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Renacer del cristianismo

Antropos

Al menos desde mi punto de vista, sostengo que vivimos una crisis de credibilidad. Se ha perdido la confianza en las instituciones del Estado y en muchas cosas más. Vivimos momentos de grandes remolinos con vientos fuertes que se entrecruzan generando una diversidad de conflictividad humana. No hace poco estaban las guerras en el medio oriente, Afganistán, Irak, Irán, y hoy hay dos naciones enfrentadas Rusia y Ucrania. Mueren seres humanos y se destruye la infraestructura que tanto costó construir. El mundo sufre las consecuencias porque sube la gasolina, el diesel, el gas, los fertilizantes agrícolas se encarecen previendo un problema en la seguridad alimentaria. Y la guerra sigue con estela de tragedia humana. Se ha perdido el sentido de la vida y pareciera que la irracionalidad violenta de las armas y lenguaje virulento, se ha convertido en la razón de ser, de los intereses geoeconómicos. Dios quiera que la armonía y la paz, vuelvan a florecer como capullos al amanecer.

En estos días aciagos, y apenas recién pasada la Semana Santa, creemos que tal y como lo demuestran las palabras del Papa Francisco, se vuelva a trazar el renacer del cristianismo inspirado en la vida y enseñanzas de Jesús de Nazareth en el compromiso con los pobres, como lo afirma el teólogo José Anleu, es necesario “comenzar con los pobres para llevar a cabo la más alta misión humana que conocieron los tiempos, atribuirles la dignidad que nuestra sociedad y nuestra justicia les niegan. Jesús no hace de los pobres meros sujetos pasivos de una caridad y ayudas, sino que los hace sujetos activos de su mensaje ético”.

El principio ético del cristianismo con los sectores marginados se expresa en Gálatas 2,10: “solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres”. Esta misión propia de Jesús, la trasladó a sus discípulos, y en ello radica su dignidad. A esta firmeza de compromiso con los pobres se hilvana el principio del amor. Ser cristiano consiste en asociarse con el amor de Cristo, vivir de ese amor y formar parte de la obra redentora. El pobre es un sujeto activo, que en un proceso de autodeterminación solidaria es capaz de construir una sociedad justa y fraternal.

En sus múltiples prédicas, el Papa Francisco condena la desigualdad y los excesos del “lucro excesivo” y encamina sus palabras para que los más adinerados compartan sus riquezas y respeten el derecho a una vida con calidad.  En la Encíclica LAUDATIO SI, afirma que “en las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los pobres”.

Esta corriente renovadora que predica el Papa Francisco, fortalece el criterio ecuménico de apoyarse en lo “verdaderamente humano”, como  una práctica religiosa que alimente la dignidad de la humanidad en sus más altos valores. Este cambio es el fruto de largos años de reflexión que tiene sus orígenes en el Concilio Ecuménico II de 1960 y de los Encuentros del Episcopado como fue el de Medellín en el año de 1968, fuente inspiradora de la Teología de la Liberación.  En tal sentido, dice la ENCICLICA LAUDATIO SI, que “la política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en dialogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana”.

Porque, dice la ENCICLICA, “la espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo”. Estas palabras inspiradoras, se articulan con la corriente que ha surgido en el mundo urgida de una política moderna y de avanzada que está luchando en diferentes países para establecer la democracia social en el poder y por un nuevo modelo de desarrollo económico que genere justicia, respeto a la dignidad humana y a la de los pueblos del mundo entero, no a la guerra y si a crear mejores condiciones para la convivencia, el respeto a la naturaleza y mayor bienestar para la población en general. Esencialmente se trata de reducir la desigualdad, crear un Estado regulador y promotor de mayores inversiones y oportunidades, así como de más contenido social cercano a los sectores más desprotegidos de la sociedad.

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