La pérdida de las vacunas, mucho más que un pecado

Antropos

La salud humana es lo más sagrado que tenemos en esta vida. La salud física y psicológica, es el estadio de felicidad al que aspiramos todas y todos. Porque no hay tristeza más grande que estar enfermo. Un dolor de cabeza, un agudo ardor en el estómago, dolores de garganta, de oídos o de muelas, generan mucho dolor para el que los tiene o bien para su círculo familiar cercano.  Y que no decir de los malestares que provoca la columna u otros huesos del cuerpo, la diabetes, el colon, y muchas cosas más.  Y lo peor, es estar cerca de algún cáncer.  El futuro se achiquita y comenzamos a lagrimear.

De ahí que estar saludable, siempre ha sido la gran aspiración del ser humano.  Nos negamos a estar postrados sobre la cama de un hospital. Obvio que la ciencia y la tecnología en su incesante trabajo de investigación, descubren medicamentos para curar enfermedades y los nutricionistas, nos orientan de que es lo que se debe de hacer para ser plenamente saludables.

Es el caso que ante las grandes conflagraciones pandémicas que ha sufrido la civilización, los científicos encontraron las formas de combatirlas y evitar los dramas y tragedias humanas.  Hoy, frente al Covid – 19, cientos de investigadores se dieron a la tarea de descubrir en laboratorios de alta tecnología, vacunas para combatir certeramente esta pandemia que ha traído tanta desgracia a la humanidad.

Entendemos que los órganos del Estado, responsables de la salud de una sociedad, son las instancias que deben hacer posible bajo una estrategia adecuada, motivadora, inteligente, competente y creativa, la vacunación.  Lamentablemente en Guatemala, en el mes de febrero del presente año, se perdió un millón de vacunas marca Sputnik, que además, al 31 de marzo, de esa misma marca, se perderán 2,9 millones, lo que significa que se tiran a la basura, la cantidad de 355 millones de quetzales que utilizó el gobierno en su compra a los Rusos.

La tragedia se ahonda, porque en la primera semana de abril, se perderían 1,9 millones de la vacuna Moderna y a fines del mismo mes, 1,8 millones de la marca Astrazeneca.

Para que esto no suceda, tendrían que vacunar a 8,766,398 de dosis hasta el 30 de junio, lo cual es imposible, dado que hoy vacunan a 150 mil personas personas diarias. Habrá que agregar qué en el área rural, sólo se ha vacunado a un 20 por ciento y los casos de infección no bajan de dos mil diarios, bajo una acumulación triste de 18 mil ciudadanos muertes por esta pandemia. A nivel nacional, tenemos el porcentaje más bajo de vacunación en la región centroamericana.

Frente a una realidad tan grave como la que describen los datos que da el mismo Ministerio de Salud Pública y que son publicados por los medios de comunicación, no nos queda más que afirmar, que este hecho, que va en contra de la salud humana, es mucho más, que un pecado.

Dichosamente hay algunos diputados que han llamado a cuenta a los funcionarios encargados, pero, lamentablemente, como se ha creado todo un mito en contra de las vacunas, la población no logra ver su beneficio y mucho menos, el gran daño que le están provocando a su propia salud. El gobierno, infelizmente, con su estrategia torpe y poco inteligente de vacunación, no explica, no educa y no aclara los beneficios de la vacuna, en contra de la gravedad de la pandemia. ¿Será posible que cambien?

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