La tercera vuelta

Teorema

Tribunal Supremo Electoral –TSE: Salvemos el país, hagamos una patria mejor. Evitemos muertes inútiles. No desperdiciemos esta oportunidad. Pensemos que podríamos no tener otra.


La construcción del Estado es asunto de todos. La responsabilidad de los funcionarios no debe, necesariamente, incluir la obligación de concebir los cambios que deba hacerse. Ellos son la autoridad a cargo de estudiar, validar y, si fuera el caso, poner en vigor las propuestas ciudadanas, más no es suya la obligación de concebir tales planes.

Este documento contiene una propuesta de cambio. Sea por el TSE actual, el que sigue o el posterior a ese. Creo, con firmeza, que es asunto de los ciudadanos formular los cambios que conduzcan a crear un mejor país. Los proyectos deben plantearse ante la autoridad que corresponda. Es función de las instituciones analizar las propuestas y, de encontrarlas convenientes, darles vigencia.

Tengo un generalizado temor de enfrentar a funcionarios arrogantes, displicentes, desdeñosos o apáticos. Tal recelo carece de fundamento. Se trata de un prejuicio que no consigo superar. Temo llegar al TSE y sentarme a esperar a que un magistrado me envíe con un secretario quien, en el mejor de los casos, me preguntará ¿en qué podemos ayudarlo? Por eso lo dejo hasta aquí, rogando al lector que conozca al magistrado que corresponda, se lo haga llegar.

Nuestros dirigentes políticos forman parte importante del gran problema nacional. Con pocas excepciones, el espíritu de servicio está ausente. La camarilla que rodea a los gobernantes estimula la soberbia de ellos. Los hombres honrados, inteligentes y preparados, con auténtico interés en sacar adelante a Guatemala, experimentan una enorme soledad. Muchos renuncian, se van. En cambio, los más corruptos se arraigan con fuerza. Son como el chichicaste, cuya raíz, se dice, mide siete veces la altura de la planta. De allí la corrupción, el robo, la malversación, la defraudación, la ratería y aún crímenes de mayor envergadura.

Pero somos nosotros, los ciudadanos, quienes hemos elegido a las cabezas de gobierno ¿Por qué escogemos mal? Quizá no se trate de una grave perturbación mental colectiva. Podría ser el sistema, la forma de seleccionar lo que conduce, inexorablemente, a optar por “el menos peor”.

Lo grave es que los ciudadanos elegimos con base en promesas, mentiras, engaños, vídeos, canciones, regalos con sabor a soborno… Nos dejamos convencer por campañas publicitarias sofisticadas e intensas que ya demostraron ser capaces de encerrar a la población. De ocultar hechos como que la destrucción de Ucrania no es sino una guerra Este-Oeste, como la que asoló nuestra tierra durante treinta años.

Sabemos que hay asesores de campaña internacionales que se presentan como “fabricantes de presidentes”. Son muy buenos. Tienen un gran conocimiento de la psicología de masas. Trabajan con quien pueda pagar sus elevados honorarios. Crean credibilidad, confianza, venden la idea de que el candidato conoce, no solo los problemas sino también las soluciones. Consiguen, además, desarrollar afecto en los electores por los candidatos.

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José Fernando García Molina

Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista.Tiene una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de San Carlos, una licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Rafael Landívar –URL–, una maestría en economía en la Universidad Francisco Marroquín –UFM–-, estudios de especialización en ingeniería pentaconta en la ITTLS de España.

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