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Misión de la Universidad de San Carlos:

Antropos

Enfrentados ya al siglo XXI experimentamos los procesos de transformación que viven las instituciones universitarias que se expresan de manera principal en una serie de tensiones entre las concepciones universitarias tradicionales y las emergentes, entre posiciones que demandan una mayor funcionalidad de la institución frente al aparato productivo y las que reclaman un mayor compromiso de la universidad en términos de democracia y equidad social, entre una visión pragmática y profesionalizante de los saberes y otra que promueve el valor del conocimiento y su avance. En esa variedad de discusiones, que ilustran sólo algunas facetas de la universidad de nuestro tiempo, es posible encontrar una certidumbre: la institución universitaria está inserta en un profundo proceso de cambio, y de manera simultánea, vive una vez más, una intensa fase de reconceptualización sobre sí misma.

Es un hecho entonces que la riqueza de nuestra sociedad depende en gran medida del desempeño de nuestras universidades y de manera particular en la sociedad guatemalteca, de la Universidad de San Carlos a través de sus contribuciones para construir capital humano y conocimiento acumulado. Pero también es un hecho, que en una sociedad convulsa políticamente como la nuestra, resulta interesante destacar  de manera directa o indirecta, la salud política,  que depende también, de la educación superior para contribuir a mejorar oportunidades a la sociedad.

Efectivamente, la universidad es la institución más importante en el proceso de producción y distribución del conocimiento, dando cabida a la mayoría de las ciencias y a un complejo sistema de publicaciones que difunden sus saberes. La universidad imparte competencias para una gama de profesiones, pero a su vez, también participa en la función política de la sociedad al generar espacios de pensamiento y acción política.

En cuanto a la misión de la Universidad de San Carlos, esta se desprende históricamente desde sus propios orígenes a mediados del Siglo XVl, pero fue en el marco de la revolución de Octubre de 1944, que se distingue a la universidad con el sello de la autonomía, establecida no sólo en las diferentes constituciones que han existido hasta la fecha, sino en su Ley Orgánica. A su vez, se crea la Facultad de Humanidades para dar un giro al anterior modelo universitario. En ese sentido, su primer decano Rodolfo Roltz Bennett, afirmó que “todo universitario para obtener su grado, ha de acreditar un mínimo de estudios generales, principalmente en lo que se refiere a los problemas de la comunidad nacional. No debe permitirse la graduación de un universitario que carezca al menos, de un conocimiento básico y sistemático de la realidad histórica, social y antropológica de su medio nacional”.

Dicho en otras palabras, la universidad que merece ese nombre no puede limitarse a preparar profesionistas o técnicos. Tiene que enseñar a aprender y  enseñar a investigar, tiene que hacer  de sus estudiantes y profesores el dominio y el gusto de la lengua propia, de las matemáticas, de las ciencias naturales y sociales, de las humanidades, las artes y las técnicas. Todo universitario tiene que enriquecer su cultura general con autores universales y nacionales y con el conocimiento cuidadoso de su entorno, de su lugar de trabajo, de su comunidad, y en lo que pueda del mundo y del universo. Obviamente que para alcanzar estos grandes objetivos, necesitamos del apoyo del  Estado, la sociedad política, la sociedad civil. Pero sólo lograremos ese apoyo, en la medida que sepamos organizarnos para ser una gran universidad. Y aquí, habrá que resaltar los términos cualitativos y cuantitativos. Porque podemos ser una universidad muy grande y de altísima calidad siempre que nos organicemos como un sistema complejo y autorregulado.  

Precisamente en el Plan Estratégico de la Universidad de San Carlos, se afirma que la visión de la “institución de educación superior estatal es autónoma, con una cultura democrática, con enfoque multi e intercultural, vinculada y comprometida con el desarrollo científico, social y humanista, con una gestión actualizada, dinámica, efectiva y con recursos óptimamente utilizados para alcanzar sus fines y objetivos, formadora de profesionales con principios éticos y excelencia académica”.

Siendo entonces la única institución de educación superior pública en el país, la misión de la Universidad de San Carlos tiene que ver con la solución de los problemas nacionales. Por ello es que es parte de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, de la Corte de Constitucionalidad, de la Junta Monetaria y participación en comisiones para elegir al Contralor General de la República y del Fiscal General, así como de los Magistrados de la Corte Suprema. Simultáneamente para cumplir estos fines y misión, la universidad cuenta con un conjunto de unidades académicas, institutos de investigación, bibliotecas, laboratorios, acciones de extensión universitaria a través del Ejercicio Profesional Supervisado.

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