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Crónicas de una psicóloga

Salud y Mente

Cada mañana soy un libro en blanco, soy hojas que no se han escrito a punto de comenzarse a llenar. Alrededor de las 9:00 de la mañana aparece la primer historia y yo lista para comenzar a escuchar.

¿Nombre completo? ¿Fecha de nacimiento? ¿Edad actual?  Y así todos los datos generales tengo que llenar, pero después de eso nunca puedo imaginar lo que voy a escuchar……

Cada día de la semana desfilan historias en mi clínica de almas que se desnudan ante aquella psicóloga con la esperanza de mejorar.

Mis ojos atentos observando, mis oídos no pierden detalle del discurso de aquella alma temerosa insegura que sus emociones desnuda dejando ver la tristeza y dolor, decepción; mi cerebro razona, analiza tratando de descubrir la mejor manera de guiarla, mi corazón se pone empático para poder comprender a esa alma que está rota, lastimada, cansada de tanto llorar.

El día va pasando y con él una tras otra historia todas ellas marcadas por la huella de un fenómeno que yo llamaría “deshumanización de la sociedad” niños, jóvenes, adultos víctimas de todo tipo de violencia, agresión, burla son los protagonistas de estas historias que llenan mis hojas y que a veces me siguen en mi soledad.

Hay quienes creen que estudiar psicología es cosa sencilla, más ignoran que cada ser humano visto en clínica es una gran responsabilidad, pues está su humanidad de por medio, sus pensamientos, sus sentimientos, debilidades, fortalezas, temores, fobias, creencias y con eso no se puede jugar.

Admiro la valentía de cada paciente que no importa lo que le cueste siempre da un paso para mejorar, en este trayecto yo solo proveo herramientas, pero es su determinación, perseverancia y amor propio lo que al final los hace sanar.

Y así me despido del día archivando cada historia porque sé que, al siguiente día, necesito estar en blanco para comenzar a escribir las vivencias de nuevas almas que van a llegar.

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