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Historia no contada del gobierno de Juan José Arévalo (parte 1)

Debemos Saber La Verdad

Es importante que las nuevas generaciones conozcan la historia de Guatemala, porque ha influido en lo que vivimos hoy día.

En nuestro medio desafortunadamente se ha practicado la costumbre de no reconocer la importancia de lo bueno y lo malo que ha sucedido durante los acontecimientos, sin tomar en cuenta que son hechos históricos de nuestra Nación.

Los datos obtenidos son de documentos y diferentes fuentes, con el propósito de presentar la actuación de las personas durante el gobierno de Juan José Arévalo Bermejo.

Juan José Arévalo Bermejo nació en Taxisco, Guatemala el 10 de Septiembre de 1904. En 1927 obtuvo una beca del gobierno para estudiar en la Universidad de La Plata en Argentina, donde conoció a su esposa, Elisa Martínez. Trabajo durante el gobierno de Ubico en el Ministerio de Educación, en 1937 regreso a la Argentina para dar clases en la Universidad Tucumán. En Septiembre de 1944 lo trajeron a Guatemala para que fuera candidato presidencial y finalmente gano las elecciones presidenciales del 17 al 19 de Diciembre de 1944 con una gran mayoría de los votos, para el período presidencial de 1945 a 1951 y asumió el cargo el 15 de Marzo de 1945

Desde el principio de su gobierno, el presidente Arévalo, utilizo un lenguaje a veces disociador que empezó a polarizar a la sociedad guatemalteca, causando entre los terratenientes la sensación de que solo era gobernante de parte de los guatemaltecos. En el libro ¨Despacho Presidencial¨ de Arévalo, se hacen ver sanciones a la oposición.

El 16 de Diciembre de 1945 el presidente Arévalo en compañía de un periodista de USA y una bailarina rusa que visitaban Guatemala, tuvieron un accidente automovilístico en la carretera a Panajachel, cayendo el vehículo a un barranco, quedando el presidente Arévalo grave, mientras que sus dos acompañantes murieron.

Creyendo que su recuperación sería muy larga, miembros del partido Acción Revolucionaria suscribieron un pacto con el Teniente Coronel Francisco Javier Arana, en el que se comprometía a no intentar un golpe de estado en contra del presidente convaleciente, a cambio que los partidos revolucionarios lo apoyarían como candidato oficial en la próximas elecciones. Fue conocido como el Pacto del Barranco. Al recuperarse rápidamente Arévalo asumio su cargo y de mala gana tuvo que aceptar ese pacto y tuvo restricciones de militares que estaban con el Teniente Coronel Arana, quien era muy influyente y había logrado ser nominado candidato presidencial adelante de Arbenz.

La elite social no estaba conforme con el gobierno arevalista, porque hizo que la clase urbana tuviera poder y la había utilizado para que el gobierno tomara medidas a favor de los obreros de la capital. Los terratenietes cortejaron al Coronel Arana para que liderara un golpe de estado contra Arévalo y se opusiera a las medidas que este había iniciado, pero Arana se opuso porque podía perder el apoyo de recien formados sindicatos urbanos que serían su voto seguro para las elecciones de 1950.

La división entre Arana y el gobierno arevalista empezó a notarse en 1948, cuando se eligio a la mitad del congreso y Arana apoyo a sus propios candidatos, que ninguno resulto electo por falta de capacidad de su jefe de campaña Ricardo Barrios Peña.

A partir de ese momento las relaciones entre Arana tanto con Arévalo como con el Congreso se fueron distanciando más. Se rumoraba un intento de golpe de estado por Arana y el descontento de Arévalo con el movimiento Arana para presidente, que ya se había iniciado. Hubo muchas diferencias políticas y de poder entre Arana y Arévalo.

Según la constitución guatemalteca en 1949, para que un oficial del ejército pudiera participar en las elecciones presidenciales debía renunciar a las fuerzas armadas, en Mayo 1950, seis meses antes de las elecciones.  Arana debía decidir entre su candidatura o seguir en las fuerzas armadas. Si salía del ejercito perdería su poder dentro del mismo al iniciar su candidatura presidencial. El sucesor del Arana como jefe de las fuerzas armadas era elegido por el Congreso, de los  nominados por el Consejo Superior de la Defensa (CSD). Arévalo le pidió a Arana que diera unos días para realizarr los cambios ordenadamente y Arana accedio dando 10 días hasta el 18 de Julio, fecha en que se iba a iniciar la escogencia de nominados por el CSD. Arana quería ser presidente electo, en lugar de líder de facto.

Después de la reunión con Arana, Arévalo llamo a Arbenz y otros colaboradores, quienes al conocer el ultimatum acordaron secuestrar a Arana y enviarlo al exilio el 17 de Juio. Mientrás Arana estaba en la Quinta Samayoa y seguro de su triunfo, el comité permanente del Congreso  se reunió en secreto, para destituirlo como jefe de la fuerzas armadas.

El presidente de Cuba Carlos Prio Socarrás, quien era amigo de Arévalo estuvo de acuerdo en otorgate asilo al coronel Arana, quien sería transportado a Cuba por el Coronel Cosenza. Era seguro un alzamiento militar al desterrar del carismático líder militar Arana, que Arévalo y sus colaboradores lo previeron, pero no tuvieron tiempo de preparar un plan de contingencia.

El 18 de julio por la mañana Arana se presento a al palacio y dijo a Arévalo que iba a ir a El Morlón, casa presidencial en el Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas, extraídas de la base militar del puerto de San José, armas que Arévalo había enviado a esconder luego que las autoridades mexicanas las confiscarán a un grupo de dominicanos a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrotar a Rafael Leonidas Trujillo.

El historiador Piero Gleijenes considera que la visita de Arana a Arévalo fue la de un hombre impulsivo, cuya paciencia estaba agotada y que fue al palacio para demostrar su poder y para apurar a Arévalo que cumpliera el ultimátum que le había puesto. Lo único que consigió Arana fue que Arévalo supiera en donde iba a estar Arana y pusiera en marcha su plan de sacarlo al exilio. Arévalo le sugirio que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón, jefe de la guardia presidencial, que confirmo a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Arbenz jamás se le enfrentarían.

Deseo decir una vez más, que donde quiera que estemos los guatemaltecos, como herencia, tenemos en mente Guatemala y nuestro patrimonio nacional como signo de nuestra identidad.

Continuará…

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