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Mercados alterados (BTC, ¿tan mal?)

Idealis Mundi

Los principales índices de Wall Street caen con fuerza. En lo que va de año, el Nasdaq 100 se deja un 26,91%; el S&P 500 retrocede un 17,72% y el Dow Jones pierde un 13,34%. El presidente de la Fed dijo el martes que el banco central estadounidense subirá las tasas de interés hasta que haya pruebas «claras y convincentes» de que la inflación está en retroceso. «Las acciones están siendo golpeadas conforme el temor a la inflación y la debilidad de los beneficios afectan al sentimiento del mercado», según Fiona Cincotta, de City Index.

Pocos sectores como el tecnológico reflejan con mayor sincronía las correcciones en bolsa de 2022, de hecho, el Nasdaq 100 es uno de los índices más bajistas del año con un recorte de casi 24% desde que arrancó enero. Es cierto que el último cuarto de 2021 ya trajo consigo una desaceleración de las compañías tecnológicas norteamericanas, que se aprovecharon de las cuarentenas y por ello las alentaron sin ninguna racionalidad, para iniciar un rally en los mercados a medida que los inversores depositaban en ellas su dinero como si se tratase de un valor refugio.

Así, desde los máximos que anotaron las compañías FAMANG (la antigua Facebook, Amazon, Microsoft, Apple, Netflix y la dueña de Google) pierden un 46% de media en los mercados:

Netflix se lleva la peor parte, claro, encerrados en sus casas, los suscriptores crecieron mucho, en cambio ahora entre otras cosas, por las sanciones contra Rusia, perdieron cientos de miles de clientes. Además, la competencia de las plataformas de contenido se ha incrementado con la consolidación del negocio de Disney+.

Meta, la antigua Facebook, tocó techo en julio de 2021 y desde entonces se ha desplomado un 47%. Amazon pierde en el año más de un 32% y, desde su máximo de 2021, un 40,6% y en los niveles actuales cotiza por debajo de su promedio histórico en los USD 2.244. Tanto Microsoft como Alphabet (dueña de Google) se encuentran en torno al 22% de sus máximos. Apple, que es la que mejor soporta el golpe, cede en el año un 16%, que es prácticamente su caída desde máximos.

 Así las cosas, algunos analistas creen que, a los precios actuales, se ha abierto una oportunidad de compra en las principales tecnológicas norteamericanas. Personalmente, me manejaría con prudencia y selectivamente, ya que las cuarentenas -irracionales como demostraron ser- no deberían volver y, en cambio, la competencia precisamente debido al progreso tecnológico es cada vez más fuerte.

Una de las razones que alienta la caída de Wall Street es la fortaleza del billete verde. El índice dólar, que mide la evolución de esta moneda frente a una cesta de 500 divisas mundiales ha escalado al nivel más alto en dos décadas y sube en 2022 un +8,5%. La subida del dólar ha llevado al yen a su nivel más bajo en dos décadas y ha devuelto prácticamente al euro a la paridad con la divisa americana, de hecho, ya ha superado los máximos que alcanzó en marzo de 2020 frente al euro y el yen:

 Y las razones de esta “fortaleza” -relativa a otras monedas, remarquemos, ya que todas se debilitan por exceso de emisión- son el endurecimiento de la política monetaria de la Fed iniciando un nuevo clico de subidas de tasas de interés para “controlar la inflación” más rápida que en el resto de los países desarrollados y el hecho de que, frente a la incertidumbre global, se presenta como el mejor activo refugio.

 Además, la fortaleza del dólar, los altos precios de las materias primas y las tasas de interés están inextricablemente vinculados, ya que la gente necesita más dólares para pagar productos más caros. Es probable que esto no cambie hasta que estos precios se reviertan, lo que indica un pico en la suba del IPC y que, entonces, la Fed se vuelva menos agresiva.

               Si echamos un vistazo a las monedas FIAT que más caen frente al dólar en los últimos 10 años tenemos la siguiente lista:

1.- Venezuela -99,8%

2.- Sudán -99,4%

3.- Siria -97,7%

4.- Argentina -96%

5.- Turquía -88%

6.- Corea del Norte -85%n

7- Surinam -84%

8.- Uzbekistán -83%

9.- Malawi -79%

10.- Angola -76%

 Entretanto en Argentina, el peso vuelve a caer en estas últimas jornadas frente al blue -“sube el dólar”- pero no solo por la fortaleza relativa del dólar, sino porque en abril y en lo que va de mayo el BCRA volvió a emitir moneda para financiar a la Tesorería, probablemente superando a la demanda de moneda que quedó en exceso y se devaluó. Por cierto, como señala Roberto Cachanosky, el acuerdo con el FMI tiene previsto cubrir un 1% del PBI con emisión monetaria para financiar el déficit fiscal de 2022 pero hasta el 9 de mayo el Gobierno ya llevaba emitidos el equivalente a 0,5% del PBI, “y todavía falta financiar la fiesta de gasto público que sigue impulsando la coalición gobernante”.

