Consuelo Porras y una corrupta comisión

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Cuando, en febrero del presente año, la Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la República, Consuelo Porras, anunció o reconoció su intención de ser candidato a ejercer esa jefatura y esa fiscalía durante el siguiente período, pronto surgieron agentes nacionales, extranjeros e internacionales que pretendieron impedir que tuviera esa opción. Pretendieron, pues, que no le fuera permitido ejercer un derecho que la misma Ley Orgánica del Ministerio Público le otorga.

Algunos de los agentes nacionales eran miembros de esas organizaciones cuyo nombre arrogante intenta ocultar su miserable irrealidad, o su impune ilegalidad o su ridícula ficción. Algunos de los agentes extranjeros eran políticos de países de Europa, y de Estados Unidos de América y de Canadá. Algunos de los agentes internacionales eran funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

¿Por qué la pretensión de impedir que Consuelo Porras tuviera aquella opción? Con Consuelo Porras el Ministerio Público y la Fiscalía General de la República ya no fueron instrumentos para perseguir enemigos políticos e ideológicos, ni para amenazar a empresarios, ni para extorsionar a inocentes o inventar testigos, ni para conceder privilegiada impunidad. Ella destituyó a los fiscales que actuaban sometidos al colombiano Iván Velásquez, ex jefe de la extinta organización criminal denominada “Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala”, y a su socia Thelma Aldana, ex Jefe del Ministerio Público y ex Fiscal General de la República, actualmente fugitiva. Y la izquierda nacional perdió el poder que tenía para dirigir la persecución pública penal de sus adversarios.

Había que impedir, entonces, que Consuelo Porras nuevamente fuera jefe de aquel ministerio y fiscal general, y posibilitar que fuera designado aquel que estuviera dispuesto a volver a aquella persecución, amenaza, extorsión, corrupción del testimonio y privilegiada impunidad; y también dispuesto a devolver a la izquierda aquel perdido poder.

Los agentes fracasaron: fue legalmente imposible impedir que Consuelo Porras fuera miembro del grupo del que serían seleccionados los seis candidatos entre los cuales el Presidente de la República debía designar al nuevo Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la República.

Ahora había que intentar impedir que ella fuera uno de los seis candidatos. No importaba que, como mostraban las pruebas a que fueron sometidos todos los pretendientes a la Jefatura del Ministerio Público y Fiscalía General, ella fuera la más idónea.

Los miembros de la Comisión de Postulación que debía seleccionar a los seis candidatos plácidamente lograron seleccionar a cinco de ellos. Consuelo Porras fue excluida, aunque todavía podía ser el sexto candidato. Empero, se dificultaba seleccionar a ese sexto candidato. Y se violaba el artículo de la Ley de las Comisiones de Postulación, que ordena que uno de los principios de selección de los candidatos sea la “excelencia profesional”.

Fue evidente que la comisión era corrupta, no por la actuación de todos sus miembros sino por la actuación de aquellos cuya misión era precisamente impedir que Consuelo Porras fuera uno de los seis candidatos, aunque tuviera la mayor idoneidad, y aunque se demorara y hasta se imposibilitara seleccionar al sexto candidato.

La Corte de Constitucionalidad intervino y ordenó que la comisión seleccionara inmediatamente al sexto candidato, que debía ser el más idóneo. Y obligadamente Consuelo Porras fue seleccionada. Nuevamente aquellos agentes  fracasaron. Consuelo Porras es ahora uno de los seis candidatos entre quienes el Presidente de la República designará al próximo Jefe del Ministerio Público y Fiscal General, que fungirá a partir del próximo 16 o 17 de mayo.

Post scriptum. Los agentes nacionales, extranjeros e internacionales tienen una instancia última. Es el Presidente de la República, a quien quizá intentarán obligar a abstenerse de designar a Consuelo Porras. Ansío que, en un acto de sabia iluminación divina, de coraje patrio y de viril desafío al intimidante poder extranjero e internacional, el Presidente de la República la designe.

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