Un país sin rumbo

Sueños

Costa Rica, el Estado de mayor desarrollo de la región, da un nuevo paso al frente. Está construyendo espacios de acción ciudadana alrededor de liderazgos regionales de consenso, en el marco de una pandemia de salud implacable, de una crisis económica internacional paralizante y  en el marco de la ruptura de los consensos democráticos en todo el mundo. Eduardo Lizano, uno de los mejores estrategas de economía de América ha puesto sobre la mesa el tema esencial de la construcción eterna de una sociedad progresista, la discusión del rumbo que tiene que tomar el país para reconstruir su modelo de desarrollo y preservar la unidad de la nación alrededor de un consenso visionario del futuro (Eduardo Lizano 2022. Después de la pandemia: una visión de largo plazo. San José, Academia de Centroamérica).

Cuanta falta hace que en todos los países de la región se construyan estos espacios de consenso democrático y madurez de aceptar que los demás tengan sus propias ideas, aunque sean contrarias a las mías. El atraso generalizado de los países del istmo, con una sola y especial excepción, orienta a que en algún momento se puedan reconstruir los proyectos de desarrollo y le den viabilidad a los Estados fallidos de esta imaginaria región. El mundo se dirige hacia un cambio de rumbo brutal y extenso. Con desastres naturales, guerras, invasiones y confrontaciones sociales inimaginables. En esa dirección los Estados que se preparen mejor para tener unidad en la diversidad, serán los que sobrevivan y puedan ofrecer alternativas de desarrollo a su población y sostenibilidad a su maltrecho entorno natural.

En este mundo existen, tal vez, 200 países, y probablemente 300 a 400 naciones. Sin embargo, solamente unos 26 o 32 Estados han alcanzado el llamado desarrollo. Desarrollo significa avanzar en cuatro grandes áreas de la vida humana. Construir una economía eficiente y competitiva; generar un sistema social protector de los derechos humanos, con acceso a educación y salud de calidad, y esperar una vida tranquila; proteger a ultranza la vida de las otras especies que conviven con el humano, así como la limpieza y salud de ríos, mares y bosques; y, por supuesto disfrutar de un sistema democrático pluralista, inclusivo, que acepte la paradoja disenso – consenso que es fuente de unión nacional.

Como nos gustaría tener el orgullo nacional legítimo, como el de Mary Shelley allá por 1826, cuando nos decía con auténtico orgullo: “Soy la hija de un confín rodeado por el mar, de una tierra ensombrecida por las nubes que, si en mi mente represento la superficie del planeta, con sus vastos océanos y sus continentes vírgenes, aparece sólo como una mota desdeñable en la inmensidad del todo, y que sin embargo, cuando la deposito en las balanzas de la mente, supera con creces el peso de países de mayor extensión y población más numerosa, pues cierto es que la mente humana ha sido la creadora de todo lo bueno y lo grande para el hombre, y que la naturaleza ha actuado sólo como un primer ministro.”

En el momento actual Centroamérica se debate, como siempre, en una lucha profunda y sustancial en la búsqueda de nuevos rumbos. En Honduras, la novedad de una mujer presidenta, Xiomara Castro, con una visión de reforma social que permita construir un país con mayores oportunidades para las mayorías. En El Salvador, un Nayib Bukele, que busca construir una nueva nación, que combata la pobreza, la corrupción y la mala gestión institucional. En Costa Rica, con un presidente que en el momento actual devuelve la esperanza de eliminar la corrupción e ineficiencia, con el fin de recuperar la visión de progreso colectivo de una nación ejemplar. Mientras que Guatemala se debate en el caos, en que la antigua Universidad de San Carlos, que perdió la autonomía hace mucho al montarse en el carro de distribución de cargos institucionales del Estado ineficiente y corrupto, compartiendo esos vicios. Nicaragua, se les cayó la máscara a los grupos “izquierdistas”, que al llegar al poder solamente pueden reproducir los peores comportamientos del capitalismo semi-feudal. Y, Panamá que se debate en confrontaciones permanentes sin alcanzar una visión de conjunto.

Eduardo Lizano, inicia su propuesta de reencontrar el rumbo para conducir a la sociedad hacia el mantenimiento de la estabilidad social y política, indicando que es indispensable mantener el consenso de una sociedad basada en un contrato social de convivencia pacífica y democrática. Lo hace en un momento en que la pandemia y el shock del paro económico derivado, ha puesto en transparencia la enorme desigualdad social generada por los exitosos programas de ajuste estructural (modelo de apertura comercial), iniciados desde 1982 y mantenidos en vigencia hasta hoy.

Como todo buen estratega, Lizano, menciona el objetivo esencial de su propuesta a la sociedad. El objetivo propuesto para la nación costarricense es continuar “la construcción de la democracia liberal”, como “expresión concreta del contrato social”. Democracia liberal es un concepto esencial en la promoción de la visión del desarrollo más progresista del capitalismo, o su versión menos negativa. Consiste en el reconocimiento de una democracia electoral pluralista, el libre mercado, el respeto a los derechos humanos y la búsqueda de protección de la naturaleza.

Lizano, como visión lúcida de la idiosincrasia costarricense indica que la construcción de la democracia abarca “avanzar simultáneamente en los tres ámbitos básicos de la democracia liberal, a saber: el político (democracia representativa), el social (bienestar colectivo) y el económico (progreso material).”

Cuándo el resto de la región podrá tener la madurez para plantearse la tarea de fijar un rumbo claro: construir la democracia. Es el reto permanente que tienen el resto de países. En ese sentido podemos mencionar que de esos tres ámbitos en Costa Rica el político y el económico gozan de buena salud. Pero, en lo social el país viene retrocediendo, y plantear su discusión siento las premisas para tratar de encontrar la solución. La calidad de la educación ha decaído, la pobreza se ha generalizado, el trabajo informal abarca el 44% de la población, la concentración de la riqueza se concentra dejando al 60% de la población con ingresos mínimos y sin poder terminar la educación media.

La discusión está planteada para Costa Rica, seguramente el resto de sectores intelectuales y políticos harán aportes de consenso y no banales confrontaciones.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.