 Por cierto, algunos empiezan a cuestionarse si habrá ‘conjura’ de las potencias mundiales para debilitar al dólar como ocurrió en la era Reagan, con el Acuerdo del Plaza de 1985 que tuvo lugar en un contexto de inflación creciente, una agresiva campaña de subidas de tasas de la Fed y un dólar en alza. En otras palabras, una escena que se parece mucho a la actual, un paralelismo que no pasará desapercibido para los burócratas del G-7 que se reúnen esta semana:

Mediante este acuerdo firmado en el Hotel Plaza de Nueva York, los gobiernos de Francia, Japón, el Reino Unido, EE.UU. y Alemania acordaron debilitar el dólar. Por supuesto, nadie predice una intervención inminente ya que el apoyo de Washington sería crucial para cualquier acuerdo efectivo y eso no es probable a corto plazo, dado que la fortaleza del dólar está abaratando las importaciones, algo atractivo en una época de fuerte subida del IPC.

Ahora, si el euro cae por debajo de los USD 0,90 frente a los 1,05 actuales, eso podría hacer saltar las alarmas. Existen ciertamente paralelismos entre la fortaleza de la moneda estadounidense en 1985 y ahora: el índice dólar ha subido a un ritmo anualizado del 14% en lo que va de año, más rápido que el ritmo del 12% observado en los cinco años anteriores al acuerdo. Y la inflación en EE.UU. está más alta que cuando el presidente de la Fed, Paul Volcker, subió los tasas hasta el 20%, y el actual jefe ha prometido hacer lo necesario para frenar el rápido crecimiento de los precios.

La reticencia de Washington podría cambiar si la economía estadounidense se contrae y un ‘billete verde’ persistentemente fuerte dificulta todo, desde las exportaciones, hasta el empleo y demás. De hecho, la probabilidad de que se produzca una recesión en el próximo año se sitúa en el 30%, la más alta desde 2020, según una encuesta realizada por Bloomberg.

 Aunque también podría ocurrir que el dólar se debilite solo. En esa línea, Chris Iggo, CIO Core de AXA IM, advierte sobre una posible depreciación del dólar para los próximos meses ya que, si el crecimiento se desacelera y cae la inflación, el ciclo de tasas podría sufrir cambios y, entonces, es probable que el billete verde se debilite. 

En fin, visto todo esto, no se entiende muy bien el por qué de tanta mala prensa para el bitcoin, después de todo, sigue al Nasdaq:

Y siempre se ha recuperado. Durante la última década, más de la mitad del tiempo estuvo caído más del 50%, siendo las mayores bajadas las siguientes:

2017-2018: -84%

2019-2020: -71%

2021-2022: -57%

2020-2021: -55%

Sea como sea, y dejando de lado el caso particular del BTC, es decir, bitcoin o no, el mundo digital y la blockchain, si bien son todavía incipientes y por ello con muchos errores por corregir, es imparable y pone en jaque -de aquí el terror que le tiene- al establishment asociado a los gobiernos coactivos.

Más allá de que las “criptomonedas” puedan definitivamente establecerse como monedas o no -lo que no definirá ningún intelectual ni mucho menos un gobierno coactivo, sino solo el mercado- ya se perfilan con fuerza, entre otras cosas, las DeFi -decentralized finance- que conforman un ecosistema financiero construido sobre la tecnología blockchain. Cuya principal característica radica en que son los propios usuarios quienes intercambian (ofertan y demandan) activos y servicios financieros directamente entre ellos, sin intermediarios, para usarlos como mecanismo de inversión o financiación, por ejemplo.

Obviamente, y por ello el gran temor del establishment, las Defi reemplazan a los bancos tradicionales -que hoy funcionan en un oligopolio con los bancos centrales- favoreciendo a las personas que interactúan directamente sin tener que pasar por los bancos y pagar sus comisiones, sino que las comisiones se reparten completamente entre los individuos que interactúan en el mercado.

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