresos a clases medias que por su sed de consumo mejoran el comercio, las importaciones y el pago de impuestos, y no se realizan inversiones económicas, sociales y de protección del ambiente, se prolonga levemente la crisis, pero se acumulan los problemas y tarde o temprano la sociedad se hunde. Ya que adicionalmente, los bancos centrales emiten dinero sin respaldo, lo que provoca inflación, deterioro del tipo de cambio, desempleo y finalmente, el colapso del gasto público.

Otro agente en trapos de cucaracha es el banco central, su manía de controlar la inflación genera recursos bancarios y financieros, generando estabilidad a la economía. Pero, al no realizarse reformas en todo el Estado y el mercado que eleven la productividad y los ingresos de la población, finalmente generan recursos que solamente tienen una dirección, financiar déficit fiscales ineficientes y corruptos. Lo que provoca el aparecimiento del Voldemort de los bancos, la inflación.

¿Qué nos queda?, ¿realizar reformas estructurales?, ¿alguien podrá realizarlas?

Centroamérica ya comenzó en un marco de extrema incertidumbre: Bukele, Castro, ¿Figueres, remozando el Estado clientelista, o Chaves, con una reforma del Estado más difícil que la teoría de cuerdas?

El covid-19 ha sido la más reciente señal de que la contradicción sociedad humana-naturaleza está llegando a su confrontación final. Los organismos internacionales, los bancos centrales y sus voceros oficiales (políticos, prensa, académicos, funcionarios del gobierno, ongs, cámaras empresariales, sindicatos, etc.), venden la ilusión de una recuperación milagrosa del PIB en 2021, después de la irremediable caída del 2020. Es solo una ilusión, ya que el nivel del 2019, se vió disminuido en el 2020, el 2021 apenas se acercó al nivel del 2019. Las tasas de crecimiento, muchas veces son engañosas.

No existe el repunte esperado de la economía. El crecimiento de los socios comerciales de la región no es sólido, está basado en inflar la demanda, y con los riesgos de la confrontación militar entre los ejes imperialistas. El alza en los precios de las materias primas a nivel mundial es ambivalente para los países del tercer mundo, ya que lo que ganan por vender a mejor precio sus productos en estado bruto, lo pierden al reimportarlo como materias primas con mayor intensidad de trabajo. Y el financiamiento externo ha sido fluido y abundante, con un grave riesgo, los países de América del sur del río bravo no lo invierten en infraestructura económica o social; lo malgastan en burocracia, ongs, y pago de intereses.

Cuando las economías tercermundistas apenas se acercan a los mismos niveles precrisis, aparecen los problemas olvidados de pobreza, brechas de ingreso, corrupción y déficit comercial y fiscal. Además, las economías china y estadounidense se están enfriando, y los imperios se dedican más a las amenazas y denuncias de guerra, que a enfrentar la problemática mundial. Sin olvidar las continuas interrupciones del suministro de insumos y trabajo, el endurecimiento de las condiciones monetarias y de financiamiento de unos bancos centrales agotados, y la esperada aparición de la próxima variante derivada de la omicron.

Solo nos queda la esperanza de que las reformas económicas y sociales progresistas, amigables con el ambiente por fin lleguen a nuestros corazones y cerebros.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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