Press "Enter" to skip to content

La Maja Desnuda

Editado para la historia

Hoy le quiero hablar de una de las obras maestras de la pintura española. Ya en el pasado he hablado de Francisco de Goya, magnífico pintor. Goya se encuentra enterrado en la capilla de San Antonio de la Florida, en la muy madrileña Avenida de la Florida. Ese es su sitio de descanso eterno porque a él se le debe la pintura de los techos de esta hermosa capilla.

A Francisco de Goya le tocó vivir momentos cruciales, ricos en acontecimientos históricos en su país. Hacía pocos años había triunfado la Revolución Francesa. Hacía poco habían sido guillotinados los reyes de Francia, así como una buena multitud de nobles, eclesiásticos y miles de inocentes que fueron a la guillotina hasta por acusaciones anónimas. Napoleón, so pretexto de imponer sus nuevos criterios de gobierno en Europa, invadía casi todo el continente y dejaba a gente que le era cercana como reyes de esos territorios. Por demás, se inventaba reinos, principados y ducados para situar como gobernadores en ellos a cercanos y familiares. Nada, que esto del nepotismo es cosa vieja.

So pretexto de invadir a Portugal obtuvo Napoleón de Carlos IV, el rey español del momento, la autorización para atravesar su territorio. Pero personajes como Napoleֶón son solapados y el derecho para atravesar tierra española lo entendió Napoleón, como el derecho a establecerse y colocar en el trono de España a su hermano José. El pueblo español luchó heroicamente contra el invasor francés. Goya en mucho reflejó esta situación por la que vivía su país. Con su obra se puede tener un ligero esbozo de la España de esa época. Basta con ver sus famosos grabados de los horrores de la guerra y el fusilamiento del 3 de mayo.

El rey Carlos IV estaba casado con una princesa italiana, María Luisa de Parma. María Luisa de joven fue una chica bonita, pero los años le pasaron muy fea factura. Era, como se llamaría en nuestros días, ninfómana y a cuanto oído que le quisiera escuchar anunciaba desenfadada que ninguno de sus 24 embarazos era de su marido. Carlos IV era un hombre de no muy fuerte carácter que se dejaba mangonear por su mujer que, a su vez, se había conseguido un favorito. Un hombre muy guapo, al que se le dio el título de Secretario de Estado y muchos otros más. Hablo de Manuel Godoy.

Que nadie crea que este Manuel Godoy le era fiel a la reina, nada más lejos de la realidad. Estaba casado con una princesa Borbón prima del rey la que, de alguna forma, le sacaba partido personal a este matrimonio. Godoy tenía una amante titular llamada Pepita Tudó. Hermosa mujer. Vivían los tres en el mismo palacio aunque, para aquella época, esto del poliamor era algo extraordinariamente avanzado. Godoy también tuvo muchas otras mujeres y era un hombre muy libertino. En su palacio tenía un gabinete o pequeño espacio a él dedicado, en el que exponía para su uso personal cuadros de mujeres desnudas. Se cuenta que Godoy tenía un mecanismo especial mediante el cual se ponía un cuadro delante del otro y, de alguna forma, por ejemplo, pulsando un botón y en dependencia del visitante del gabinete, se mostraba la Maja Vestida o la Maja Desnuda, cuadros que eran de su propiedad.

Todo esto me lleva a entrar de plano en el tema que nos ocupa hoy. Quiero hablarles de La Maja Desnuda que habría sido pintada por Goya entre 1790 y 1800. Es en 1800 precisamente que entran las tropas napoleónicas a España. Más tarde, para 1802, habría recibido Goya el encargo de pintar el homólogo de este cuadro, La Maja Vestida, con proporciones muy similares en cuanto a tamaño. El tratamiento pictórico de la primera obra, La Maja Desnuda, fue mucho más preciso con una pincelada más detallada. Cierto que Goya ya había emprendido un proceso pictórico que sería el comienzo del impresionismo que vendría años más tarde.

