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Entre el autoritarismo y la seguridad ciudadana

Barataria

Lo que ocurre en El Salvador ha puesto en discusión un problema actual que por años se ha relegado en diversos países, pero especialmente entre los países que conforman el llamado “triángulo norte” que no es otra cosa que dividir el istmo centroamericano en dos lados que originaria y geográficamente no existe.  Se divide a una Centroamérica en dos tantos el lado “norte” se agrupa a Guatemala, Salvador y Honduras como una región convulsa y el lado sur, simplemente no existe porque está Nicaragua con sus propios problemas de la dictadura de los señores Ortega y Murillo y Costa Rica, que sigue siendo un ejemplo a seguir a pesar de sus propios problemas.  Pero esta división ha hecho ver en el mundo además de muchos problemas uno más serio: los problemas de seguridad ciudadana aunado a las llamadas “maras” que son un azote para el ciudadano de a pie.

El gobierno del señor Bukele en El Salvador ha exhibido el problema, las maras y la delincuencia rampante han puesto a los ciudadanos de rodillas y la forma de combatir este flagelo no se puede hacer con simples discursos, simples proyectos que quedan en papel o con la retorcida idea de que, en defensa de los derechos humanos, no podemos hacer nada para combatir a estos delincuentes.  Hay que tomar medidas, si promover estados de excepción es la forma en que se puede combatir este flagelo, por qué nos vamos a asombrar que sucede esto en El Salvador, si con el presidente guatemalteco se ha vivido más bajo estados de excepción no solo por la pandemia sino por otras razones, que no meramente se refiere a la seguridad ciudadana,

Al ver a los pandilleros presos en El Salvador prácticamente en paños menores siendo “arreados” por las fuerzas de seguridad para hacer requisas en donde se buscaba evitar la comunicación de estos delincuentes con sus pares que andan sueltos en la ciudad; muchas instituciones, columnistas, influencers y otros sectores han puesto el grito en el cielo alegando violación a los derechos humanos, alegando represión, advirtiendo un peligroso autoritarismo.  Sin embargo, estos nunca se han manifestado de la misma forma cuando ven que un sicario sale dando declaraciones en las redes sociales y medios de comunicación campante al decir que asesinó a una persona que no conoce, pero que lo hizo porque “la debía” y por la mara, luego habla de que es parte de una mara y que viva la mara; como sucedió esta semana cuando un marero confesó haber asesinado a la señorita Cindy Ambrosio sin ningún remordimiento ni el menor viso de arrepentimiento.

Yo me pregunto: ¿Cindy Ambrosio tenía derecho a la vida?  ¿Cindy Ambrosio tenía derecho a la seguridad ciudadana?  Ella pasará a engrosar una lista muy pero muy larga de víctimas de sicarios y sin embargo, su victimario irá a prisión y seguramente se juntará con sus pares en alguna de ellas y, de alguna manera su juicio seguramente no llegará a condena, como muchos otros procesos aquí en Guatemala y más temprano que tarde volverá a las calles a seguir siendo el sicario de la mara matando a diestra y siniestra a personas que, en realidad no conoce, pero que se le ordena matar. ¿Cindy Ambrosio tuvo la ocasión de defenderse? No, no se le dio ninguna oportunidad ni siquiera de preguntar por qué razón se le disparó, no preguntó que hizo de malo, ni quien ordenó su ejecución, quizá ni el mismo estúpido sicario puede responder a esta pregunta.

Pero para los delincuentes si hay oportunidad de un juicio justo, una defensa pagada por el mismo Estado porque, para variar no la pagan ellos y de que se les “Respete los Derechos Humanos” que ellos mismos violan todos los días. Claro está que el derecho de defensa, debido proceso es un principio que deberá prevalecer es un derecho y una garantía constitucional.  Pero buscar combatir la delincuencia para brindar seguridad ciudadana que también es un derecho, porque el derecho a la Vida es un derecho fundamental que debe protegerse y esto implica desplegar cualquier número de fuerzas de seguridad para aplacar cualquier amenaza.  Seguramente si un gobierno despliega un número fuerte de efectivos de las fuerzas de seguridad, para muchos va a ser acusado de fascista.

