Son millones, pero casi invisibles

Tanmi Tnam

Según el Censo Nacional de Población del año 2018, hay un total de 6,518,846 o sea el 43% de habitantes del país que se auto identifica ser parte de los pueblos Maya, Xinka, Garífuna y afrodescendiente.

Es de felicitar al pueblo Xinka que, con base a un trabajo interno realizado por ellos mismos, se tiene que para el Censo del 2002 solamente había 16,214 habitantes, mientras que, en el Censo 2018, esta población subió a 264,167 habitantes. Este es un buen referente para los pueblos maya, garífuna y afrodescendiente para que en los próximos censos se logre captar más la autoidentificación de población que pertenece a dichos pueblos. En el caso de la población ladina, según el Censo del 2018, se tenía un total de 8,346,120 habitantes o sea el 56% del total de la población guatemalteca.

La importancia de los datos de población que manejan los censos oficiales es que deberían servir de base para la planificación, ejecución, evaluación y asignación de presupuesto para los servicios públicos de salud, educación y justicia. La administración y ejecución diferenciada de los servicios públicos debería evitar derroche de recursos, hacer pertinente cultural y lingüísticamente los servicios públicos, fortalecer la identidad de los pueblos y lograr la unidad del país en la diversidad étnica. En el campo de la política, los resultados del censo de población deben orientar las decisiones en cuanto a representantes de los pueblos originarios en el Congreso de la República que propicie legislación con espíritu democrático para la paz y el bienestar común. Estamos a casi 500 años de la invasión, alrededor de 200 años de la fundación del Estado de Guatemala y no hay representantes que presenten iniciativas de ley para el reconocimiento pleno de los derechos colectivos de los pueblos indígenas. En el caso de la justicia, la cantidad de personas que se autoidentifican como parte de pueblos originarios, les corresponde el derecho de buscar la administración de la justicia desde la forma ancestral con que lo vienen haciendo desde tiempos lejanos a la fecha.

El reconocimiento y vigencia de los derechos colectivos como la cultura, la identidad, la salud, la educación propia, el modelo de desarrollo, uso del idioma materno y el uso de los conocimientos propios, solamente es posible con una sólida identidad que lleve a los pueblos originarios a demandar los servicios públicos desde la cultura materna y las relaciones sociales, políticas y económicas a través de un proyecto político incluyente. Son millones y hay que visibilizarlos en la organización del Estado de Guatemala.

Por parte del INE, en próximas oportunidades, será de mejorar y puntualizar los criterios y procedimientos para captar mejor la población indígena del país.  Cada pueblo originario de Guatemala, a través de sus organizaciones, debe realizar trabajo de base, haciendo uso de las actividades y procedimientos con que cuentan a nivel local para fortalecer la autoidentificación, cuestionar la organización actual del Estado, el racismo de las instituciones públicas y los efectos de la administración de la justicia ladina. Es impostergable el trabajo con la juventud, las mujeres y los portadores del conocimiento para dialogar responsablemente.

Es necesario reconocer y dar el lugar que corresponde a los pueblos, estudiar críticamente la historia propia y la de otros pueblos, analizar las ventajas y desventajas de tener Estado monocultural y colonial. La construcción de la democracia, la justicia y la paz solamente es posible con la participación de los pueblos de Guatemala.

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