Sin clientes, no hay trata

Ventana Cultural

Hace unos años atrás, fue publicado en El Salvador, algo que se puede denominar un escándalo. Un presentador de televisión, que me reservaré de dar su nombre, fue acusado de acoso y prostitución. Según comentaba la nota, las chicas afectadas, se habían acercado a él para cumplir su sueño de ser modelo de televisión.

De esta nota, surge el tema de SIN CLIENTES NO HAY TRATA de la columnista salvadoreña Laura Aguirre. Pero veamos esto en detalle. La trata de blancas, como mejor se le conoce, es un fenómeno antiquísimo. En la antigüedad, no era considerado un delito. En los grandes imperios, por ejemplo: Roma, mientras los manejadores de mujeres, ya sea el proxeneta o la madame, pagara sus impuestos y tenga a su personal en condiciones saludables, y buen ambiente, podían trabajar. Siendo los mismos gobernantes los primeros en pagar por sus servicios.

Muchos, desde tiempos muy remotos, llevaban a sus vástagos a estos establecimientos para tener su primera experiencia sexual. Por ejemplo, el caso de Trajano, el primer emperador hispano. Su padre, Trajano padre, Legatus del ejército romano del emperador Tito, llevó a su hijo para tener su primera experiencia, allí es donde los jóvenes se destacaban, ya sea como buenos amantes con una dama o tenían otras inclinaciones, que, dicho sea de paso, les era muy natural.

En Grecia, por decir otro ejemplo, estaban los diferentes tipos de trabajadoras del sexo: las pornoi o pornai – que de allí deriva el término pornografía, o tratado de las prostitutas o esclavas sexuales – eran esclavas de un proxeneta, que desarrollaba este negocio como forma de generar ingresos pagando un impuesto por este. Muchas de las chicas eran esclavas de origen bárbaro o de otras tribus, su trabajo se desarrollaba en los prostíbulos, y eran frecuentadas por los marineros o gente de escasos recursos. También fue iniciativa de uno de los siete sabios de Grecia: Solón, quien, al observar y preocupado por los ardores de los jóvenes, tomó la iniciativa de abrir casas de paso y de instalar allí chicas compradas. Por supuesto, los atenienses consideraban la prostitución como un componente de la democracia.

El siguiente tipo de trabajadoras sexuales eran las prostitutas independientes que eran las que se encontraban en la calle. – como las que se ven actualmente en nuestra época, solo que estas, así como las pornoi, están manejadas por un proxeneta- Estas prostitutas son de orígenes diversos: mujeres metecas – griegas y extranjeras libres que estaban establecidos en el Ática sin ser ciudadanos atenienses. No tenían derechos políticos, pero tenían la obligación de participar en la guerra, estar registradas y pagaban un impuesto anual especial – que no encuentran otro empleo en la ciudad de llegada, viudas pobres, antiguas pornai que han logrado independizarse. Se puede, también, incluir en esta categoría a las músicos y bailarinas que ofician en los banquetes masculinos. Aristóteles, en la Constitución de los atenienses (L, 2), menciona entre las atribuciones específicas de diez magistrados (cinco intra muros y cinco para el Pireo), el ἀστυνόμοι, astynómoi, o cargo de velar por que «las instrumentistas de flauta, de lira y de cítara no sean alquiladas por más de dos dracmas por noche»; queda así claro que los servicios sexuales eran claramente parte del alquiler, cuyo precio, a pesar del control practicado por los astynomes, tiende a ser más elevado cuanto más corre el tiempo.

Y, el más elevado tipo de trabajadora sexual es la hetaira. Constituyen la categoría más alta de las prostitutas, no se contentan solo de presentar servicios sexuales, hetaira quiere decir compañía. Así como las geishas japonesas, tienen una educación esmerada, pueden participar de las conversaciones de gente cultivada, únicas entre las mujeres de Grecia y pueden administrar sus bienes. La hetaira más famosa es Aspacia, la amante de Pericles. Se dice que ella atraía a su casa a Sófocles, Fidias y a Sócrates y sus discípulos. Según dice Plutarco: “domina a los hombres políticos más eminentes e inspira a los filósofos un interés nada despreciable”. Las hetairas también practicaban el sexo sagrado o prostitución sagrada en honor a Afrodita.

Estas prácticas fueron erradicadas con la llegada del cristianismo y las religiones patriarcales que hicieron del acto sexual, una visión aberrante, que solo puede practicarse en el matrimonio para la procreación de los hijos.

En la actualidad, la trata de blancas trae consigo otros fines. Muchas veces, es el aprovechamiento de la inocencia y los sueños de muchas mujeres y jóvenes que buscan realizarse como modelos, en televisión o cualquier medio del espectáculo, o, que son engañadas con tener una mejor vida en otro país. Mucha gente está buscando mejorar su status que en su país o provincia no les puede dar.

Si nos remontamos en la historia, que, quien no conoce la historia está condenado a repetirla. La esclavitud siempre ha existido, y la trata de blancas es “el oficio” más antiguo que hay, solo que, en este tiempo, no se ha encontrado una solución para lidiar con esto considerado flagelo de la sociedad. Bien es sabido que, todo lo que es prohibido, se vuelve altamente deseable para todo ser humano.

Aunque se puede decir que este escrito romantiza estas actividades, no hay nada más alejado de la realidad. Sólo se busca dar un enfoque histórico a una problemática que dista en gran medida de solucionarse. Tomemos en cuenta que hay gente que no conoce otra forma de subsistir, y solo encuentran esta manera de hacerlo.

Ahora, cuando se habla de prostitución, no solo es cuestión de la mujer que se ve obligada a vender su cuerpo para dar placer a otra persona. También podemos hablar de la prostitución del Estado, de las artes y de la historia, que, en la actualidad, se han vendido al que mejor les pague. Creando así, un Estado sumiso, obediente, las artes, aparte de mancilladas, bajando de calidad y nivel de expresión, y la historia, ni se diga, conociendo la historia que nos cuentan los libros sin investigar más sobre los temas.

La gente tiene razones de sobra para ser como es, por lo que tiene en su corazón y su mente. Y, lo aceptemos o no, nos guste o no, es la realidad que vivimos y que debemos pasar, pero, a la vez, estudiar a fondo, para saber cómo actuar para paliar esta realidad.

La esclavitud, como hemos visto más arriba, no ha cesado por más que se decreten leyes de protección en contra del abuso, la violación o demás temas que, actualmente, copan la mesa de todos los países y sus políticas públicas que, en lugar de ayudar, lo que hacen es socavar más la problemática dando un enfoque totalmente arbitrario y mezquino.

La trata de blancas y la prostitución han existido a lo largo de la historia. Es algo que no podemos cerrar los ojos ante ello. Aunque todas las leyes de abolición de la trata de blancas, clandestinamente, grupos de poder y, los que dicen defender las leyes, en cierta medida, apoyan estas actividades de manera clandestina. En lugar de reforzar leyes y oprimir, es bueno buscar una salida más viable para esta problemática, ya que, a ojos vista, está lejos de resolverse.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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