De la crisis sanitaria a la crisis geopolítica

Lugar Hermenéutico

Han pasado 2 años desde aquel 11 de marzo de 2020, fecha en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que el COVID-19 podría definirse como una pandemia, la primera del siglo XXI. A partir de esa fecha, todo espacio de comunicación se saturó de miedo, paranoia y muerte, vivimos por primera vez, en tiempo real a nivel de detalle el desarrollo de una pandemia, especulando con la fecha y lugar en donde inicio, pero ni por asomo pensar cuando o como finalice por completo.

Más que una crisis sanitaria, el Covid-19, pasó frente a nuestros ojos y pasará a la historia, como una auténtica crisis de liderazgo, ética y desprecio por la vida, ejemplos de ello sobran para citar, tanto en lo local como internacional.  Pero ni siquiera hemos salido de dicha crisis, cuando sin ser invitados estamos inmersos en una nueva crisis, esta vez del orden geopolítico que ha desencadenado en una crisis energética.

Por arte de magia, el mundo dejó de hablar de las mascarillas, de las vacunas, en fin, hoy por hoy estamos concentrados en el conflicto Rusia – Ucrania, cuyas consecuencias ya se dejan sentir en países en vías de desarrollo con economías en transición como la guatemalteca, que por ende repercuten en una larga cadena social.

Más allá de condenar cualquier acto que ponga en riesgo la vida e integridad de las personas, venga de donde venga, es difícil opinar sobre un conflicto histórico avivado por presiones externas, desde este lado del mundo.  De lo que todos somos testigos, es cómo ha repercutido en que se hayan disparado los precios de los combustibles y con ello, los impactos en toda cadena productiva.

Inmersos en esta realidad, con presiones sanitarias, económicas, medio ambientales y fenómenos migratorios como dinámica constante en el país, es urgente la intervención del Estado, para mitigar dichos impactos en el averiado bolsillo de los guatemaltecos, que, cada vez tiene más agujeros que un colador de frijoles, de aquellos que usaban las abuelitas.

Por más que le recemos a nuestro santo de devoción, para que ya no suba la gasolina, debe partirse de la realidad, que a la fecha, Rusia es el segundo productor mundial de petróleo y posee grandes reservas de gas, elementos que utiliza a su favor como arma geopolítica. Entre el 35% y el 40% del gas importado por la Unión Europea procede de Rusia. Los stocks de gas de la UE están en mínimos históricos del 43%. La mayor petrolera rusa en 2021, redujo el suministro a la UE un 25%.

Esto hace pensar que probablemente estemos cerca de ver precios sin precedentes en todos los derivados del petróleo y la enorme cadena que se deriva de esta materia prima, por lo cual es urgente que se inicie con la eliminación del impuesto a los combustibles en el país, como medida primaria,  temporal y de emergencia para paliar al menos en algo esta crisis.

Que las autoridades competentes, se limiten a monitorear los precios de los combustibles para publicar el diferencial de los centavos de ahorro entre una u otra gasolinera, es absurdo, ingenuo y perverso, si no nos mata una bala perdida, nos ahogara la economía.

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