El feminismo actual: entrada al transhumanismo

Ventana Cultural

Muchas veces me pongo a pensar ¿Qué es el feminismo? ¿Cómo nace esta corriente? ¿Quiénes son los precursores de esta línea llamada feminismo? Antes de contestar a esta pregunta, veamos unos detalles importantes a destacar sobre esta temática: la importancia del rol de la mujer en nuestra sociedad.

Desde hace unos años, se ha creído que la mujer es siempre tomada como segundo plano. Un ser gris que no podía hacer otra cosa más que ser madre y esposa. Olvidándose que es mujer.

Hace un poco más de un año, hablaba sobre una de las mujeres más representativas de la ciencia antigua, Hipatia de Alejandría. Una gran maestra, filósofa, astrónoma y matemática. Quiero retomar unos puntos clave que debemos considerar antes de hablar de este tema.

Todos los seres humanos pensamos, tenemos criterio propio, porque todos tenemos cerebro. La mujer fue quien descubrió la agricultura, observó los ciclos de la naturaleza, observó las plantas que se podían sembrar y cosechar, como germinaban y crecían y, algunas de ellas observaron las estrellas. Fue la mujer la que llevó al sedentarismo a sus genes a los hombres que eran cazadores, se produce el asentamiento. La mujer es conocedora, práctica y utilitaria, por eso es filósofa por naturaleza. Protege, cuida, observa, nutre, alimenta, forma y educa a la prole. De su educación y formación surgen los mejores guerreros, los mayores dirigentes políticos, los nobles.

Todos lo que me leen, tienen un momento de cavilación, de análisis, de reflexión en todos las ocasiones y circunstancias de sus vidas. Todos tenemos lecciones que aprender y otras enseñanzas que dar, eso se llama filosofía. La capacidad que tenemos todos de cuestionarnos hasta nuestras propias creencias y decisiones.

Tanto en Oriente como en Occidente existieron pueblos totalmente matriarcales. Tenían el concepto que la mujer era la conexión directa con lo divino. Que ella no necesitaba casarse para gobernar, y se le educaba en la sabiduría y la libertad que ejercía tanto su sexo como su género. Culturas como la egipcia, la espartana, la celta, veneraban y respetaban a la mujer como un ser íntegro.

Durante el paso del matriarcado al patriarcado junto con las tres religiones de occidente: la judía, la musulmana y la cristiana, a la mujer se le relegó en segundo plano. Convirtiéndola solo en madre y esposa apagando su voz.

El miedo a la inteligencia y la sabiduría que tenían estas mujeres, ya sean sacerdotisas, brujas o chamanas, era imposible de asimilar para el hombre que creía que la mujer era menos que cualquier cosa. Cuando en la antigua Grecia, por citar un ejemplo, las antiguas hetairas eran consideradas mujeres muy cultas y a ellas les consultaban en diferentes temas y sus consejos eran tomados muy en cuenta. Un hombre como Pericles o Sófocles, por citar a grandes personalidades, no buscaban a una simple ama de casa, se sentirían muy aburridos, buscaban a una hetaira que los retaba intelectualmente, filosóficamente, incluso en lo sexual.

Está más que comprobado científicamente que la mujer es nueve veces más fuerte que el hombre en lo sexual. Una mujer puede llegar a tener más de 50 orgasmos en un solo acto sexual, en cambio el hombre, solo llega a tener uno con la eyaculación, y, si bien le va, puede llegar a ocho orgasmos. Pero ese ya es otro asunto, diferente al que nos interesa.

Tenemos una visión hacia el feminismo como un vicio o algo que hay que combatir. Pero, hace poco, escuchaba a la periodista Lidia Cacho, ella es de las feministas que han entendido el rol del hombre y la mujer dentro de la sociedad y ella mencionaba unas cosas bastante interesantes sobre esto. Y citó:

  • Una mujer debe conocer tres cosas: tiene que conocer la poesía para reconocer su alma, tiene que saber de deportes y tres, tiene que saber que su cuerpo le pertenece y su país también. Por supuesto, no porque su cuerpo le pertenezca puede cometer aborto o cualquier cosa. Que su cuerpo le pertenece quiere decir que se cuida, se respeta y se da a sí misma, para dar a los demás.
  • Recordar que tanto hombres como las mujeres somos iguales ante la ley. Tenemos los mismos derechos y deberes.
  • El feminismo libertario – no el hegemónico o ideológico – por así llamarlo, plantea que la igualdad entre hombres y mujeres en sus derechos y deberes hace que un país sea democrático. Un país libre y en igualdad crece. Invita a reflexionar para construir el país.
  • Durante generaciones, a los varones les han inculcado que no deben expresar sus emociones, que ellos pueden hacer lo que quieran, tener las mujeres que quieran, por el hecho de ser hombres. Ser hombre no significa ser siempre fuerte, no expresar sus emociones y sentimientos, que sus genitales no los hacen hombres.
  • Los derechos de los hombres y las mujeres no se pueden revisar si no se revisa cómo se construye de una manera sana la masculinidad y la feminidad.
  • El feminismo no es lo contrario del machismo, su contrario es el hembrismo, mujeres objeto que manipulan y mienten para obtener algo, que se someten y no se someten.

