Renacer ambientalista

A medio siglo de la celebración del Día Mundial del Ambiente se da la primera conferencia del medio ambiente en la ciudad de Estocolmo, 1972, se designó que cada cinco de junio sea el Día Mundial del Ambiente, se establece el Programa de las Naciones Unidas Para el Medio Ambiente PNUMA y, para este 2022, el lema de Las Naciones Unidas: “#Una sola tierra”, ha corrido mucha agua bajo el puente, como se dice coloquialmente, porque a más de quinientos mil años, la madre naturaleza, la Pachamama, ente vivo, orgánico nos cobija con sus cantos, ritos, con toda esa cosmogonía ancestral que resuenan en nuestras memorias y, somos “guardianes” de la vida visible e invisible.

En penúltima instancia, casi nunca digo última, la alegría de los niños y niñas posibilitan seguir amándola y nada es imposible, el tiempo se detiene y secuestra con el juego, danza, bailes, música, poesía, anécdotas, con ese mundo lúdico, trangresor al de lógicas impuestas, que no descansan secar a Pacha o nuestra alma; pero la magia ancestral en ritos de nombres únicos de Wayna, Pachacutec, Amaru Tupac, Munay, peques con sus representantes adultos, que tambíen juegan con otros adultos jóvenes y demás personas mayores, de grupos, colectivos ecológicos, que nos encontramos en el Día del Ambiente, un domingo maravilloso para compartir y sumar motivaciones, luchas, proyectos de cada día, por el cual renacemos.

Retomar conceptos no es lo mismo que internalizar o vivenciar al concientizar que: “la tierra es la única nave espacial”, “nuestro único hogar”, comprender cumbres de desarrollo sostenible, estudiar los acuerdos de París , Kioto y Noruega, contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, las diferencias entre el norte y el sur global, “la conciencia global”. Agrega el catedrático de la Universidad Complutense profesor Jiménez que estamos en una triple crisis planetaria: la que provoca el cambio climático, la destrucción de la naturaeza y la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y los residuos, agregamos que nada somos ante el tiempo, pero, si sentimos y comprendemos somos parte de ella, que nos gesta. Somos en instantes la erupción volcánica, bosque tropical, cumbres andinas, sierras níveas, mariposas, jaguares…

Ante la emergencia ambiental, hay una crisis en diferentes puntos del planeta, es necesaria la conjunción de esfuerzos ante un mismo desastre planetario, eso se ha descuidado, las declaraciones no bastan, ni las teorías sin prácticas, se sabe a nivel racional “es nuestra única casa y nuestra responsabilidad sería cuidarla, asi, como se sabe, sin agua no hay vida”, son conceptos sin sustancia, vacíos, como decir la palabra amor; por ello, entender y amar sin posesión al planeta, conocer los alimentos, las semillas, sentir la tierra, agua, fuego, aire, cuando estos elementos replican en nuestos cuerpos, nos hacen ser parte de la madre naturaleza y somos gotas de agua pacha y ninguna veneración le es ajena.

En este sistema neoliberal, todo tiene un precio y la extracción del goce y la imaginación no nos la han quitado, se autonombran amantes de la justicia y del mundo verde capitalista, con una competencia voraz del “Grupo de los ocho”, ante los supuestos “pata en el suelo” de siempre, no es así, porque los renaceres se desplazan desde peques con conciencia ecológica, que aprenden de sus familias, del abrazo a mirarse a los ojos con niños de 14 meses como con adultos casi mayores de siete décadas, este encuentro ecologista, nos llama a retomar esperanzas con acciones. Sabemos que Suecia ejerce como país anfitrión en este Día Mundial, por sus avances primordiales de compromisos para lograr en el 2045, cero emisiones en combustibles fósiles o cualquier contaminante (Inger Anders, directora ejecutiva de PNUMA ) y más aún, señala el profesor, Luis Jiménez Herreo, Presidente de Asociacíon para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedad (AS y PS) : “se crearon las divergencias entre países enriquecidos y empobrecidos y quien contamina paga” y esta legalidad y seguimiento hace posible saldar deudas, pero, necesitamos comprender que, estamos al límite y los gobiernos que contaminan se resisten y esconden evidencias. No puede existir humanidad sin medio ambiente, sin ecosistemas.

Así como hace medio siglo iba con mi padre a sus compromisos de “la tierra es para quien la trabaja y le rinde frutos” me conmueve que, las madres y padres, amigos lleven a sus pequeñuelos en un domingo, al Encuentro ecológico y se inicie con el juego de la maraña, hilo de tejidos para hilar reflexiones, tomar la palabra y, acercar propuestas mediatas ante este calentamiento global, cual cuento de la Ranita, se entibia tanto que no puede saltar del caldero, así los países del Norte exigen descontaminar, con medidas ineficientes, como si no creyeran que estamos en la misma quinta paila, mientras apuntan con más basuras radioactivas, agrovenenos, experimentos de ingeniería genética, pesticidas, cultivos transgénicos, mutaciones y muchas las aplican al Sur global sometido.

