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Los Sindicatos de Trabajadores del Estado: La legitimidad perdida

Barataria

El origen de los sindicatos de los trabajadores se remonta a los años de la revolución industrial y el desarrollo original del capitalismo.  Con el surgimiento de la industria y el capital, aparece la necesidad de la defensa de los derechos laborales.  En Guatemala, el sindicalismo surgió a finales del siglo XIX y tuvo un auge importante durante el tiempo de la revolución de octubre.  Posteriormente la persecución de sindicalistas fue atroz, los gobernantes de turno no querían oposición y asi, previo a la era democrática, fue tal la persecución que ser sindicalista era sinónimo de enemigo del Estado y perseguido político.  Muchos fueron asesinados por dirigir sindicatos o participar en ellos.

Con la era democrática vino una apertura no solo para los sindicatos del sector privado sino para que existieran sindicatos de trabajadores del Estado.  Esta apertura, luego de la represión a que fueron sometidos los sindicalistas presuponía redimir al Estado de haber impedido que las agrupaciones de trabajadores tuvieran la representatividad para mejorar las condiciones de trabajo.

Pero los sindicatos de trabajadores de instituciones del Estado, al igual que sus dirigentes poco tardaron en pervertir la noble institución y se prostituyeron vendiéndose al mejor postor o al impostor.  Los dirigentes de los sindicatos terminaron por utilizar su posición para enriquecerse a costa del erario público, para hacer de la dirigencia sindical un modus vivendi y permanecer sin trabajar en las instituciones, dado que gozan de inamovilidad y otras prebendas.

Los sindicatos de trabajadores son aquellas instituciones, agrupaciones de trabajadores que velan por el bienestar de todos sus afiliados, del desarrollo y funcionalidad de las empresas e instituciones en las que laboran, puesto que, acabándose la institución, se acaba el trabajo y además de ello, son instituciones democráticas que cada cierto tiempo realizan elecciones libres para que exista alternatividad en el ejercicio de la secretaría general.

Sin embargo, hoy en día tenemos sindicatos de trabajadores en la mayoría, sino es que, en todos los ministerios, instituciones autónomas, descentralizadas y en municipalidades.  En muchos casos inexplicablemente hay hasta tres, cuatro o cinco sindicatos en una misma institución, lo que me indica es que no hay unidad en los trabajadores y cada cual jala agua para su molino.  Asimismo resulta contraproducente que hay secretarios sindicales que se han eternizado en el poder, tal es el caso de Joviel Acevedo, el sindicalista favorito de todos los gobiernos y de la actual Ministra de Educación una sinvergüenza más, que lleva más de veinte años como secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Educación en Guatemala -STEG-.  La pregunta es, ¿de qué democracia hablamos, si en los mismos sindicatos se mantienen por años en el cargo?  Alguien dirá que siempre votan por él, pero algo hay que no cuadra cuando siendo el mismo sindicalista que vive a expensas de ese cargo y que se ha enriquecido en ese sindicato.  No hay ministro de Educación que no ceda a sus negociaciones, aumento y demás todo aumento se da sin considerar el presupuesto.  Pero don Joviel no es el único eternizado en el puesto, hay muchos otros que siguen ocupando los cargos por años.

Los sindicatos de trabajadores del Estado han perdido legitimidad, qué podemos decir de los tantos sindicatos que venden gobernabilidad y a los muchos funcionarios que se ven obligados a comprarla porque de otra manera no podrán hacer sus negocios, sus grandes negocios.  Así, por un lado los sindicatos se volvieron no en instituciones que buscan desarrollo integral de sus afiliados y lucha por sus derechos laborales, sino que se convirtieron en cómplices del saqueo que realizan los funcionarios.  De esta manera resulta sumamente extraño que en Ministerios como Salud y Educación sean los sindicatos los que pactan con los ministros aumentos y aumentos sin que exista una evaluación de desempeño de los trabajadores de esos ministerios, además que los sindicatos voltean a ver a otro lado, cuando se piñatizan los recursos de tales ministerios y en otros ministerios como el de Comunicaciones, los sindicatos parecen inexistentes, pero han celebrado sendos pactos colectivos con condiciones que en realidad preocupan.  De otro lado, el papel del Ministerio de Trabajo homologando pactos colectivos sin prever el impacto económico al presupuesto es deleznable en tanto la Procuraduría General de la Nación resulta con total pasividad para evaluar este tipo de pactos colectivos.

La sangre y libertad que muchos sindicalistas dejaron por exigir sus derechos hace años cuando eran perseguidos hasta por su forma de pensar, no sirvió de nada para abonar al movimiento sindical que se quedó en transformarse para ser cómplice de un Estado que antes los persiguió, pero que ahora a los actuales dirigentes sindicales, ya les parece que encontraron el modo de vivir de la dirigencia sindical sin ir a trabajar y consiguiendo muchas prebendas.

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