De estos puntos surgen dos preguntas muy interesantes, y lo vamos a ver desde la luz de la filosofía. ¿Qué es construir la feminidad?  y ¿Qué es lo femenino? De por sí, la mujer no tiene que conquistar un papel en la sociedad, porque siempre lo ha tenido. La mujer ha sido el ente unificador y conservador de todas las comunidades. No podemos pelear en contra de su rol natural que es de alimentar, nutrir y educar. Es decir, formar a los hombres y mujeres que llevarán a los pueblos a la cúspide de su evolución.

La mujer tiene muchos aspectos que velan su capacidad de ente conservador. Aunque todos tenemos un lado luminoso y otro obscuro. En la mujer se ha volcado todo al lado negativo, tanto de manera psicológica como religiosa, que todo lo que nos han vendido de nosotras las mujeres es contrario a la realidad.

Veamos. En el aspecto psicológico, se dice que la mujer es pasiva, poco creadora, posesiva: como no se mueve, quiere tener cosas de manera muy fácil y sin moverse. Es manipuladora para obtener lo que quiere, es demasiado sensible, emotiva, voluble, variable… con estos aspectos, es fácil deducir que no puede llevar a buen término un trabajo de manera eficaz y eficiente, porque, si la mujer es así como dicen, no se sabe si a mitad de camino lo deja botado y se va. En lo religioso, se ha puesto a la mujer como la culpable de la expulsión del paraíso y como símbolo del mal. Fíjense en este detalle. Por esa misma mentalidad (que las mujeres criamos a nuestros hijos con esas ideas), se llega a pensar que la mujer debe ser sometida a la voluntad del hombre. Imaginemos este escenario: una mujer, cuando es jovencita, es hermosa. Los hombres la ven, la desean, la consideran una mala mujer, solo por el hecho de ser joven, ya que es deseada en lo clandestino, pero cuando crece, cuida de su familia, entonces es una buena mujer, y cuando es anciana, es venerable porque no seduce con sus encantos.

La feminidad y lo femenino se ha ido perdiendo porque la mujer decidió competir contra el hombre. Hombres y mujeres somos complemento. No necesitamos luchar contra un sistema que se supone oprime a las mujeres. Porque no estaría peleando como una dama, como lo que ella es, si no, intenta luchar una batalla que no le corresponde, pero, que, a estas alturas del partido, es necesario que salga a buscar el alimento diario. No puede buscar la mejora en “la brecha salarial” porque está más que comprobado, que son pocas las mujeres que buscan carreras que requieran esfuerzo mental, como las carreras científicas o prácticas como las ingenierías que llevan bastantes matemáticas. Muchas optan por carreras cortas o más humanísticas.

La mujer no tiene por qué luchar en contra de los hombres. Los hombres no nos han hecho nada para dañarnos, al contrario, han sido el mejor aliado y complemento (salvo excepciones) para el crecimiento de la mujer. La lucha de la mujer debe ser encontrar su identidad. El hombre y la mujer hacen una mancuerna fuerte. Un eslabón que fortalece al otro y viceversa. Cuando la mujer encuentra su alma, el hombre también lo hace.

Un poema que describe a la perfección el rol masculino y el femenino es el de Victor Hugo El Hombre y La Mujer,  cito algunos de sus versos: “El hombre es un genio, la mujer un ángel”. “El genio es inconmensurable;  el ángel indefinible”.  “La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer, es la extrema virtud”. “La gloria hace todo lo que es grande; la virtud hace todo lo que es divino…”

Cuando la mujer encuentre su alma, no tendrá que luchar por un puesto que supuestamente le fue arrebatado. No es una batalla que se deba luchar, el patriarcado ya no existe. La lucha que debemos tener es que tanto hombres como mujeres podamos vivir en armonía para construir un Estado justo y equitativo, con igualdad de derechos y deberes para todos.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.