En palabras de Tolstoi

Evolución

Si nadie peleara excepto por sus propias convicciones, no habría guerras.

La historia nos demuestra que las justificaciones de estos eventos no tienen sentido alguno y que todas son contradictorias, como es el caso de matar a un hombre por el hecho que reconozca sus derechos… Pero estas justificaciones tienen una significancia en su propia época. Esas justificaciones se usan para relevar de su responsabilidad moral a aquellos quienes producen esos eventos. Esas metas temporales son como la escoba fijada frente a la locomotora para limpiar la nieve sobre los rieles al frente: quitan del camino la responsabilidad moral de los hombres. Sin esas justificaciones no habría respuesta a la pregunta más simple que se presenta cuando se examina cada evento histórico. ¿Cómo es posible que millones de personas cometan crímenes colectivos, que hagan guerra, que asesinen y demás? Con las complejas formas de vida política y social del presente en Europa, ¿se puede imaginar algún evento que no sea prescrito, decretado u ordenado por monarcas, ministros o parlamentos? ¿Hay alguna acción colectiva que pueda encontrar justificación fuera de la unidad política, en patriotismo, en el balance de poder o en la civilización? De manera que, cada evento que ocurre inevitablemente coincide con algún deseo manifiesto y, recibiendo alguna justificación, se presenta como el resultado de la voluntad de uno o algunos hombres.

Era necesario que los millones de hombres en cuyas manos descansaba el poder real – los soldados que disparaban o transportaban provisiones y armas – debían consentir ejecutar la voluntad de aquellos individuos débiles, y que debieron haber sido inducidos a hacerlo por una infinidad de diversas y complejas causas.

Dios conceda que el monstruo que está destruyendo la paz de Europa sea derrocado.

Tanto, y a la vez tan poco, que se puede decir de la invasión a Ucrania ordenada por Putin, que en esta ocasión me limito a repetir, en una traducción libre, algunas frases de Tolstoi de su célebre obra Guerra y Paz. Una obra que denuncia una invasión sin sentido librada contra Rusia hace 200 años, historia que hoy repite y perpetra Rusia contra Ucrania. Y como expone Tolstoi hacia el final de la obra con ciertos recuentos históricos, es como si hubiese algún grado de determinismo que hiciera que estos eventos se repitan en la historia de la humanidad, aún cuando pensábamos, al menos dentro de la civilización occidental, que era algo que ya habíamos superado. Coincidiendo en algún grado con Tolstoi, hubo una serie de causalidades que condujeron a este punto, de las cuales no nos percatamos o que simplemente ignoramos. Y muchas de nuestras decisiones colectivas, y con un mayor grado de responsabilidad, de nuestros líderes políticos, permitieron un gradual escalamiento hasta la situación que, como civilización occidental que valora la paz, enfrentamos hoy. Algún día será de hacer un examen a conciencia de los errores cometidos, con la esperanza que esta vez sí aprendamos. Empecemos con elementos tan básicos como reconocer el valor de la libertad individual y la importancia de sistemas políticos que limiten efectivamente el poder, sobre todo, para evitar que los megalómanos, que siempre resurgen, lleguen a concentrarlo.

Toda mi solidaridad con el pueblo de Ucrania, que pronto recuperen la paz y que preserven su libertad.

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.