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Poema de amor de Roque Dalton

Ventana Cultural

Hace poco volví a leer el poema de amor del poeta Roque Dalton, asesinado por sus compañeros de lucha un 10 de mayo de 1975, a pocos días de cumplir 40 años de edad el 14 de ese mismo mes, que se conmemora el día del poeta salvadoreño.

Fue un poeta y escritor del pueblo. Su pluma y su pensamiento fueron sus únicas armas. Por supuesto, para hacer una revolución como la surgida en Cuba en 1960 que derrocaron a Fulgencio Batista, o la guerra civil salvadoreña que estalló 20 años después, la pluma y el papel son irrelevantes para el fin que se esperaba.

Para la revolución, es necesario armar a la gente que rodea al gobierno, porque no podemos hacerla con pupusas ni kola shampán, pasando a la gastronomía salvadoreña las palabras del fallecido y derrocado presidente de Chile, Salvador Allende.

Yo no había entendido el poema, tal vez porque no me identificaba con muchas características que menciona Roque en él. Pero, ahora viéndolo con otros ojos, esas características que describe Dalton en su momento, aunque fueron los salvadoreños de la primera mitad o tercer cuarto del siglo XX, aún siguen presentes. Son todo lo que él mismo menciona.

El poema de amor no iba dirigido a la tierra como muchos poetas le cantan, él le canta a la vida cotidiana, alza su voz por los más desprotegidos. Porque demás está que el poeta, no solo debe cantarle al árbol al sol o a las estrellas, también debe alzar su pluma para denunciar las atrocidades que se comenten en contra de sus semejantes.

El Salvador, no es la alfombra de las grandes transnacionales o empresas extranjeras, como ha sucedido siempre. El país le pertenece a la gente que se mueve a pie. Que vende cualquier cosa, los frutos que corta de su huerto para venderlos en el mercado, los dulces que consigue para vender y llevarse un mendrugo de pan a la boca. Esos son los salvadoreños que habla Roque Dalton en su poema de amor y que sigue vigente hasta la fecha.

En lugar de ver tanto para arriba, hacia nuestra estrella, como diría Plotino, también tenemos que ver los pasos que nos llevan a ella, y de paso, observar si no nos llevamos entre las piernas a nadie más. Como lo que está pasando en el país con la ampliación de la ley de excepción.

El Salvador está viviendo uno de los períodos más negros de su historia. La ley de excepción vino a menoscabar la poca dignidad de la gente. Por buscar combatir la delincuencia, están pagando justos por pecadores. Y, según leí en la constitución de El Salvador, la ley de excepción se da en caso de guerra, invasión del territorio, rebelión, sedición, catástrofe, epidemia u otra calamidad general o de graves perturbaciones de orden público, etc.

El Salvador firmó los acuerdos de paz el 16 de enero de 1992. No hay guerra de guerrillas, ni la guerra civil que cegó la vida de miles de personas en los años 80´s. Tal vez, Centroamérica no sea productor de coca o de mariguana o cualquier otra opiácea, pero es uno de los corredores donde atraviesa el narcotráfico y el narcomenudeo. Según dicen algunas fuentes, las maras se dedican al tráfico de drogas también.

El retroceso que da El Salvador a las décadas de los 60, 70 u 80 es gigantesco, así como lo fue durante la época de la guerra civil, pero, según los registros históricos, la guerra terminó con los acuerdos de paz de 1992. Pero la represión continúa hacia aquellos carentes de recursos económicos. Recordemos la matanza de 1932 perpetrada por el General Maximiliano Hernández Martínez, donde fueron asesinadas aproximadamente unas 30 mil personas entre civiles y campesinos acusados de consumar la rebelión que protestaba por el fraude en las elecciones municipales. La ruptura del partido comunista y las migraciones a Estados Unidos que fueron la forma de las familias más necesitadas de conseguir una vida digna.

También, al llegar a Estados Unidos, la vida marginal que tenían, los obligó a aliarse a grupos delincuenciales como una forma de ganar dinero fácil. Todo esto se agravó con la guerra civil, muchos emigraron hacia el norte con la esperanza de cumplir el “sueño americano” topándose con una realidad peor o igual de la que salieron. Las deportaciones han sido la clave para que estos grupos, como mencioné en un artículo, coquetee con las ligas mayores de la delincuencia y el narcotráfico.

Lo que los medios oficiales no dicen, y el mismo Platón, en sus diálogos con Sócrates transcriptos y retomados en la República mencionan, es que un Estado donde la anarquía es la que gobierna, es un estado enfermo, y prepara su campo para la tiranía.

El aumento de las migraciones, la prostitución forzada, por no tener otra forma de subsistir, son detalles mínimos de las carencias que se ven, aunque se quieran ocultar, que tiene el Estado y sus representantes. La educación, los demás ministerios no han podido paliar de ninguna manera, la problemática que viene acarreando el país por años.

¿Será que El Salvador está volviendo a la época de la guerra civil? La pregunta chocaría a muchos sectores que aplauden esta medida que, el fin de semana se aprobó la ampliación del estado de excepción. Y El Salvador, visto desde afuera, se está cayendo en picada y el piloto sin capacidad de maniobra.

Lleva razón Roque Dalton al describir al salvadoreño como: los siempre sospechosos de todo, los sembradores de maíz en plena selva extranjera, los que nunca sabe nadie de donde son, los mejores artesanos del mundo, los que mueren cosidos a balazos por cruzar la frontera, los que murieron de paludismo de las picadas del escorpión o la barba amarilla en el infierno de las bananeras, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros. Tomé algunas de las descripciones, pero son los adjetivos que califican al salvadoreño. No al que vive en zonas de alto poder adquisitivo, sino aquellos que viven aledaños a las grandes residenciales, o los que viven cerca de las quebradas, caseríos, cantones en el interior del país.

Si realmente queremos un país diferente, la forma en como se está manejando esto de la mafia de las maras, es por la falta de educación. Y no es la instrucción académica la que hace falta esa sobra y es de mejorar su calidad, también caben mencionar a las instituciones fallidas desde hace décadas, la formación dentro de la familia, el fortalecimiento de esta.

Debemos si no, des educar y re educar y formar a los padres y jóvenes actuales para que puedan ser guías y orientadores de sus hijos. No con la enseñanza que normalmente se da, lo que se observa es que una de mujer no puede velar por sí misma ni valer porque tiene que estar pendiente de los demás, sino es tachada de egoísta y mala hija. O al varón que tomar y fumar los hace hombres, así como golpear a la mujer es muestra de hombría.

No todos los que se tatúan son delincuentes. Como mencioné antes, el tatuaje es una forma de expresión, una forma de pertenecer a algo. No todos los que tienen tatuados las letras MS son mareros, muchos de ellos han desertado de las maras para rectificar sus vidas. Condenados a morir por desertores. Pero los que no están en las maras, y son acosados por estas, también están condenados a morir por su decisión.

La violencia genera más violencia, y esta guerra lo que va a provocar son más muertes, llantos, luto, angustia, zozobra y desolación.

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