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El Fantasma de la Ópera

Editado para la Historia

Creo que nadie osará negar que el palacio más hermoso dedicado a la ópera es el de la Ópera de París, también conocido como Palacio Garnier. Su arquitecto y maestro de obra fue Charles Garnier. La ciudad de París, diseñada como la conocemos hoy en día por el Barón Haussmann, es amante de la escenografía y de las hermosas perspectivas, por lo que su entrada principal, que corresponde al lado sur del edificio, se puede ver como colofón de una magnífica avenida abierta para su gloria, la Avenida de la Ópera.

Pero no quiero hoy hablar de este maravilloso edificio, que responde perfectamente a un estilo que el propio Garnier llamó Segundo Imperio, sino de un personaje relacionado con el teatro y por el que se dice que este famoso palacio de la ópera está embrujado.

La propia idea de crear este nuevo edificio como recinto dedicado al “bel canto” comienza con una tragedia. Los emperadores Napoleón III y María Eugenia de Montijo se dirigían al Teatro de la Ópera Le Péletier, situado en la calle del mismo nombre, en el 9no. distrito de París. Un anarquista italiano, Orsini junto a dos cómplices, organizó un atentado del que los emperadores resultaron indemnes. Tres bombas consecutivas. Hubo una decena de muertos y más de 200 heridos. Fue entonces que Napoleón III solicitó que se hiciera una nueva Ópera a la que él pudiera entrar con su carruaje directamente sin tener que exponerse al público. Este fue el edificio número 13 dedicado a la ópera que se construía en París y sabemos que, para muchos, el número 13 es un número de mala suerte.

Todo comienza con un espectáculo en el ya construido Palacio Garnier. La representación se desarrolla sin incidentes, hasta que desde el techo cae uno de los contrapesos de la inmensa araña que adorna y alumbra la sala. El ruido fue infernal. Los presentes creyeron que se trataba de un atentado, uno más. Hubo pocos heridos y hubo que lamentar la muerte de una señora, de profesión conserje de edificio, que había tenido que ahorrar dinero para asistir a esa presentación de ópera en la que encontró la muerte.

A partir de ese momento, comenzaron a correr rumores de hechos trágicos. Se hablaba de un empleado que se colgó en algún lugar de los sótanos, pero que nunca apareció la soga que lo ayudó a pasar al más allá. Se hablaba de una bailarina que se cayó desde uno de los balcones del maravilloso hall de entrada y cayó rompiéndose el cuello en el escalón número 13. Lo cierto es que, a partir del hecho de la pobre conserje que falleció debido a la caída del contrapeso, el escritor Gaston Leroux escribió una novela que publicó, como se hacía en la época, en episodios, en el periódico Le Galois ya hoy desaparecido. La novela se llamaba El Fantasma de la Ópera. Esto fue el detonante. Para comenzar, la novela se editó en diferentes idiomas, en diferentes países. Su primera presentación como película fue en 1925, cuando el cine todavía era mudo y, claro está, también en blanco y negro.

Esta novela ha contribuido enormemente a la fama que tiene el Palacio Garnier de ser un edificio embrujado. Gaston Leroux conocía hechos más o menos reales que allí se habían producido y lugares que conocía solo una persona bien al tanto de la construcción del edificio. En la novela se habla de un lago que existe debajo de la ópera y eso es cierto. A ocho niveles por debajo del nivel de la calle existe una gran reserva de agua. Esta reserva es de origen natural. En un principio, Garnier la quería vaciar pero después se dio cuenta de que, por mucho que intentara sacar el agua, el nivel no bajaba. A todas luces estaba conectada a otro sistema de aguas subterráneas, por lo que decidió dejarla como reserva de agua en caso en que el teatro se incendiara. Estos incendios en los teatros eran algo recurrente en aquellas épocas. No olvidemos que la iluminación era por velas o, en el mejor de los casos, por gas pero siempre gracias al fuego. Las escenografías y los ampulosos trajes de las cantantes y las damas espectadoras eran alimento fácil para las llamas.

A comienzos del siglo XX también se descubrió un cadáver. De inmediato corrieron los rumores de que era el cadáver del fantasma. La policía llegó a la conclusión de que eran los restos de uno de los amotinados de la Comuna de París de 1871.

En la novela de Leroux se habla de un músico que había perdido a su amada, una bailarina, en el incendio de la Ópera de la calle Le Peletier. Este incendio fue real y con él se cerró definitivamente este teatro en 1873, pero en realidad, durante este incendio no falleció nadie. Leroux dice que el músico, de nombre Erick, no solo había perdido a su amada, sino que él mismo quedó horriblemente desfigurado, razón por la que decidió refugiarse en los sótanos del Palacio Garnier en construcción, para escapar de las miradas burlonas. Allí instaló un órgano para cantarle a su amada. Más tarde a este teatro vino a presentarse una cantante sueca que llamó primero las simpatías de Erick por su hermosa voz y luego su amor. A pesar de que Erick consideraba que Cristina, nombre de la heroína sueca de la novela, era una brillante soprano, la dirección de la Ópera había decidido que fuera otra cantante, Carlotta, la que interpretara el papel de Margarita en la ópera Fausto de Charles Gounod. Para impedir la presentación de la rival de su amada, Erick rompió las cuerdas de la araña que cayó no sobre una pobre conserje, sino sobre la madre de la soprano… sentada en la hilera 13 del teatro.

A partir de ese momento, la dirección del teatro entendió que las demandas del fantasma debían cumplirse. Las exigencias de Erick eran una renta mensual de 20,000 francos franceses, una fortuna para aquella época, y que se mantuviera a su disposición permanentemente y sin que se le reservara a nadie el palco número 5. Incluso hoy, encima de la puerta de acceso a este palco 5, hay una placa que dice que es el palco del Fantasma de la Ópera.

La novela de Gaston Leroux sirvió de inspiración para muchas películas, ballets e incluso la famosa revista musical de Broadway, que es la que en nuestros tiempos le ha dado mayor difusión en todo el mundo a la obra de Leroux y ello desde 1986, año de su primera presentación.

No podemos negar que, al menos en la mente de muchos, en el Palacio Garnier y en todo lo que a él está relacionado existen elementos que hacen pensar en hechos sobrenaturales. Cuando el grupo que presentaba la revista musical en Nueva York decidió llevarla a París (sólo en 2016) todo se preparó para que se realizara en el teatro Mogador, que lleva el nombre de la calle Mogador donde se encuentra, también en el 9no. distrito de París, a sólo unas pocas cuadras del teatro por el que comenzó toda esta historia, el Teatro de Ópera Le Peletier. Pocos días antes de la presentación parisina se produjo un inmenso incendio. La realidad es que nunca se conocieron sus orígenes. El incendio fue de tal envergadura que destruyó toda la escenografía y el vestuario. Huelga decir que no hubo presentación.

Con todos estos elementos, le corresponde al amable lector tener su propia opinión de si el Palacio Garnier de Ópera y Ballet de París está embrujado o no.

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