Muchas Amalias

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¿Amalia? Protagonista de una serie televisiva[1], que refleja – más allá de aspectos propios de la cultura del país – una realidad que suele suceder en cualquier aula, en cualquier escuela en cualquier rinconcito del mundo, en cuanto a los “ingredientes” que reúnen: personajes cuyas conductas o comportamientos ante lo complejo que es EDUCAR (directores, docentes, padres de familias, estudiantes)

Para lo que somos docentes y que en su momento hemos jugado el rol de dirección – a lo que se suman lustros o décadas de experiencia – todo lo que, en esa escuela, es veraz.

En un aula en la cual podemos contar con una matrícula por grupo desde 20 a 50 estudiantes, el “escenario” es tan diverso, amplio, laberíntico en cuanto a la personalidad de cada uno: el entorno del hogar (estabilidad económica, padres que trabajan o no, hogares cuya mamá es la que lleva el peso de la casa sobre sus “hombros”, etc.)

Que decir de padres (mamá y papá) que se deshacen de la atención que deben brindar a sus hijos, haciendo entrega total a la profesora o profesor guía, porque sencillamente no pueden con ellos; jóvenes que deben trabajar (desde pequeños) para apoyar a sus padres en determinados oficios, restándole tiempo a que puedan estudiar.

Las diferencias sociales (siempre existentes) entre familias con mejores recursos materiales (tecnología, autos, …) otros que andan … a pie.

Una Amalia (profesora guía) que es del grupo de los de “a pie” (con limitadas condiciones: con una computadora u ordenador que los estudiantes le cuestionan, si es de la edad “de piedra”), pero con un corazón lleno de humanidad, donde se ocupa de los problemas de los estudiantes (en una edad muy difícil propia de los estudiantes de noveno grado o tercer año de la enseñanza media), robando tiempo de su “escasa” vida personal, que no está exenta de problemas: mamá fallecida, padre con nula formación académica, pero sí de trabajar duro en el campo; hermanos que no pudieron asistir a la escuela y trabajan, adicionando que su labor no es lo suficientemente remunerada.

Que, a su humanismo y humildad, incorpora la preocupación por superarse constantemente, por la creatividad, para que los estudiantes hagan suya lo que enseña, que aprecien la utilidad de la asignatura para la vida; premia a sus estudiantes, les llama la atención, solicita la colaboración para que los más aventajados ayuden a los menos.

No sintiéndose satisfecha en el colectivo o claustro de docentes en cuanto a la atención a los estudiantes con dificultades, donde hay algunos que deben ser “descontinuados o descartados, como si fuesen material no reciclable”, luchando como Don Quijote contra los molinos de vientos[2], aunque en ocasiones cuenta con la venia de algún que otro “Sancho Panza

Y, ¿por qué Amalia en plural? Porque docentes así existen, los he conocido, los conozco – que no los nombro, por el temor a omitir a algunas(os) -, personas de carne y hueso que dedican su vida a Educar, que hacen inclusive más de lo que hace la protagonista de la serie o novela.

¿Por qué tanto éxito? Porque me he visto reflejada en ella, porque asume una verdad vivida y más cuando se refleja la labor de los docentes, cuya tarea principal, es fundamentalmente inculcar los mejores valores.

Porque sé que hay docentes muchos, que les puede servir de lección, para validar su trabajo. Es más, pregúntese ¿acaso yo he sido o soy así como Amalia, con algunos bemoles más – menos?


[1] Serie televisa cubana llamada Calendario. Puede verse en Youtube

[2] Expresión de origen literario tomado del capítulo VIII de la Primera Parte de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra.

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Ernesto González Valdés

Nació en la ciudad de La Habana, Cuba y es nacionalizado Nicaragüense tiene estudios superiores de Licenciatura en Pedagogía y posgrados en Química Orgánica y elaboración de materiales didácticos.