Elecciones 2023 y narcotráfico (un ficticio relato)

Algunos de los principales narcotraficantes de Guatemala, Colombia y México celebraron una sesión en una mansión de uno de los narcotraficantes guatemaltecos, situada en un florido y fragante campo de un municipio de un departamento occidental. La mansión era escoltada por campesinos productores de drogas, que estaban ocultos en ranchos, caminos, bosques y montañas, armados con fusiles de asalto y ametralladoras ligeras.

Un narcotraficante guatemalteco que parecía tener la confianza de los otros narcotraficantes guatemaltecos, fue el primero que habló, con estas palabras: “Señores: debemos aprovechar las elecciones generales que se celebrarán en Guatemala en el próximo año, el año 2023; pero debemos aprovecharlas mucho más que en elecciones anteriores.”

Y prosiguió de esta manera: “Este mayor aprovechamiento es posible por tres motivos, no únicos, pero muy importantes. El primero es que muy probablemente competirán más partidos políticos, o más comités electorales, o más candidatos, que en elecciones anteriores; y sería mayor la competencia por obtener los siempre escasos recursos.”

“El segundo es que un partido, o un comité o un candidato demandará más recursos financieros que los que demandaba un partido, o un comité o un candidato en elecciones anteriores, porque la competencia política será mayor, y por un incremento general del costo de los recursos requeridos para la campaña. Empero, aunque esa competencia no fuera mayor, persistirá el incremento del costo, que podría ser tres o cuatro veces mayor que el de campañas anteriores. Y también puede aumentar el costo de una candidatura a una diputación o a una alcaldía, porque ha aumentado el impune beneficio ilícito que puede obtenerse de ellas.”

“Y el tercero es que la Ley Electoral y de Partidos Políticos impone un límite máximo a la cantidad de dinero que, para campañas electorales, legalmente pueden aportar los agentes económicos privados, entre ellos los empresarios. Y en las próximas elecciones esa cantidad será todavía más escasa que en campañas anteriores.”

El narcotraficante interrumpió brevemente su discurso, observó la actitud aprobatoria de los más poderosos narcotraficantes, y dijo: “La ley, pues, crea la oportunidad de que nosotros suministremos el mayor financiamiento que demandará la próxima campaña electoral de partidos políticos, comités o candidatos. Les propongo que nos aliemos para suministrar ese financiamiento y obtengamos más poder legislativo, judicial y ejecutivo. Por supuesto, ganaremos más y reduciremos más el riesgo de obstrucción de nuestros negocios, y de persecución penal, y de severas condenas judiciales.”

Un narcotraficante colombiano, que era sujeto de notable reverencia, habló así: “Pido a todos aprobar la propuesta de alianza. Guatemala está en una posición geográfica importantísima para todos nosotros. Quiero decir que está cerca de los países que son grandes productores y exportadores de drogas, y cerca del país que es el más grande consumidor de drogas. ¡Es un bendito puente!” Todos aprobaron la propuesta.

Un narcotraficante mexicano solicitó explicar “un poco más el destino del financiamiento que ofreceremos.” Esta fue la respuesta del guatemalteco que había planteado la propuesta: “Ofreceremos más financiamiento para la campaña electoral de los candidatos presidenciales que puedan llegar a ser los más probablemente ganadores. Será una seductora oferta de financiamiento, que, aceptada, comprometerá de tal modo al futuro Presidente de la República, que el Ministro de Gobernación y el Director General de la Policía Nacional serán aquellos que nosotros propongamos, o aquellos que nosotros aprobemos.”

“La Ley Electoral y de Partidos Políticos obliga a elegir grupos indisolubles de diputados, y no diputados individuales. En un grupo propuesto por un partido, en el cual hay un buen candidato a diputado, los ciudadanos pueden elegir al grupo solo porque en él está ese buen candidato. Esto nos brinda la oportunidad de incluir un candidato nuestro en un grupo tal, a cambio de financiar la campaña electoral de los otros diputados que sean miembros del grupo. Sin embargo, estaremos dispuestos a financiar la campaña electoral de cualquier grupo de candidatos a diputaciones, de cualquier partido, con el fin de lograr una poderosa fuerza legislativa, que se oponga a aprobar leyes que nos perjudiquen, y que sea propicia para designar magistrados que estén dispuestos a beneficiarnos.”

“Y aquella misma ley complica la fundación y mantenimiento de un partido político; e incrementa el costo de fundarlos y de mantenerlos. Menciono el caso de las innecesarias o inútiles asambleas municipales, departamentales y nacionales que ordena la ley. Son costosísimas; pero nos conviene que así sea. Ofreceremos financiarlas, y tendremos dominio sobre los miembros dirigentes de partidos; y podremos influir en la selección de candidatos.”

Un narcotraficante guatemalteco, que no era aquel que había planteado la propuesta, intentó agregar valor a la propuesta de alianza, y dijo: “La ley limita los recursos financieros que legalmente pueden ser aportados para la campaña electoral de candidatos a alcaldías, que también demandarán más recursos financieros. Por supuesto, estaremos dispuestos a satisfacer esa mayor demanda; y así podremos obtener la cooperación de alcaldes para expandir y proteger nuestras operaciones.”

Un narcotraficante colombiano, que no era el mismo que el anterior, inquirió sobre la factibilidad de que realmente la alianza ya convenida pudiera brindar suficiente financiamiento a partidos y a comités, y a candidatos. Inquirió sobre tal factibilidad porque estaba enterado de la abusiva vigilancia que el tribunal electoral puede ejercer sobre las operaciones financieras de partidos, comités y candidatos.

El narcotraficante guatemalteco que había planteado la propuesta respondió de esta manera: “El excesivo poder que la Ley Electoral y de Partidos Políticos otorga a los magistrados de ese tribunal, los vuelve corruptibles, aunque incrementa el costo de corromperlos. Estamos dispuestos a pagar ese costo.” Y agregó: “El problema no son esos magistrados. El problema es que no todos los partidos, los comités y los candidatos son corruptibles. Los hay incorruptibles. Nuestra alianza se ocupará, entonces, de los corruptibles, que pueden ser ganadores.”

Finalizaba la tarde, o comenzaba la noche. El narcotraficante colombiano que había pedido aprobar la propuesta exclamó: “Lealtad y vida, o traición y muerte”. Fue ovacionado. El propietario de la mansión invitó a brindar.

Post scriptum. Brillaban copas. Se escanciaba vino. Se estrechaban manos. Resonaban carcajadas. Se preparaba un fantástico banquete. Y se conversaba sobre nuevos negocios por medio del territorio de Guatemala, a partir del año 2024.

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