El mercado mundial se fragmenta

Sueños…

El mundo ha llegado a un callejón sin salida. La globalización y expansión del capitalismo que se inició con el descubrimiento de América, las revoluciones políticas de Inglaterra en el 1688 y Francia 1789, conjuntamente con la revolución industrial, la aplicación del liberalismo económico a la producción fueron los estandartes del inicio de la globalización. El proceso de integración y homogenización de la cultura universal, la economía y la destrucción del medio ambiente, todo con el fin de elevar al humano a su mayor bienestar.

Hoy cuatrocientos años después, la humanidad llegará a los 8 mil millones de habitantes. Ni el planeta, ni el sistema económico ni la mitología social de elevar la convivencia humana pueden sostenerse sin un cambio de mentalidad y de organización productiva en todo el planeta. Y, permitir que los humanos construyan un nuevo mundo en paz y solidaridad se antoja imposible.

Grandes acontecimientos provocan dudas sobre el futuro de la humanidad. Este siglo ha traído impresionantes choques que hacen tambalear la convivencia del humano consigo mismo y provocan el temor de que eliminemos todas las demás formas de vida en el planeta.

La crisis financiera internacional que paralizó al mundo en los años 2008-09, muestra que el capitalismo basado en la lógica irracional de maximización de las ganancias empresariales y regulación de los bancos centrales se está agotando. La pandemia del coronavirus, ponen en marcha las posibilidades que enormes muchedumbres humanas viviendo en una expansión sin regulación ni planificación exponen al humano a plagas resultado de la industrialización alimentaria y la extinción de especies que transfieren sus virus al destructivo ser humano.

La invasión rusa de Ucrania viene a plantear la hipótesis de que las potencias hegemónicas en el planeta ya no pretenden ser la imagen y semejanza de una sociedad ideal, sino que se preparan para fragmentar el planeta en zonas de influencia de las 8 potencias dominantes. El tercer mundo, como siempre, no es más que la fuente de recursos productivos para los sistemas económicos más avanzados.

La OTAN, Estados Unidos y sus aliados, se vieron sorprendidos por la entereza que mostró el nuevo imperio ruso para avanzar sobre sus objetivos militares en la sociedad vecina. La parálisis militar ha sido acompañada de sanciones económicas y políticas que han debilitado a todos los bandos en pugna, y más aún a los países del capitalismo periférico.

Aún en las naciones más alejadas del epicentro bélico notamos el impacto económico, con sus derivados de confrontación y sufrimiento social. Centroamérica ve suspendidas sus utopías del desarrollo. Las materias primas escasean y suben de precio, especialmente en una región que no produce ni materias primas esenciales ni productos industriales pesados. El mundo observa la incapacidad de convivir sin crisis económicas. Como surgiendo de una pesadilla entendemos que Rusia y Ucrania son de los principales productores y exportadores de petróleo, gas, metales y granos, el teatro de la guerra viene a limitar sus exportaciones y encarecerlas, haciendo aparecer el monstruo de la inflación en todo el planeta.

El comercio internacional, base del sistema capitalista internacional, se ve estancado. Las monedas nacionales y las criptomonedas electrónicas se ven desvalorizadas sin su fuente natural de producción y comercio internacional.

El sistema internacional parece orientado a fragmentarse. Estados Unidos se debilita como líder de un modelo de paz y estabilidad. El fin de la historia está cerca, pero no como triunfo de una ideología o un sistema económico, sino como fin del sueño humano de construir una sociedad en que los problemas se resuelvan por la negociación y no por la violencia. No está en nuestro ser alcanzar esa perfección.

Al contrario, llegamos a una bifurcación de caminos. Sí Dugin, el ideólogo ruso tiene razón, el mundo terminará separándose en bloques con diferentes ideologías, sistemas políticos, cambios tecnológicos, sin ninguna moneda común. Pero este será otro sueño fallido. Si no encontramos una solución pronto, el planeta nos cantará: “Ojalá se te acabe la mirada constante/ La palabra precisa, la sonrisa perfecta/ Ojalá pase algo que te borre de pronto/ Una luz cegadora, un disparo de nieve…”

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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