El espíritu de aquel tiempo

Sueños…

En esta semana de descanso febril, quiero recordar una época de juventud.

Es una semana especial en la cultura mundial. Una época de relajación, descanso, revisión espiritual de nuestras vidas. Me he levantado recordando mi vida de joven que ante la vejez muestra su íntima afinidad, y la ruptura con un pasado que no volverá.

Los valores y la fortaleza de nuestro ser siempre se enfrentan a nuestras debilidades. Hoy coloco un retrato de la antigüedad frente a la última realidad, y lo hago para lograr un efecto de luz y contraluz en contra de mi mismo, para poner de manifiesto, por medio del contrapunto, las cualidades y defectos, que nunca quedarán ocultos.

La comparación con el pasado enriquece, pues realza los valores y las posibilidades, frente a la realidad de lo no alcanzado. Por una visión materialista abandoné muchas veces la proyección espiritual, es decir la necesidad de la bondad, la amistad, el cariño y el respeto.

Hoy me dejaré arrastrar por los sueños de aquel momento. Hoy me pregunto si en realidad lo místico puede ser encerrado dentro de ciertos límites, o tal vez pueda tocar el infinito. Quién es primero, el espíritu o la materia, ha desvelado a los filósofos por siempre. Las respuestas son contundentes, aunque fragmentarias. El pensamiento materialista o idealista es arrojado por fuerzas poderosas a un torbellino de pasiones. El ser humano pasa rápidamente por la vida. El ser humano es permanente y vive en la incertidumbre del azar. El individuo es pasajero y construye sin saberlo el futuro de toda la especie.

Será que los humanos simplemente cumplen en su individualidad el papel que les ha sido asignado por la creación, y del que no pueden separarse. Será que solamente somos comparsas de una fuerza universal que ya nos diseñó para cumplir una misión universal, infinita, elemental.

A propósito de esta semana que estamos viviendo, recordemos un ejemplo de literatura universal sobre la que se construye nuestra existencia:

Ya en el Génesis asistimos a una elocuente farsa:

-El Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?».

-Adán: «Oí tus pasos por el jardín, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí».

-Dios: «¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?».

-El hombre respondió: «La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él».

-Dios dijo a la mujer: «¿Cómo hiciste semejante cosa?».

-Eva: «La serpiente me sedujo y comí».

-Dios: «Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará».

Será que nosotros somos una pequeña partícula de aquel caos primitivo, y que nuestra alma nunca pudiera comprender el milagro de la creación. Somos pensantes por una ley material de la naturaleza, que en todo lugar que se genere vida terminará creando un ser pensante, con la limitación de no comprenderse a sí mismo, o seremos la evolución de un espíritu universal, que flota sin sentido, disfrutando de una conciencia efímera.

Eso me lleva al recuerdo de esta charla. Mi vida en la escuela secundaria, mi vida en la Escuela Normal. Recuerdo, como si fuera hoy, aquella fría mañana del mes de enero de 1967, bajo una leve llovizna tenaz, cuando salté por primera vez del bus, que me había de traer durante seis largos, tenebrosos y vibrantes años, desde los Cipresales de la zona 6, hasta el vetusto y legendario edificio de la gloriosa Escuela Normal Central para Varones.

Con ellos venía la ilusión de ser maestro, y por medio de la enseñanza romper con las tinieblas de un país analfabeto, desnutrido, y lleno de encantos de la naturaleza y la historia prehispánica. Fueron cerca de 600 metros que tuve que caminar, día a día, durante seis entrañables años, acompañado de centenares de jóvenes y enérgicos muchachos que con paso lento y alegre atravesábamos el Bulevar histórico. Para continuar por el paso de las Termópilas entre la ternura de los animales enjaulados como ciudadanos, del parque zoológico y la que sería centro de pasiones y fusión de sueños y desilusiones la mítica Mariposa.

Aquellos años dieron forma a mi vida. Siempre me ha de cruzar el alma una sensación de orgullo y desilusión. Allí conocí jóvenes tan vibrantes, tan llenos de vida, quimeras y sed de cultura. Saber que se perdieron vidas tan valiosas, algunas de las cuales solo recuerdo por un apodo, que era impuesto por la doble cultura de aquellas generaciones centenarias. Por un lado, el afán de esconder la personalidad para no ser detectados por un enemigo difuso, intolerante y macabro. Por otro lado, para dar rienda suelta al afán picaresco de la juventud, al burlarnos de nuestros compañeros adolescentes, nos burlábamos de nosotros mismos.

Parece que mi vida, y la de aquellos muchachos tenía como sentido la lucha por la libertad y la justicia, allí se perdió nuestra vida y empezó el ocaso. Seguramente, nuevas generaciones podrán enfrentar el reto de construir una sociedad mejor, más tolerante, más inclusiva, y sobre todo más respetuosa del resto de seres vivos. El espíritu, la naturaleza necesitan esas rebeliones, esos excesos que levanten las banderas del optimismo por un mundo mejor.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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