El hecho de llamar majas o majos a personas en estas épocas en España, no se debe considerar como que eran personas guapas o guapos. Así se les llamaba a quienes hacían gala de la vestimenta del pueblo español para alejarse del afrancesamiento de la moda del momento. Muchos nobles, en particular la Duquesa de Alba que era una mujer particularmente rica, abrazó esta moda. Claro está, con los tafetanes, sedas, rasos y encajes más exquisitos que se encontraban en el mercado.

Pero volvamos a nuestro cuadro. Ambas majas, la vestida y la desnuda, se encuentran en una posición muy similar y todo parece apuntar a que es la misma mujer. Lo que la historia no ha podido determinar con claridad es quién fue esta mujer.

El cuadro fue descubierto en 1807 y el rey Fernando VII, hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, lo confiscó. En 1814 Goya fue convocado ante la Inquisición que consideraba obscena la obra (y no estaba muy errada la Inquisición en este detalle). El Santo Oficio quería saber, entre otras cosas, quién había sido la modelo de estos cuadros. Nunca se sabrá lo que se habló durante el juicio, si hubo alguna nota escrita, no pasó a la posteridad. Goya tenía muy buenos padrinos. Incluso Fernando VII, que no lo tenía en la mejor de sus estimas, lo protegía.

Oculta estuvo la obra hasta 1901 en que fue expuesta a los ojos y paciencia de todos los visitantes en el museo de El Prado donde se encuentra desde entonces, mostrando a todos su descarada desnudez. Una al lado de la otra, la vestida y la desnuda. En los años 1930, Correos de España sacó un sello en el que representaba a esta hermosa mujer desnuda. Quiero decirles que las cartas que llegaban de España a los Estados Unidos eran censuradas, porque todavía en esos años se considera un escándalo la imagen de esta Maja Desnuda en el norteño país.

Se ha hablado mucho sobre quién fue la modelo. Se asegura que fue la Duquesa de Alba de aquel momento, segunda mujer en llevar el título (la tercera sería la célebre Cayetana de nuestra época). Su nombre era María Teresa de Silva Álvarez de Toledo. Fue hacia los años 1840 que un historiador de arte francés especuló sobre el hecho de que esta mujer fuera la Duquesa de Alba, pero si comparamos el espléndido y joven cuerpo de las majas podremos entender que para nada representa al de una mujer ya en los cuarenta y con muchos achaques de salud. Más evidente es el parecido con Pepita Tudó, la amante de Godoy. Se han pasado las dos obras por rayos X y se puede ver claramente que Goya retrabajó el rostro de la modelo, como para confundir a aquellos que lo vieran en cuanto a la personalidad de la modelo.

Pero analicemos un poco el cuadro de la Maja Desnuda. No es de extrañar que todavía, 220 años más tarde, siga sonrojando a algunos espectadores. En primer lugar, el centro de este cuadro de 97 cm x 1.9 m es el pubis del personaje. Lo que sonroja no es el hecho de que esté desnuda, sino que esté en una posición tan displicente. Es la primera mujer, personaje de carne y hueso, en ser pintada. No es una alegoría ni un personaje mitológico, cosa que estaba “tolerada” desde la época del Renacimiento. Otra novedad en este cuadro es que por primera vez aparece pintado el vello púbico.

Y la posición, cuánto no se puede hablar de la posición de La Maja Desnuda. Es una mujer satisfecha (si es que le damos crédito al desorden de las sábanas sobre las que está tumbada) o, si no es el caso, al menos es una mujer que invita, deseosa de hombre. Su mirada desenfadada a los ojos del espectador es muy evidente. Es una mujer dispuesta, a la espera. La posición de sus brazos detrás de la nuca hace que sus espléndidos pechos se vean más erguidos, punto de mayor sensualidad en este cuadro. La posición de la pierna derecha medio cruzada sobre la izquierda también apunta al erotismo de la mujer. En escritos pasados he dicho que desnudo no es pornografía. Pero es cierto que en La Maja Desnuda de Francisco Goya hay una muy fuerte carga erótica. Cada cual es juez.

Lea más del autor Muere Judith Jones, la editora que rescató el diario de Ana Frank

One Comment

Comments are closed.

%d bloggers like this: