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5 G y los corazones de piedra

Soliloquios de José Franco

En los últimos tiempos, apenas treinta años, media vida, como cantaba Julio Iglesias, la tecnología y la ciencia se han desarrollado como nunca se había visto hasta ahora.

Igualmente, en la misma medida, se han disminuido y perdido los valores morales de este mundo y sociedad en un mundo globalizado.

Hemos matado a la naturaleza y no sabemos cómo revivirla y lo peor es que la corrupción se ha instaurado vergonzosamente en el poder, en donde tenía sus propios aposentos, desde la misma antigüedad, pero ahora ha recorrido y se ha asentado hasta en los últimos rincones de la sociedad.

No tenemos una crisis económica, que, por supuesto se ha convertido en una recesión, que es lo que vivimos, sino que lo hemos superado y lo que estamos presenciando es una crisis vivencial y a pesar de todo ello me extraña el conformismo con el que asistimos a ello y una inmensa mayoría de la sociedad lo observa postrada desde sus sillones y televisores.

Esto no es un sueño, ni una pesadilla de la que un buen día despertaremos, como si nada y la dejaremos atrás para seguir viviendo.

No es así, somos víctimas y espectadores que esperamos la solución de unos salvadores, que no son otros que los que nos han conducido por esta senda.

Es vital recuperar, despertar esos valores, que afortunadamente, aún no han muerto y que los han invernado de la democracia, la libertad y la moral, que han sido sustituidos por las mayores vilezas, comprados por la avidez de los mercados donde no existe nada que no tenga un precio, un mercadeo de compra y venta.

No sólo es nuestro derecho, es nuestra obligación restaurar la memoria que se nos ha arrebatado, robado y reclamar ese futuro para la juventud que viene que no sólo precisa “reconocerse” sino ser reconocida.

La verdad que no sé el camino a seguir, ni conozco los posibles atajos, aunque me encantaría, pero tenemos una ventaja, tenemos la conciencia de todo aquello que debemos desterrar y jamás volver a retomar.

Espero que quienes me lean, todos ellos, personas honestas, sencillas, buenas, formadas, respetuosas y tolerantes, por lo que se puede constatar sabrán el alcance de mis humildes palabras, con más intención que formas.

Mientras tanto que la cultura, la música, el cine y las artes en general no cejen en su empeño, ni se desanimen y trabajen como siempre por su valiente y leal labor. Que los escritores, periodistas y todas las personas de buena voluntad  sigamos levantando la voz por la justicia, la verdad y la libertad.

La verdad que siendo un Quijote con la semblanza de Sancho Panza, traslado mis deseos, anhelos  y desesperos en estos párrafos de una discreta columna, pero no por ello menos contundente los expresa con el mejor , o quizás el peor de los ánimos que no es otro que el de despertar las conciencias.

Para terminar esta pequeña columna decir que no dejemos que los gritos, de dolor, angustia y desesperanza nos dejen sordos y que lo “cotidiano” no se resigne a convertirse en “normalidad” y mate a nuestros corazones.

Area de Opinión
Libre emisión de pensamiento.

Lea más del autor: La realidad que no se cuenta…

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