El predominio de la frivolidad

Existe Otro Camino

La superficialidad sigue gobernando el discurso político

Son épocas demasiado sofisticadas, colmadas de disyuntivas, y eso requiere estar a la altura de los acontecimientos. Lamentablemente los dirigentes han optado por recorridos muy mediocres, carentes de profundidad y huérfanos de perspicacia.


Décadas atrás la actividad política era mucho más simple. Con algo de carisma natural, una dosis de sentido común y la conformación de grupos de trabajo aceptables no sólo se podía ganar contiendas electorales, sino que también se conseguía ejercer el poder con algún grado de efectividad.

Los tiempos cambiaron lo suficiente como para interpelar al máximo a esos paradigmas eternos y poner en tela de juicio todo lo que los viejos caudillos creían acerca de cómo debían llevar adelante su accionar cotidiano.

Aún hoy se puede llegar a triunfar en los comicios con una combinación de circunstancias que podrían colocar en la cima casi a cualquiera que se lo proponga con cierta determinación y temeridad. De hecho, abundan ejemplos de individuos que vencieron en las urnas bajo esa lógica.

La novedad es que la resolución de los retos de esta era es infinitamente más compleja que en el pasado, y parece que algunos no han terminado de tomar nota de esta característica evidente que insisten en minimizar.

La dinámica por la cual los candidatos hacen promesas imposibles y luego inexorablemente fracasan es muy elocuente. No importa lo que digan o piensen, de qué lado del arco ideológico se ubiquen a sí mismos, plantean fabulosas expectativas que jamás se consuman ni se acercan a la realidad.

Durante alguna temporada esas “frustraciones cívicas” sirvieron para educar a todos. Muchos son los que comprendieron que las transformaciones no son mágicas y que hay que dar pasos secuenciales en el trayecto correcto, lo que demanda ciertas habilidades técnicas y una paciencia ciudadana para soportar los tropiezos en ese devenir.

Las comunidades que lo entendieron avanzaron significativamente y pueden ahora exhibir resultados más que envidiables, demostrando que ese esfuerzo valió la pena y que las generaciones venideras están en mejores condiciones de enfrentar los dilemas que el mundo actual les propone.

Sin embargo, otros siguen girando en círculos sin brújula. No registran los hechos tal cual se presentan y prefieren creer que el problema finalmente es ese conjunto de implementadores ineptos y no las ridículas ideas que promueven.

Ellos han optado por insistir con lo que nunca ha funcionado, pero esa mecánica no ha sido gratuita. Han conseguido que de tanto fallar muchos empiecen a pensar que la democracia es la culpable de todos sus males, fomentando la búsqueda del tirano bueno, ese personaje imaginario que repleto de bondad impondrá sus criterios para alcanzar así el ansiado bien común. Quizás haya que reconocer que quienes creen tener las soluciones son en realidad sólo un conjunto de mediocres, soberbios e improvisados que suponen tener méritos suficientes para disponer de la vida de los demás a su antojo.

No gozan ni de la grandeza, ni de la humildad y mucho menos de la formación imprescindible para ocupar posiciones relevantes en los gobiernos. No están ni siquiera preparados para redactar una nota con cierta claridad, ni hablar de tener el talento para escribir un proyecto normativo, mucho menos para ejecutar una política pública superior.

Se trata de gente vulgar, con cierta locuacidad para coordinar un discurso seductor, pero que no tiene la más pálida noción de cómo se concreta un cambio positivo. En el mejor de los casos disponen de una visión genérica, muy difusa, respecto de qué se debería hacer,

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Alberto Medina Méndez

Es argentino, radicado en Corrientes. Es analista político, conferencista Internacional, columnista de: INFOBAE en Argentina, Diario exterior de España y El CATO de EEUU. Ha publicado más de 470 artículos en 15 países de habla hispana. Alberto conduce los ciclos radial y televisivo “Existe otro camino”. En 2002 recibió el “Premio Poepi Yapo” por su labor periodística y el “Premio Convivencia” como Periodista del Año. Poco después en 2006 fue galardonado con el “Premio a la Libertad”, de la Fundación Atlas. En 2009 recibió el “Premio Súper TV” por su labor como periodista