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Un instrumento ¿educativo?

Conversemos acerca de:

Hablar de un calzado conocido como babucha, chinela, chancleta, chancla, zapatilla, pantufla, cuyo origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial (abarca el período 1939-1945. El origen de las mismas se remonta a 2.500 antes de Cristo, cuando los habitantes de Mesopotamia las inventaron para evitar pasar calor y caminar mejor. Tenían la suela de madera y la tira era de papiro o esparto, y estaban reservadas solo para las clases altas y a los actos ceremoniales), cuando los americanos se enfrentaron a los japoneses, percatándose que las mujeres locales usaban un calzado similar a sandalias planas llamadas “sori”, que se anudaban con correas de fibras vegetales.

Trasladadas a modo de souvenir a los Estados Unidos, sufrieron su evolución, ya que como prenda esencialmente femenina en ese entonces la moda era muy recatada, no estando bien visto mostrar la piel.

Hoy en día no queda duda que resulta un calzado excesivamente cómodo – sin distinción de sexo – para estar en casa, para asistir al mar o playa, lago, piscina, en los períodos de verano e inclusive ir de compras y en general para citas informales.

Aprendido lo anterior, hago un alto para recordar otro uso y no necesariamente educativo cuando se utilizaba para al menos amenazar con: ¡cómo te vueltas a portar mal en la escuela o reciba otra queja de tú profesora, te voy a dar un chancletazo!, blandiendo la madre o el padre el objeto “intimidatorio”.

En las redes sueles encontrarte, donde hay quienes expresan que la educación en el hogar, era mucho mejor que la actual, donde los niños y jóvenes respondían mejor a las amenazas (aunque había quien se excedía, hecho que no comparto a pesar de haber sido afectado alguna que otra vez, quedando las huellas indelebles – como recuerdo temporal – o alguna que otra modalidad de castigo: no salir, no ver tele, etc.

Por supuesto que no tenía conocimiento ninguno acerca de los derechos humanos, ni mis padres tampoco, pero de que cuasi, entiéndase “semejanza o parecido con lo denotado por ellos, aunque sin llegar a tener todas sus características” me educaba, la respuesta es Sí.

Obviamente este artículo no pretende promover una cultura a la violencia o apología al delito, para educar, pero sí en su momento constituyó o ¿sigue constituyendo? un “instrumento educativo”

Pero el planeta evoluciona, los tiempos cambian y con relación al origen del calzado mencionado, lo que utilizábamos esencialmente para actividades donde el traslado resulte cómodo, pasa a ser algo cotidiano, cuando nos encontramos en teleclase o trabajando bajo la modalidad remota o virtual.

Más cuando nos sentamos, o “¿sembramos?” a preparar las clases en una combinación cuaderno, computadora u ordenador, para posteriormente ser impartida dedicando en los pre y los pos unas ¿12 ó 14 horas diarias?, interrumpida por factores externos según las condiciones mínimas en el hogar con se cuenten, ya que ¡estás en casa!, donde el rol “mágico” de docente puede desaparecer en cuestión de segundos.

De aquí la necesidad de laborar lo más cómodo posible donde del torso hacia arriba, camisa, blusa, saco; debajo pantalón o falda (Nota: Prever la posibilidad de levantarse) y tras bambalinas o realmente debajo del escritorio o mesa del comedor “disfrute” de un excelente calzado: babucha, chinela, chancleta, chancla, zapatilla, o pantufla.

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