Embajador de Suecia, Hans Magnusson: lo declaro no grato

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Embajador de Suecia, Hans Magnusson: aunque yo fuera el único guatemalteco que lo declararía no grato, lo declaro no grato. Aunque yo fuera el único guatemalteco que ansiaría expulsarlo de la patria, ansío expulsarlo. Y aunque yo fuera el único guatemalteco que lo detestaría, lo detesto.

Embajador Magnusson: lo declaro non grato, y ansío que sea expulsado, y lo detesto, por violar de manera flagrante la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, y pretender inmiscuirse en asuntos internos de Guatemala.

Embajador Magnusson: una prueba de esa pretensión fue que intentó que su propio país, Suecia, y Canadá, Alemania, Italia, España, Francia, Suiza, Estados Unidos de América y Reino Unido influyeran en la selección de los candidatos entre los cuales el Presidente de la República debe elegir al nuevo Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la República. También pretendió que influyeran la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos.

Embajador Magnusson: quizá usted hasta pretendía que esos países y esas organizaciones internacionales seleccionaran a los candidatos, y que obligaran al Presidente de la República a elegir al candidato que mejor sirviera a los intereses políticos e ideológicos de los gobernantes de esos mismos países. Son intereses por los cuales los países europeos, Canadá y Estados Unidos de América, financian a grupos terroristas de guatemaltecos y extranjeros que causan destrucción, muerte y alteración del orden público.

Embajador Magnusson: el Señor Presidente de Guatemala se opuso a su pretensión; pero incurrió en una delictiva omisión: no lo declaró no grato, o no lo expulsó de Guatemala, como lo autoriza la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Entonces usted obtuvo, de hecho, un desgraciado permiso presidencial para persistir en su pretensión de intervenir en los asuntos internos de Guatemala, y quizá también en su intención de ser agente de los políticos suecos que financian a grupos de terroristas guatemaltecos y extranjeros, como lo fue su antecesor, el conspirador contra el Estado de Guatemala, Anders Kompass.

Embajador Magnusson: los guatemaltecos deben saber que usted pretendía que aquellos países y aquellas organizaciones internacionales impusieran a quien es la máxima autoridad de una de las instituciones más importantes del Estado de Guatemala en la administración oficial de justicia. Esa institución es precisamente el Ministerio Público. Su máxima autoridad es el jefe de ese ministerio, quien también es Fiscal General de la República.

El Ministerio Público “promueve la acción penal y dirige la investigación de los delitos de acción penal pública.” Son funciones suyas investigar los delitos de acción pública y promover la persecución penal ante de los tribunales”, y “dirigir la policía” y los otros “cuerpos de seguridad del Estado en la investigación de hechos delitivos.”

El Ministerio Público es, pues, un exquisito tesoro que debe ser propiedad de los políticos de Europa, Canadá y Estados Unidos de América, y de organizaciones internacionales, para que puedan ejercer un mayor gobierno sobre Guatemala. ¿Es así, embajador Magnusson?

Embajador Magnusson: en México, por ejemplo, usted estaría atado con docilidad canina a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Empero, en Guatemala, amparado por una ominosa tradición de servidumbre de nuestros gobernantes, usted ha mostrado estar dispuesto a violar esa convención. ¿Será lícito tener de la esperanza de que una nueva violación será penada con su urgente expulsión?

Post scriptum. Embajador Hans Magnusson: con toda la cortesía que su miseria diplomática reclama, reitero que lo declaro no grato, ansío que sea expulsado y lo detesto.

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