Candidatos presidenciales: Hechos y probabilidad

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Durante los dos últimos procesos electorales, uno de los candidatos presidenciales más importantes ha sido Sandra Torres, propuesta por el partido Unidad Nacional de la Esperanza. En el proceso electoral del año 2015 ocupó la segunda posición, y compitió en una nueva elección. No ganó la elección. En el proceso electoral del año 2019 ocupó la primera posición. No obtuvo más de 50% de los votos, y compitió en una nueva elección. Tampoco ganó la elección. En esas dos nuevas elecciones, sin embargo, se incrementó el número de ciudadanos que votaron por ella.

Es probable que Sandra Torres sea candidato presidencial por tercera vez, aunque su candidatura puede ser propuesta por un nuevo partido. Podría ocupar la primera posición, aunque no con más de 50% de los votos, y en una nueva elección podría perder la elección, como ha sucedido en los dos nuevos procesos electorales anteriores en los que ha competido. Aparentemente en estos dos nuevos procesos la mayoría de electores propendió a votar por el contendiente de Sandra Torres para evitar que ella fuera candidato ganador. Si persistiera esa propensión, Sandra Torres jamás será candidato triunfador. Empero, ningún candidato está sometido a un inevitable destino electoral; y los electores pueden ser asombrosamente impredecibles.

Opino que, en importancia, la candidatura de Sandra Torres sería seguida por la candidatura de Zury Ríos. En el último proceso electoral, la Corte de Constitucionalidad le impidió ser candidato presidencial, por ser hija del militar José Efraín Ríos Montt, quien gobernó “de hecho”, y no “de derecho”.

En el próximo proceso electoral no hay certeza de su candidatura presidencial, precisamente porque puede impedirla un nuevo veredicto adverso de aquella corte. Sin embargo, por veredicto de esa misma corte, Ríos Montt pudo ser candidato presidencial en el proceso electoral del año 2003, en el que ocupó la tercera posición, con 19% de los votos. En el próximo proceso electoral la corte podría considerar ese hecho, y permitir la candidatura de Zury Ríos porque, si el padre pudo ser candidato presidencial, ¿no podría serlo también la hija?

Si fuera permitida su candidatura en el próximo proceso electoral, probablemente ella y Sandra Torres ocuparían las primeras posiciones y, en el supuesto de que ninguna obtuviera más de 50% de los votos, competirían en una nueva elección. Sería más probable que improbable que Zury Ríos ganara la elección, no solo porque el motivo de la mayoría de electores sería evitar el triunfo de Sandra Torres sino porque ella, Zury Ríos, es políticamente más atrayente.

Opino también que, en importancia, la candidatura de Zury Ríos sería seguida por la candidatura de Edmund Mulet y de Thelma Cabrera. Ambos candidatos ocuparon la tercera posición en el proceso electoral anterior. Prescindo de la despreciable ventaja que obtuvo Edmund Mulet: casi 1% de los votos. Quizá fue más sorpresiva la tercera posición de Thelma Cabrera que la tercera de Edmund Mulet.

Probablemente Thelma Cabrera no pueda exceder la proporción de votos que obtuvo: 10%, porque tales votos fueron aportados principalmente por electores que, por motivos ideológicos o étnicos, son fieles al Comité de Desarrollo Campesino, fundador del partido que propuso la candidatura de ella: el Movimiento para la Liberación de los Pueblos; y es improbable que el número de tales fieles electores se incremente hasta conferirle el triunfo en la contienda presidencial. La importancia de la candidatura de Edmund Mulet podría incrementarse si no fuera permitida la candidatura de Zury Ríos.

Sandra Torres, Edmund Mulet y Thelma Cabrera pueden sensatamente volver a ser candidatos presidenciales porque, en el proceso electoral anterior, obtuvieron una decorosa proporción de votos. Zury Ríos solo intentó ser candidato; pero hay indicios de que podría obtener una decorosa proporción de votos si su candidatura fuera permitida.

Algunos de quienes fueron candidatos presidenciales en el proceso electoral anterior podrían desistir de volver a serlo, porque obtuvieron una escasa proporción de votos, y es improbable que en la próxima elección la incrementen. Podrían desistir, por ejemplo, quienes, en el proceso electoral anterior, obtuvieron una proporción de votos menor de 4%. Menciono el caso de Pablo Ceto, del partido Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, fundado por ex guerrilleros, que obtuvo 2%.

Post scriptum. Algunos electores pueden tener la esperanza en que súbitamente surja un candidato presidencial que invite a votar irresistiblemente por él porque, por ejemplo, es intelectualmente superior, moralmente confiable y políticamente apto, y pretende gobernar porque (séame permitido parodiar algunas palabras de Platón), no quiere tener la vergüenza de ser gobernado por los imbéciles, los inmorales y los ineptos. Creo que es psicológicamente benéfico tener esa esperanza; pero también lo es pensar que los mejores para gobernar pueden ser pésimos para competir en procesos electorales propicios para que la demagogia de los viciosos triunfe sobre la honestidad de los virtuosos.

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