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Los enemigos extranjeros de Consuelo Porras

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Los enemigos extranjeros de Consuelo Porras, Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la República, son aquellos que se oponen a que sea designada para fungir durante el siguiente período de esa jefatura y esa fiscalía. Esos enemigos son políticos de países de Europa, y de Estados Unidos de América y Canadá, que cooperaron con la insurgencia guerrillera.

Son aquellos políticos de aquellos mismos países, que actualmente financian a quienes promueven la persecución penal, el proceso judicial y la condena de los militares que combatieron exitosamente a la guerrilla y la obligaron a celebrar los llamados “acuerdos de paz”, que eran tan ilusorios como consolatorios.

Y son aquellos políticos, también de aquellos mismos países, que actualmente financian actividades insurgentes, tan ilegales como impunes, cuyo subyacente y ardiente propósito es instituir, en nuestro país, un régimen socialista, es decir, un régimen de opulencia de los gobernantes y opresión de los gobernados, o un régimen de señorío de los gobernantes y servidumbre de los gobernados.

Esos políticos se oponen a la renovada designación de Consuelo Porras precisamente porque ella no ha estado dispuesta a perseguir penalmente, por motivos ideológicos o políticos, a los militares que sepultaron las pretensiones de la insurgencia guerrillera. Ni ha estado dispuesta a conferirle impunidad a los agentes nacionales que, mediante actos subversivos, sirven al interés de aquellos políticos. Ni ha estado dispuesta a ser servidora del embajador de Estados Unidos de América, flagrante violador del acuerdo de Viene sobre relaciones diplomáticas, y por ello, merecedor de que urgentemente sea declarado no grato, o merecedor de una pronta expulsión del territorio de nuestro país.

Esos políticos también se oponen a la renovada designación de Consuelo Porras porque ella ha expulsado del Ministerio Público a fiscales que los complacían, y ha emprendido la persecución penal de jueces que también los complacían. Y esos fiscales y jueces han eludido el proceso penal y se han convertido en miserables fugitivos, que hasta han sido compadecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es una explicable compasión: esa corte es un ejemplo de corrupto órgano judicial internacional.

El Señor Presidente debe designar, durante los próximos días, al nuevo Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la Nación. Él mismo informó que, sobre tal designación, le dijo al embajador de un país “imperial” que la soberanía de Guatemala debe ser respetada. Colígese que el embajador pretendía obligar al Señor Presidente, quizá mediante una tácita amenaza, a no designar a Consuelo Porras. Opino que el Señor Presidente debe denunciar a tal embajador, y declararlo no grato, o expulsarlo.

Consuelo Porres es uno de los mejores de los seis candidatos entre los cuales el Señor Presidente debe designar al nuevo Jefe del Ministerio Público y Fiscal General de la Nación. Por supuesto, puede no designarla; pero el motivo no tendría que ser un abusivo mandato de aquellos políticos de países de Europa, o de Estados Unidos de América, o de Canadá. El motivo tendría que ser la racional convicción de que ella no es el mejor candidato. Empero, si tal convicción es que ella es el mejor candidato, debería designarla, aunque tiemblen aquellos mismos políticos.

Post scriptum. Presumo que el embajador del país “imperial” fue el embajador de Estados Unidos de América. Si fue él, declararlo no grato o expulsarlo sería quizá el mejor acto de gobierno del Señor Presidente. Sería el mejor, ya que no sé de algún otro acto que podría serlo.

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