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Palabras con espíritu triste

Tanmi Tnam

Durante una breve visita a una comunidad del altiplano occidental del país, donde en estos días reverdece la faz de la región con las plantaciones de milpa, juntamente con ayotes, frijoles y frutas del lugar. Es la época del invierno, abundan hierbas para preparar alguna sopa sabrosa. Las familias están agradecidas porque no se han sido olvidadas por la Madre Tierra que responde con fecundidad y ternura cuando hay lluvia. Gracias Natura.

Las palabras tristes aparecen cuando se escucha a padres y madres de familia, abuelitas y líderes de la localidad que sin temor reconocen las condiciones de pobreza en que viven.  Todo es escaso. Por falta de dinero, las hijas y los hijos sin oportunidades de asistir a la escuela, no pueden seguir alguna carrera donde deberían aprender para aspirar a un trabajo calificado. Si las familias no tienen dinero, tampoco hay para la salud y la recreación de la niñez y de la juventud. Estas condiciones de pobreza, según cuentan los comunitarios, han provocado que la juventud busque alguna alternativa para enfrentar la escasez, la posible solución es la emigración para las ciudades del interior del país o para los Estados Unidos. Remarcan que muchas personas ya trabajan en el país del norte y otras van en camino.

Hay abandono de integrantes de familias, hombres y mujeres que se quedan, especialmente mujeres cuyo responsable del hogar lleva muchos años viviendo fuera del país. Lo pactado para 5 años, se ha convertido en 10, 15 o más años. Algunos ya nunca regresarán a su tierra natal. Existen casos, en que reconocen que hay comida, hay bienes y hay bonita casa como resultado del dinero que se recibe, pero el vacío que ha generado la ausencia prolongada del esposo o del hijo, hay tristeza en el corazón, la soledad ha causado depresión y las esperanzas se agotan según pasa el tiempo. El dinero no sustituye la felicidad y la alegría personal y familiar.

Cuando se insiste en la importancia de la educación, prefieren una educación con posibilidades de formar a la juventud para algún trabajo. Esta decisión no se logra porque hay que viajar a la cabecera municipal o a la cabecera departamental, donde funcionan centros educativos privados y no hay dinero para gastos de alimentación, hospedaje, transporte y pagos mensuales de colegiatura.

Escuchar a otros, reconocen que las condiciones de pobreza, provoca emigración. Expresan con nostalgia que han emigrado personas tituladas como maestras, maestros, bachilleres, peritos contadores e incluso tituladas por la Universidad. Cada vez es notorio el efecto de la emigración, por ejemplo, en los institutos del nivel medio, en algunas comunidades tiende a disminuir la cantidad de estudiantes y entonces exclaman: “cómo vamos a detener a nuestros hijos en estas condiciones de pobreza”. Otro punto de comparación que aparece es la capacidad económica de trabajadores locales comparada con el de compatriotas con poca escolaridad que laboran en el norte con más bienes en poco tiempo. Cuando se habla de la muerte de algunos compatriotas en el camino rumbo al norte, aparece la resignación porque se argumenta que hay muerte aquí, hay muerte en el camino y hay muerte en todas partes.

Ante esta cruda realidad, es necesaria la lucha conjunta de los pueblos en buscar las soluciones viables para lograr el bienestar común. Hay compromiso con nuestro país para erradicar los hechos que generan pobreza porque necesitamos que la juventud de ahora y de las generaciones futuras vivan con plenitud en su tierra natal.

No a la restricción de la libertad de expresión y entre todos construyamos democracia.

Lo invitamos a que lea más del autor en: https://elsiglo.com.gt/2022/07/26/la-educacion-y-los-problemas-de-los-pueblos/

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