Transformar para vivir

Tanmi Tnam

Está en curso esta semana de mucho significado para un buen porcentaje de guatemaltecos debido a la conmemoración de un hecho de trascendental importancia en la vida de quienes se identifican con el cristianismo. A ellos de manera respetuosa se les recuerda que tengan presente a los que sufren por motivos económicos y políticos en Guatemala. Mientras pasa con mucha pompa la celebración de la Semana Santa, otros gozan de parrandas sin parar, la vida es para disfrutar porque vamos de paso dicen muchos, otros prefieren olvidar sus penas con algunas copas de bebidas espirituosas para olvidar las penas, otros salen de vacaciones a disfrutar la vida y en tanto otros planifican cómo seguir explotando a los más desdichados. El mundo es así, diverso, complejo y contradictorio.

Guatemala se caracteriza por tener población que cree en un Ser Superior y con autoridades del más alto nivel, que apoyan que el país sea capital Pro vida, pero en la realidad, uno que otro o tal vez ninguno se acuerda de los que sufren todos los días y de generación en generación.  El sufrimiento de los empobrecidos, el calvario de los marginados y desnutridos es la nota común de la cotidianidad. Mientras algunos toman los mejores vinos, en otras partes de la patria, otros mueren por tomar licores baratos y de baja calidad; unos pocos con los mejores servicios privados de salud en tanto muchos enfermos de escasos recursos no encuentran atención médica ni medicinas y entonces mueren irremediablemente. 

Mientras pocas bocas y pocos estómagos disfrutan de mejores caldos de mariscos y buena carne de pescado, la mayoría solamente traga saliva porque no hay dinero por falta de fuentes de trabajo o por los pocos quetzales que recibe a cambio de su fuerza de trabajo. En estas condiciones, cualquier conmemoración de contenido espiritual pierde sentido.

Los que anuncian vida y salvación en un contexto donde los que controlan el poder gozan de la corrupción y de la impunidad, pero la mayoría vive los efectos de la injusticia, la falta de democracia, la inequidad y la desigualdad. Este país es la capital del subdesarrollo cuyo orgullo son los indicadores de pobreza, desnutrición y hambre. El calvario de muchos continúa, porque muchas personas ofenden y desprecian la vida de la tierra tan solo por acumular dinero, mientras una gran mayoría, en medio de su pobreza defiende la vida humana y la de la naturaleza, con alto riesgo de que sus líderes sean perseguidos, secuestrados, encarcelados o desaparecidos.  Ante este cuadro de tristeza y terror todos guardan silencio.

Mientras se rememora el significado de los hechos de la Semana Santa en el centro de las calles rodeadas de grandes mansiones, sucede que en los barrios marginales los empobrecidos escenifican pobreza, miseria y desnutrición.  Allí desfilan niños descalzos y con hambre.

En este país de injusticia, de excluidos y de discriminados, es justo pedir a todas las personas y pueblos de Guatemala que agreguen a su conocimiento y reflexión aquellas palabras y acciones que sirven para identificar, reconocer y apreciar al prójimo de todas las condiciones socioeconómicas y culturales. Recuperar aquellas palabras y actitudes que reconocen la vida y la dignidad de las personas y de los pueblos.  Es necesario ejecutar acciones que propicien mejores condiciones de vida de pueblos enteros que actualmente viven en pobreza y miseria. Las hijas e hijos del Creador de cualquier condición y etnia merecen vivir plenamente. No más sufrimiento y calvario. A trabajar por el reconocimiento de los pueblos, la justicia, la igualdad y la paz.

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