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La “lógica” de Biden y el precio de los combustibles

Evolución

Hace algunas semanas explicaba que el alza de precios que se sufre en la actualidad es el resultado de varios factores. La inflación, propiamente, obedece a la expansión monetaria provocada por los gobiernos y sus políticas de gasto público desmesurado e irresponsable. El caso de los Estados Unidos es quizá el más notable, donde el gobierno de Biden se gastó varios billones (millones de millones) bajo la excusa de combatir la pandemia. Hoy están pagando las consecuencias con un dólar devaluado, lo cual se refleja en los precios de todo. La disminución en el abastecimiento provocada por diversas causas que restringen la oferta es otro de los factores que ha impulsado el alza de muchos commodities, incluidos los combustibles. Hoy, la administración Biden le echa la culpa a la invasión rusa a Ucrania, al punto que acuñaron el hashtag #PutinGasHike para convencer a la opinión pública. En enero 2,021 la inflación en Estados Unidos estaba por debajo del 2%. Hoy está en 8.6%. La invasión rusa inició el 24 de febrero de este año y los efectos de las sanciones impuestas a Rusia se vieron hasta recientemente, de manera que esa no es la causa de esa “inflación”. Y si bien Rusia, junto a Estados Unidos y Arabia Saudita, es uno de los principales productores del mundo, la escasez derivada del conflicto que Putin provocó, es sólo una parte del problema.

Tan pronto asumió su presidencia, Biden canceló el proyecto Keystone XL, mediante el cual se transportarían por tubería 800,000 barriles de petróleo crudo al día de Canadá a Texas. Por consiguiente, ese petróleo debió ser transportado a un costo más alto. Biden también prohibió la práctica conocida como fracking en tierras federales. Este es un procedimiento mediante el cual se bombea una mezcla de agua, arena y ciertos químicos en el subsuelo para extraer petróleo o gas. Biden también suspendió múltiples contratos otorgados para la extracción de petróleo y gas en tierras federales y canceló la emisión de nuevos, inclusive hasta en mayo de este año, ya en plena crisis. Todo ello, al tenor de sus posicionamientos ideológicos sobre el tema del cambio climático. Y, al final, habría que reconocerle que quizá está siendo consecuente o que al menos evidencia su agenda. En mayo de este año, Biden dijo literalmente: “Cuando se trata de los precios de los combustibles, estamos atravesando una increíble transición que está teniendo lugar, que Dios quiera que cuando se acabe seamos más fuertes y el mundo sea más fuerte y menos dependientes de combustibles fósiles.”

Temeroso del impacto político de cara a las próximas elecciones en su país, su administración ha ofrecido permitir la venta de gasolina con un 15% de etanol y de liberar de sus reservas estratégicas un millón de barriles de petróleo al día durante los próximos seis meses para paliar la crisis. Esta semana acusó a las compañías petroleras de obtener márgenes de ganancia históricamente altos y las amenazó con tomar medidas sobre la base de poderes especiales de emergencia si éstas no incrementan la producción. Discursos que se suman al de echarle la culpa a Putin para desviar la atención y tratar de mejorar su imagen ante su bajo nivel de popularidad.

Mientras, en Guatemala, como tomadores de precios internacionales, seguiremos sufriendo el costo de decisiones como las del presidente de Estados Unidos, de otros gobiernos, y no se diga del propio, hasta que los mercados se estabilicen, si es que se estabilizan. Por lo menos, los más ingenuos podrán consolarse un poco con la ilusión del subsidio que “les regaló el gobierno”, porque no están en la capacidad de darse cuenta de que el diferencial del precio que “el gobierno está pagando”, se paga con los mismos impuestos que tienen que pagar hoy y que tendrán que pagar a futuro, y que les saldrá mucho más caro de lo que hoy se están “ahorrando”.

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