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La información del gobierno al estilo Goebbels

Barataria

A Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen nazi, se le atribuye una frase de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.  La información resulta ser vital para la auditoría social, para que la sociedad en general y los ciudadanos en particular podamos conocer de primera mano lo que el gobierno hace, las políticas públicas que va a aplicar, la ejecución de su plan si es que lo tiene y lo más importante, en qué se gasta los recursos públicos.

Desde el inicio de su mandato el actual gobernante se ha caracterizado por desinformar en lugar de informar, manteniendo una manipulación de datos e información. Tenemos un gobernante que gusta de mentir descaradamente y además es desbocado.  Cada declaración oficial que emite el presidente, así como la de sus funcionarios pareciera que estamos viviendo en el mejor país del mundo.

Hay un gusto desmedido por falsear datos haciéndolos cada vez más irreales, para el gobernante la canasta básica no ha aumentado, no hay inflación, la economía guatemalteca crece cada año y no por migrantes, si se pierden vacunas por vencimiento, no es culpa de su plan de vacunación sino de las personas que no se quieren vacunar.  No tiene alianzas en el Congreso de la República y nunca ha ido de “shopping” de diputados al parlamento.  Guatemala es un modelo de país seguro, en donde la violencia ha bajado.  Según el presidente, nadie quiere emigrar, todos quieren quedarse a vivir en Guatemala.

La propaganda oficial y los discursos del gobernante quieren hacer parecer a Guatemala como un país muy próspero y ejemplo para todos los países latinoamericanos. Además de ser un país con seguridad, pese a que la población tiene una percepción diferente de las cosas.  Sin duda lo peor de todo, resulta ser que para el Gobierno la situación en este país es excelente y cualquiera que no esté de acuerdo con él, resulta ser alguien con un pensamiento ideológico distinto.

Pero los graves problemas de Guatemala, los vivimos todos los ciudadanos, cada día.  Un sistema de justicia colapsado cuyos magistrados aún no se eligen, un sistema de salud que no importa cuantos miles de millones se presupuesten, siempre hay desabastecimiento en hospitales importantes como el San Juan de Dios, los precios de los combustibles subiendo, en tanto que se procuran subsidios irreales que nunca van a llega a bolsa del ciudadano común y corriente.  Y sorprende cuán difícil es que los diputados se pongan de acuerdo para promover una ley de beneficio a la ciudadanía; sin embargo para aprobar una ley de la familia como distractor para los problemas presidenciales y para una ley que literalmente piñatiza más de tres mil millones de quetzales lo hacen con total avidez.

Este país no necesita más mentiras, no necesita una propaganda oficial que se empeñe en promover tantas mentiras para que las creamos, porque ya sabemos que no es así.  No vivimos en un país del primer mundo, ni siquiera en uno en vías de desarrollo, los gobernantes anteriores y el actual se han encargado en hacernos ver que vivimos en un país tercermundista y que no saldrá del bache en el que está porque actúan descaradamente roban miles de millones de quetzales, disponiendo subsidios estúpidos a combustibles y gas propano que nunca llegaron a la población pero que fácilmente aprueban porque ya están comprados al mejor postor.

Ahora resulta que aprueban una ley que permite un saqueo descarado de más de tres mil millones de quetzales, para repartirse entre muchos que necesitan dinero para las próximas elecciones.  Porque resulta que el político corrupto guatemalteco tiene por dicho que “del mismo cuero salen las correas” y por ello nunca van a arriesgar dinero propio para las campañas electorales, sino que son dineros públicos.  El financiamiento electoral ha sido y será el cáncer de la corrupción guatemalteca, porque no solo destruye al país con el saqueo, sino que este sirve para llevar a los mamarrachos al poder.

El Gobierno, cree que mintiéndole al pueblo cada vez, el pueblo creerá en sus mentiras, pero como se comprobó en la Alemania Nazi, ninguna mentira por muy creíble que sea, se convertirá en verdad y al final, la historia y el tiempo se encargará de demostrar la realidad.

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