Press "Enter" to skip to content

Comentarios sobre el discurso del Presidente de EUA en Cumbre de las Américas

Logos

Durante la inauguración de la novena Cumbre de las Américas, el pasado 8 de junio, el presidente de Estados Unidos de América, Joseph Robinette Biden, pronunció un discurso en el cual informó sobre opiáceas acciones que su gobierno emprenderá. Son acciones principalmente sobre “salud y resiliencia en las Américas”, “fuerza de salud de las América”, y “alianza americana para la prosperidad económica”.

Adviértase que el presidente Biden no propuso, a los jefes de Estado, deliberar sobre acciones sanitarias y económicas, las cuales podrían haber o no haber sido aprobadas por ellos, sino que solo informó que su gobierno las emprendería. No era necesaria una Cumbre de las Américas para suministrar esa información y sugerir, con torpe diplomacia, que se prescindía de las deliberaciones y decisiones de los jefes de Estado.

El presidente Biden opinó sobre la democracia. Opinó, por ejemplo que la democracia “es rasgo peculiar de la historia americana”. Y “tenemos la oportunidad de demostrar a nuestro pueblo el poder increíble de la democracia de producir un beneficio concreto y lograr que la vida sea mejor para todos.” No creo que los Jefes de Estado hayan asistido a la cumbre precisamente para conocer la opinión del presidente Biden sobre la democracia.

Empero, tal opinión brindó al presidente Biden la oportunidad de exhibir su ignorancia sobre la historia política de América Latina: entre los años 1930 y 1990 hubo 139 golpes de Estado, o cambios no democráticos o no constitucionales, de gobierno; lo cual equivale a un número promedio de casi siete golpes, o de cambios de aquel género, por país. Esas cifras no sugieren precisamente que la democracia sea una peculiaridad de la historia latinoamericana.

Esa misma opinión del presidente Biden también le brindó la oportunidad de exhibir su ignorancia sobre la historia política de Estados Unidos de América: los fundadores de esta gran nación, como Samuel Adams, Alexander Hamilton, James Madison y Fischer Ames, eran enemigos de la democracia; y querían crear una república, es decir, un régimen político en el que ninguna mayoría, o ninguna “democracia”, pudiera atentar con el derecho del individuo.

Hipócritamente el presidente Biden simuló tener excelso interés moral en la salud, la economía y la democracia de los pueblos latinoamericanos; pero su auténtico interés, o su auténtica pretensión vanamente ocultada, es dictar un programa de contención de la migración a Estados Unidos de América, conexo con un programa de seguridad sanitaria de esa nación.

El programa de contención pretende incrementar la inversión en los países latinoamericanos generadores de migración, entre ellos Guatemala, El Salvador y Honduras; y entonces ilusoriamente se espera que los ciudadanos de esos países encuentren en su propio país, las mismas promisorias oportunidades de trabajo que encontrarían en Estados Unidos de América. Y los jefes de Estado de tales países deben “comprometerse” a lograr esa contención. No sabemos en qué podría consistir ese compromiso.

Ese programa insinúa que la Cumbre de las Américas debió llamarse “Cumbre de la Antimigración”. Y efectivamente, el propósito final del presidente Biden es que los jefes de Estado que asisten a la cumbre firmen una declaración propuesta por él mismo, llamada “Declaración de Los Ángeles”, mediante la cual los jefes de Estado se comprometan a contener la migración.

El programa de seguridad sanitaria intenta, reducir el riesgo de que una pandemia, como la del coronavirus, se propague más pavorosamente, por medio de la migración, desde los pueblos latinoamericanos a Estados Unidos de América. Se supone que la propagación de una pandemia puede amenazar con reducir el poder económico y militar de esa nación en el mundo. Precisamente en la reciente Asamblea Mundial de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud, el presidente Biden intentó que el Reglamento Sanitario Internacional fuera reformado con el fin de preservar la seguridad sanitaria de Estados Unidos de América. Su intento fracasó. Ahora intenta tener éxito en el continente americano.

El presidente Biden declaró que “la migración ilegal es inaceptable”. Por supuesto, si es ilegal, no puede ser aceptable. El presidente Biden, en un acto de suma lucidez mental, apta para el esplendor tautológico, realmente declaró que “la migración inaceptable es inaceptable”. Empero, la migración no necesariamente es ilegal en el Estado que es origen de migración. Es decir, si en un Estado, como Guatemala, hay libertad de migrar, entonces migrar no es ilegal. El problema de la migración ilegal es problema de Estados Unidos de América, y no problema del país que es origen de la migración; y por ello no puede pedirse al jefe de un Estado en el cual migrar es legal, que se comprometa a impedir la migración.

Por ello mismo, el Gobierno de Guatemala no debe firmar la “Declaración de Los Ángeles”. Quiero decir que no debe firmarla porque, reiteramos, el guatemalteco tiene la libertad de migrar, y su acto migratorio es legal. O quiero decir que el país al cual emigra un guatemalteco puede declarar que esa migración es ilegal; pero el gobierno de Guatemala no puede declarar esa ilegalidad, ni ser responsable de ella.

Post scriptum. El peor error de la Cumbre de las Américas es el discurso inaugural del presidente Joseph Robinette Biden. En el discurso subyace un mandato que puede expresarse así: “Señores jefes de Estado: tienen que ser servidores del interés de mi gobierno de impedir, reducir o contener la migración.”   

Area de Opinión
Libre emisión de pensamiento.

Lea más del autor Acierto del Señor Presidente: rechazar invitación de presidente de EUA

2 Comments

Deja un comentario

%d bloggers like this: