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Algunas palabras al trabajador

Tanmi Tnam

Con mucho respeto y admiración a las mujeres y hombres que, durante muchas horas al día, con su esfuerzo, el uso de sus conocimientos y sus experiencias producen lo que otras personas necesitan: servicios públicos en las oficinas, productos en las fábricas y los que producen en el campo para el consumo de todos.

Al trabajador que vive en el olvido, sale muy temprano y regresa a casa entrada la noche. Este trabajador humilde y honrado, solamente ha tenido la oportunidad de vivir un día más, el obtener alguna paga mínima que le servirá para comprar algunas libras de maíz y alguna onza de chile para sobrevivir otros días más. Aun en estas condiciones agradece por su vida y por la de los demás. Al trabajador que afana sin descanso, no tiene información alguna sobre el funcionamiento del Estado, no conoce al Ministerio de Trabajo, tampoco conoce que hay instituciones dedicadas a propiciar el desarrollo de la población empobrecida del país. Es el trabajador que vive fuera de la realidad de las normas que velan por las condiciones del trabajo.

Al trabajador que, de Sol a Sol, siembra verduras y frutas que comen los trabajadores mejor pagados con dinero del pueblo pero que en nada se acuerdan de este grupo de trabajadores que con su trabajo cuidadoso hace producir la Madre Tierra. Este es el trabajador que con los callos de sus manos labra la tierra y siembra las semillas donde brotan las esperanzas de que todos los guatemaltecos tengan comida.

El trabajador que vive en los alrededores de las ciudades que perdió su trabajo por la pandemia del Coronavirus, ahora trabaja un día sí y tres días no, a veces pide apoyo en las calles y come una vez al día. Es el trabajador que emigró de su comunidad rural con la creencia de que en la gran ciudad hay mejores condiciones de vida. A la mujer que trabaja muchas horas al día: las que labran y siembran la tierra, las que están al frente del hogar y luchan porque sus hijas e hijos estudien. A la mujer que trabaja con familias en las ciudades, sin seguro, sin capacitación y en muchos casos recibe malos tratos. A la mujer portadora de valores, conocimientos y tecnología. A todas, a cada una, nuestros agradecimientos.

Al trabajador que, sin estar afiliado al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, tampoco goza de un seguro privado, no cuenta con prestaciones y que seguirá trabajando hasta que las fuerzas se le acaben, hasta que las habilidades presenten dificultades y hasta que los conocimientos se alejan en el pasado y lo único que espera es el final de la vida. Al trabajador que hace hermosos muebles, al que deja guapos a mujeres y hombres con el corte del cabello, a quienes tejen hilos, colores y símbolos para vestir a todos, al trabajador que genera melodía para que otros bailen, a quienes construyen casas bonitas. A ellas y a ellos nuestra gratitud.

Al trabajador público que aprovecha el puesto para apoderarse de bienes públicos, que sirva el ambiente conflictivo y el empobrecimiento de otros hacia una reflexión profunda y abandone la pérdida de tiempo y el no hacer un esfuerzo por la pertinencia del servicio que genera para el contexto nacional. No más corrupción.

Para las trabajadoras y trabajadores del campo, en los suburbios y en las áreas con extrema pobreza es necesaria la creación de proyectos y programas que fortalezcan los medios de vida, regionalizar las oportunidades de trabajo para el desarrollo humano en todos los rincones del país, educación gratuita y crear centros de formación en producción tanto desde la visión ancestral y las exigencias laborales del siglo 21.

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