Cuando se pasa la medianía de vida, no es que el cansancio o frustración le aplaque, las ganas renacen al sentir la compañía de jóvenes, desde esa forma de vestir, casi al estilo hippie, de los sesenta y setenta con la filosofía “prohibido prohibir”, “lo privado es público”, ”hagamos el amor y no a la guerra”, en pleno 2022 y esta interacción (en retrospectiva como hija de pueblos andinos, de estar en las altas punas nevadas al vuelo del cóndor, en pleno silencio con mamacoca, mamayacu, apu ronco en compañía de auquénidos y al bajar a la casa pequeñita que casi se entraba a gachas, dentro tan amplia, tibia con olores de comida de ollucos, con la matriarca Fortunatta con laguas, aicha kanka, en reunión de comuneros, la familia en lucha por el agua, cursos de los ríos que desviaban los gamonales, terratenientes), insufla el ímpetu sagrado de hacer comunidad, de escucharnos.

Aquí seguimos, en defensa de la alimentación orgánica, de la ley de pesca, de arrastre, libre de agrovenenos, con mapeo de amenazas, señalamos que las luchas ecológicas han estado desde siempre; las memorias ancestrales nos demostraron el amor dedicado a la madre tierra, el dolor que ella siente al ser deforestada e incendiada con los animales y esto recae con sufrimiento a sus hijas e hijos.

La ideología del bárbaro colonizador es y sigue siendo la extracción de los recursos a costa del disfraz de organizaciones y leyes que crean a imagen y semejanza predadora. Toda la riqueza mineral, de fauna y flora están en la patria grande, pero, es el amor sostenido que aún nos mantiene, con las enseñanzas de los aborígenes, campesinos, es posible recuperar, retornar, retomar la mirada a nuestras ancestras en sus prácticas renovadoras del cuido, podemos revertir, porque cada uno de nosotros representa una potencialidad de esperanzas y luchas que se han mantenido, existe sabiduría ancestral.

Estamos de bajo perfil, por las mil y una circunstancias y la reclusión pandémica frena los trabajos de Calle-pilar, fundamental para seguir sensibilizando a los ciudadadnos de a pie, del campo, del mar, la montaña, pero, al retomar los encuentros, en los cuatro puntos cardinales con prácticas concretas, con agendas abiertas intra cantonales, de calles, boca a boca, pancartas, redes, distritales y provinciales con programas televisivos, serían contundentes e inspiradores, porque al denunciar la violencia ambiental, la ecoansiedad, (enfermedades mentales), penalizar los daños, apostar por energías reversibles y sostenibles, la descarbonización de la economía, reducir gases de efecto invernadero, se abren nuevas posibilidades para articular paradigmas.

Los movimientos heterogéneos suman diversos enfoques, para llegar al punto medular de apostar por energías renovables y esto es economía política del poder, geoestratégica, de luchas de la unipolaridad versus la multipolaridad, que implica hilar desde arriba con los políticos, gobernantes y municipios, a que los ministerios se integren con leyes hechas desde el poder popular.

Los cambios estructurales son de fondo y forma, y parten desde lo micro-socioindividual, la autogestión y empoderamiento. Fue gratificante compartir con muchos jóvenes que, aunque repetían discursos de hace medio siglo, suman esperanzas de cambio e inyectan nuevos devenires (a los derechos de hace medio siglo de los campesinos, resuena la educación liberadora de Paulo Freire, la psicologia comunitatia de Martín Baró, las teorías anticolonialistas de Buenaventura, Krauseque, confluyen con los cursos de educación agroecológica pública y privada desde el nivel escolar y universitario, conciencia ecológica, cultivo de huertos familiares, escolares, para cuidar la tierra, recuperar las semillas nativas, consumir lo que se produce o al menos aprender a seleccionar los alimentos libres de agrovenenos, los transgénicos, “mapeo de poderes”, la agroindustria está ligada directamente con los poderes políticos del sistema productivo de la economia liberal, con cientificos que generen alianzas con estudios de liberar del hambre y muerte a pueblos, condenados de la tierra) realizables, con trabajos concretos en zonas que se declaren libres de transgénicos a nivel municipal y como todo es político, cuesta llevarlo a la práctica, por eso insistimos en revisar las leyes forestal, del agua y la del apoyo a los movimientos ecológicos en sus luchas sostenidas, demuestran en micro que sí es posible deslastrarnos del peso global predador; también notamos que ha crecido la conciencia ambiental en este medio siglo y entonces, ¿cuáles serán las prácticas mediatas a nivel individual, social y grupal?

Se oyen mugir los animales, se oye el hacha comer la selva, se oyen sonar telares indios, se oyen trillas, se oyen fiestas, donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta y tañe cerca y, tañe lejos, como el que huye y que regresa… ( extracto del poema La Tierra de Gabriela Mistral)  

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Ana Anka

Ana Anka (Lima, Perú, 1955), residente en Venezuela. Soy escritora, poeta, articulista, promotora cultural, editora, Psicóloga, locutora, he sido profesora de psicología de la Universidad de Oriente, Núcleo Monagas y Psicóloga en Educación Especial de la Zona Educativa del estado Monagas. Desde 1992 vivo en Maturín, Monagas, Venezuela. Entre mis libros publicados figuran: Ensayos y compilaciones (1987) Mimetismo Pendular. Huídos de Saturno, (1999). Eros y pedagogía (2005), Batería de poetas Avanzadoras (2014), Anacópula, (2017). Desde el mismo punto, (2018). Mis libros los he presentado en ferias internacionales de libros de Venezuela, Costa Rica, Panamá, Cuba y Perú.

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