Un saludo para mis 76 años de edad

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Hoy viernes 3 de junio del año 2022 cumplo 76 años de edad. Saludo ese aniversario como si fuese una hazaña posibilitada por un místico ser providencial. Saludo ese aniversario, entonces, no con tristeza o melancolía, sino con alegría y regocijo. Y quiero brindar por él con vino de uvas de viñedos encantados, vertido en una fina copa de Riedel.

Contemplo imperturbable la vida mía transcurrida hasta este momento. Imperturbable, porque esa vida me parece estar allende del dolor de mis errores  y fracasos, y del placer de mis aciertos y éxitos. O imperturbable porque presiento que esta finita vida terrestre es una mera residencia temporal en el devenir universal de un grandioso espíritu inmortal.

He intentado que mi vida sea digna de ser vivida, y lo he logrado. Y estoy satisfecho de la vida. Mis dolorosos errores y fracasos no me han destruido absurdamente, y mis placenteros aciertos y éxitos me han gratificado suficientemente. Y la felicidad ha triunfado sobre la infelicidad.

He dedicado casi la mitad del número de años de mi vida, a divulgar públicamente el ideal de una sociedad de seres humanos que posean la igual y la mayor libertad; sociedad en la cual el límite de la libertad sería, no aquel que imponen los gobernantes para beneficiarse de la sumisión, sino solo aquel que sería necesario para lograr aquella igual y mayor libertad de todos. En esa sociedad, la suprema función del Estado consistiría en administrar el derecho, precisamente para que todos fueran igualmente libres y disfruten de la mayor libertad.

Ignoro cuál haya sido el efecto de divulgar públicamente el ideal de esa sociedad; pero en el propósito de divulgarlo me ha guiado la teoría moral de Immanuel Kant, quien afirma que la ley moral es  un imperativo categórico, es decir, manda incondicionalmente, por puro deber. Y para mí, precisamente una ley moral me ha mandado divulgar el ideal de aquella sociedad. Lo he divulgado, por consiguiente, por un deber expresado en un imperativo categórico. Cumplir con este deber ha sido una de las acciones más gratificantes de mi vida.

Divulgar ese ideal ha requerido denunciar y atacar la pretensión de instituir en mi patria una sociedad de la servidumbre, de la opresión, de la destrucción de la individualidad humana, y del mayor despotismo de los gobernantes y de la menor libertad de los gobernados. Aludo a la sociedad socialista, y su pretensión de suma degeneración: la sociedad comunista, en la cual la vieja esclavitud resurge con nuevas cadenas.

Precisamente soy cofundador de «Guatemala Constitucional», que es un grupo de ciudadanos que ha elaborado un proyecto de Constitución Política con la cual se crearía una sociedad guatemalteca de seres humanos libres. Este proyecto pretende que el Estado de Guatemala sea un reino del derecho, en el cual el primer derecho, el supremo derecho, de todos los ciudadanos, sea la igual y la mayor libertad. Opino que esa Constitución Política sería la mejor que podría tener Guatemala para ser sociedad de la libertad.

Cumplir 76 años de edad me brinda la oportunidad de confesar que me arrepiento de actos míos que podrían haber provocado un daño a mi prójimo, aunque no hubiera habido intención de provocarlo. El arrepentimiento no revierte el acto dañino, ni lo repara; pero reduce la vileza en el mundo. Y también me brinda la oportunidad de expresar mi petición de ser perdonado. El perdón, como el arrepentimiento, no revierte el acto dañino ni lo repara; pero reconocer culpa y pedir perdón también reduce la vileza en el mundo. Es preferible, entonces, que quien es causante de un mal se arrepienta y pida perdón, y no que se jacte de cometerlo y pida glorificación.

Reitero el saludo para mis 76 años. Ellos han sido portadores de auroras y ocasos, risas y llantos, esperanzas y decepciones, recuerdos y olvidos, intrépidas aventuras y milagrosas salvaciones, encuentros y despedidas, amores ganados y amores perdidos, y turbulencias pasionales y quietudes racionales. Y también han sido portadores de la vida amada que se va y de la promisoria vida que arriba. Finalmente han sido años de preciosa vida plena, ansiosa de susurrarle al mundo una bendición.

Post scriptum. Se ha consumado el primer año de mi vida en la última cuarta parte de un siglo. Probablemente no finalizaré esa parte y, por supuesto, ignoro cuánto me aproximaré a ese final. Empero, no obstante esa probabilidad y esa ignorancia, celebro jubilosamente el aniversario 76 de mi vida. Ese aniversario es certidumbre del presente, desde la cual me dirijo serenamente a la incertidumbre del futuro.

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