 Lo cierto es que, entre el derecho a la vida y el derecho a la libertad no hay mucha distancia y que, en aras de defender el derecho a la vida, los gobiernos deberían de dedicar esfuerzos para hacer realidad esto, pero estos esfuerzos no son ríos de tinta ni miles de papeles, porque de esto no necesitamos mucho, baste ver países como Guatemala para saber que hay una ausencia de seguridad ciudadana y la mayoría de la población vive de rodillas ante la delincuencia.  Una verdad es clara sobre todo esto: La delincuencia hay que combatirla de frente y sin miramientos y que el sistema de justicia cumpla con su función.  Para un ciudadano de a pie, que sale todos los días de su casa rogándole a Dios regresar en la noche para ver a su mujer y sus hijos un día más o para aquel pequeño emprendedor y comerciante que abre su negocio con grandes esperanzas de crecer pero que luego llega cualquier “hijo del vecino” a extorsionarlo exigiéndole casi el ciento por ciento de su ganancia para financiar a las maras y cuyos sueños luego se derrumban porque no puede cumplir, con riesgo de que lo lleguen a asesinar.  Para estos ciudadanos honestos, no les interesa que un Bukele sea autoritario, no les interesa que si se decreta Estado de Excepción, no les interesa que limiten una o cien garantías constitucionales, no les interesa si los mareros en las prisiones les hacen una o mil requisas, si los sacan en paños menores en la madrugada o si hay tanques y miles de policías en las calles.  A estos ciudadanos lo único que les interesa es vivir en paz, conservar la vida, devengar honestamente sus salarios y gozarlos con su mujer y sus hijos, caminar por la calle sin temor a ser asaltados, vivir en donde quieran sin que las maras les cobren extorsión por vivir allí, iniciar sus negocios y prosperarlos.  A estos ciudadanos no les interesa si el gobierno es autoritario o no, simplemente les interesa vivir en paz y libertad.

¿Es mucho pedir esto?  Dejemos la discusión del autoritarismo y el equilibro de los derechos humanos para la academia que le dé soluciones, que pueda determinar hasta dónde llega la exigencia de un derecho humano cuando se ha violado ese mismo derecho humano por delinquir.  Como pueden exigir que los derechos humanos se les respeten cuando ni siquiera han tenido el mínimo interés en hacerlos respetar.

Los derechos de todos los seres humanos no son derechos de ideología como los han querido hacer ver, no son derechos de izquierda ni derechos de la derecha sin derechos para todos los seres humanos sin distingo.  Pero la exigencia de los derechos humanos, no deberá ir acompañado de la complicidad de que el delincuente los tiene y las víctimas no los tienen porque este desequilibrio barato que se han promovido es lo que hace exigencia sería una redefinición de los derechos humanos porque no podemos seguir cerrando los ojos ante la barbarie de la delincuencia sin que se les pueda reprimir como debería ser la obligación del Estado.  Resulta paradójico que cuando un Estado se siente amenazado por una milicia extranjera sin miramientos enlista a cuanto soldado tenga para ir y pelear para defender, con curiosidad la vida y la libertad de sus habitantes y la integridad territorial.  Allí, se deja de lado cualquier respeto que se le tenga al oponente porque la amenaza es letal.

Sin embargo las débiles democracias de hoy día, parecen sonámbulas caminando dormidas, y mientras la delincuencia hace y deshace literalmente matando, extorsionando, limitando la libertad y atacando la vida de los ciudadanos honrados, muchos se sientan en las mesas, hacen congresos y paneles de discusión para analizar si hacer requisas en las cárceles viola los derechos humanos de los detenidos, si hacerlos vestir trajes naranjas o a rayas les viola los derechos humanos a los detenidos, si decretar estados de excepción para combatir la delincuencia organizada como las maras es un símbolo de autoritarismo y violación a los derechos humanos de las maras, sí limitarles las visitas conyugales a los mareros es violación a sus derechos humanos, sí limitarles las comunicaciones con el exterior es violación a los derechos humanos, sí limitarles las visitas es violación a sus derechos humanos.  ¿Y las víctimas, tenían o no tenían derechos humanos?  Por favor, ya no seamos una sociedad sonámbula que no ve que en cualquier país del mundo la delincuencia no se le tolera porque no son angelitos ni niños de primera comunión aquellos que matan a mansalva o decapitan a sus víctimas no importa si son hombres, mujeres o niños.  Creo firmemente que los derechos humanos son para todos los seres humanos, pero que es necesaria una redefinición de estos para no caer en la tolerancia ciega y estúpida que tiene a nuestros países de rodillas ante la delincuencia.

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